Clemens Franken y Magda Sepúlveda: “Tinta de sangre”. Por Ramón Díaz Eterovic
La revalorización del género también responde a la respuesta que algunos autores dan a la situación de violencia, visible o subterránea, que ha existido y existe en nuestro país y para cuyo reflejo la forma de la novela policial entrega elementos tan apropiados como un eje narrativo centrado en la criminalidad, las atmósferas opresivas de las grande urbes y la figura del investigador –detective, policía, abogado o simple aficionado– como un justiciero capaz de defender valores éticos avasallados y de hacerse cargo de ciertas preguntas que no todos están dispuestos a responder. “Tinta de sangre. Narrativa policial chilena en el siglo XX” de Magda Sepúlveda y Clemens Franken, es un ensayo publicado por la Universidad Católica Silva Henríquez y recientemente presentado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Santiago 2009. Lo primero que se puede apuntar es que se trata de un trabajo que aporta una serie de pistas importantes para dilucidar el misterio de la presencia de la narrativa policial en nuestra literatura, expresada en la obra de autores que postulan el desarrollo de una literatura de género, y de otros que asumen sus códigos como una estrategia narrativa que en la mayoría de los casos suele ser efectiva. “Tinta de sangre” es un libro que abre caminos para la investigación y análisis de un género que hasta hace unas pocas décadas atrás carecía de la atención académica que se merecía. Al respecto, y como los mismos autores lo señalan, abordar el género policial como materia de la crítica literaria implica “un cuestionamiento a las viejas jerarquías, ya que la mirada canónica lo situaba distante de la calidad estética”. En Chile, y como lo analizan los autores de “Tinta de Sangre”, la narrativa policial tiene su origen en la novela “La muerte misteriosa de José Marini”, de Januario Espinoza, publicada en el año 1912, y en los cuentos de Alberto Edwards que con el seudónimo de Miguel de Fuenzalida dio vida al detective Roman Calvo, el Sherlock Holmes chileno. De Román Calvo a nuestros días han pasado muchos crímenes de ficción bajo el puente, y lo que proponen Franken y Sepúlveda es realizar una suerte de viaje, de recorrido detallado por la narrativa policial chilena, desde sus albores y hasta sus manifestaciones más persistentes al finalizar el siglo XX. Un recorrido que como indican los autores es “por las principales novelas policiales” escritas en el periodo indicado, ordenadas “según el tipo de detective que guía la ficción”. A partir de esta premisa, por las páginas de “Tinta de sangre” transcurren las peripecias de los primeros detectives chilenos, ordenadas a partir de siete relaciones establecidas por los autores: El detective contra los inmigrantes, el detective aristocrático, el detective a favor de la modernización, el detective cómplice de las mujeres, el detective contra las grandes instituciones, el detective en la globalización, y el detective frente a la imposibilidad de la verdad. Este ordenamiento permite a Franken y Sepúlveda analizar detalladamente una buena cantidad de las novelas policiales escritas en Chile. Por sus alcances, por la cantidad y calidad de la información que aporta, “Tinta de sangre” está llamado a constituirse en una referencia obligada para la difusión de la narrativa policial y su estudio. Sin duda que otros profesores y estudiantes de literatura encontrarán en sus páginas numerosas pistas para el desarrollo de nuevas investigaciones; y también será una guía imprescindible para el lector que quiera hacer una lectura sistemática y exhaustiva del género policial en Chile. Y por último, es un ensayo que, al abordar una vertiente significativa en la actual narrativa chilena, permite entender las sensibilidades subterráneas que atraviesan la historia de nuestro país. “Tinta de sangre” plantea interrogantes, arroja luces sobre algunos misterios y despierta una apremiante curiosidad sobre la obra de la mayoría de los autores que han escrito la historia de la narrativa policial en nuestro país. |

Desde hace unas tres décadas a esta parte, la presencia del género policial o de la novela negra es una realidad incuestionable en la narrativa chilena, reflejada en las obras de los autores que la desarrollan y del interés que éstas despiertan entre académicos, investigadores y lectores. Este fenómeno responde en buena medida a la revalorización del género como una forma literaria que tratada con creatividad alcanza rangos de alta elaboración literaria, superando los lastres del género y expresándose a través de textos que examinan el pulso de la sociedad y generan una efectiva complicidad con los lectores.










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Sergio Rodríguez Saavedra