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Aprendiendo del aire. Por Antonio Arroyo Silva

“Entre eu e mim
Um abismo imenso”
Tanussi Cardoso

Un día no muy lejano mi estimado amigo Leo Lobos me envió por Internet un enlace de las muchas revistas digitales que coordina y en las que colabora activa­mente. Era la traducción de algunos poemas de un autor para mí desconocido: Tanussi Cardoso. El primer poema leído, Fiat Lux, ya me dijo todo. La traducción me pareció tan lograda que, tolendo tolens, acudí a la Web del mencionado poeta. Allí estaba el mismo poema en ese portugués tan especial. Con mis pocos conocimientos de dicha lengua, y apelando a mi sensibilidad, hice un pequeño esfuerzo: no me fue difícil su lectura y comprensión. No necesitaba trasladar mental­mente, el aura de esa lux de la que debía fiarme transcendía las tra­bas idiomáti­cas y penetraba directa­mente por mis poros asentándose en mi respira­ción con total naturalidad. Era como rezar, pero con una letanía tan dulce y tan parecida a los luga­res comunes de mi vida…

Inmediata­mente expresé a Leo Lobos mi deseo de conocer a ese gurú de la palabra poética, a ese mago de la sencillez vital y al mismo tiempo tan trascendental.

Por otra parte, a raíz de un comenta­rio hecho por mí en un blog de Leo, Tanussi le pidió a éste mis señas. Todas las estrellas esta­ban alinea­das para el encuentro. Mi contacto a través de email y correo pos­tal ha sido continuo desde entonces. Tanto que nuestro poeta hizo que llega­ran a mis manos no sólo gran parte de sus libros sino también esta joya literaria que me ocupa en estos instantes (yo diría, y no me equivoco, un hito), una anto­logía bilingüe con los poemas más representativos de mi ahora gran amigo y maestro brasileño Tanussi Cardoso: Del aprendizaje del aire — Do aprendizado do ar. Sus autores y factores, Leo Lobos, gran poeta chileno, y Angélica Santa Olaya, también grande mexicana.

Entre las lenguas, real­mente no existen fronte­ras de entendimiento, al menos no debe­rían existir entre el portugués y el castellano. Las fronte­ras son artificios que los hombres trazan para separar lo que ya está unido a priori por la sensibilidad humana.

Un erudito, por mucho que conozca la otra lengua, no puede ser un gran traductor por la simple razón que su profundo conocimiento choca­ría con la naturalidad y vitalidad que posee la lengua que pretende diseccionar como un gran cirujano. El motivo de ello es que el erudito ve una selva inextricable y va soltando, diga­mos, miguitas de pan por el sendero para no perderse como hacía Hansel y Gretel en el célebre cuento. Pero, al final, siempre llegan los pája­ros de la sensibilidad poética a comerse las migas. Y nuestro erudito se queda asfixiado lo mismo que sus palabras muertas e incipientes.

En lo que se refiere a la traducción, las lenguas no pueden ser aborda­das como entes abstractos, y menos cuando habla­mos de manifesta­ciones poéti­cas tan vivas como las personas que las crean. No se trata –como muy bien dice Leo Lobos — de traducir palabra por palabra (“ir de migaja en migaja”), se trata de capturar el sentido del poema, la respira­ción del poeta en el poema; incluso el roce de la lengua por los labios cuando el poeta estaba concibiendo su criatura.

Esas cosas sólo pueden hacerlas los poetas, los verdade­ros poetas como Leo Lobos y Angélica Santa Olaya. Ellos que no llora­ron por la luz del sol y vieron las estrellas de Tanussi rielando tan cerca. Vivieron, goza­ron y participa­ron de las revela­ciones de nuestro gran maestro carioca, como ahora yo. Esas cosas no caben en las enciclopedias de uso común. Es cierto, Tanussi, somos unos bichos más raros.

¿Saben por qué, oh próceres de la literatura, académi­cos variopintos, Edecanes de la Fórmula Mágica, saben por qué la poesía de Tanussi Cardoso es inmensa? Leo un poema suyo, entro en una habita­ción que parece escueta (un sencillo jergón al fondo). Alguien me brinda una silla, me siento. La habita­ción de repente me parece un universo. Ahí esta­mos todos los seres humanos (estos bichos raros). “No temas –me dice Tanussi con su sonrisa franca‐, vamos a rezar por la vida. Vamos a fundar nuestras palabras en los gestos sencillos que son los que importan, que son la verdadera poesía. No temas perderte en mis bosques, son los tuyos. Camina por ellos, créate tú día a día.” Así que te conozco porque me reconozco. Te he visto antes, en mi soledad. Qué grande es la soledad, cómo nos hace compartir y comulgar de esa desa­zón dulce que es la crea­ción poética.

Leonardo Lobos y Angélica Santa Olaya también conocen esta historia elíptica y envolvente. Ellos también estuvieron en esa habita­ción de Tanussi, no la de Rua Freitas, sino en la de su poesía.

Sardina de Gáldar, Islas Canarias, España, 8 de agosto de 2009.

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