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	<title>Santiago Inédito</title>
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		<title>Que renazca la muerta poes&#237;a. Por Ra&#250;l Zurita</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 12:56:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica Literaria]]></category>
		<category><![CDATA[La Ilíada]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Zurita]]></category>

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Es el final de la Il&#237;ada, y el comienzo de lo que denominamos historia. Si ese final es conmocionante lo es, sobre todo, porque nos dice que la historia a la cual de una ...]]></description>
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<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1238" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/playas-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" />Es el final de la <em>Il&iacute;ada</em>, y el comienzo de lo que denominamos historia. Si ese final es conmocionante lo es, sobre todo, porque nos dice que la historia a la cual de una u otra forma nosotros tambi&eacute;n pertenecemos se inicia con un funeral. Lo otro que nos muestran esas exequias es que somos tan descendientes de Homero como los griegos o los latinos, y que la consecuencia de ello es tambi&eacute;n una imagen absoluta, quiz&aacute;s la m&aacute;s absolutamente concreta del presente: el ser humano, tal como hoy lo entendemos, es un fantasma: es el fantasma que se levant&oacute; desde las cenizas del troyano H&eacute;ctor.<span id="more-1237"></span></p>
<p>Es el tema pendiente que nos dejan 2800 a&ntilde;os de escritura y su actual colapso. Lo que nos muestra Homero (pero tambi&eacute;n los otros grandes poemas arcaicos: la poes&iacute;a testamentaria, el <em>Mahabbarata</em> y el <em>Ramayana</em> hind&uacute;, los antiguos poemas nahuas) es una concretad, una inmediatez incre&iacute;ble donde la voz y lo que ella nombra parecieran ser exactamente una solo cosa. Tambi&eacute;n est&aacute;n los versos fatales del inicio: &ldquo;<em>Canta, ho diosa, la ira del p&eacute;lida Aquiles</em>&rdquo;. Estos poemas nos han transmitido as&iacute; palabras, frases tan incre&iacute;bles, dram&aacute;ticas y rotundas, que es como si incluso la divinidad (o la idea que est&aacute; detr&aacute;s de ese nombre) surgiese de ellas, fuese creada por esas palabras. Es como si efectivamente aquello que lleg&oacute; incluso a denominarse Dios naciera de la plenitud de esos versos, de esos sonidos que desde un tiempo remoto erigieron las portentosas im&aacute;genes de lo sagrado como un consuelo, pero m&aacute;s posiblemente como una maldici&oacute;n.</p>
<p>En rigor, es la apabullante concreci&oacute;n de esos primeros poemas la que nos hace sentir el poder germinal de las palabras. Mart&iacute;n Buber afirma en su <em>Mois&eacute;s</em>, que en la antigua tradici&oacute;n hebrea la palabra <em>Javeh</em>, que indica al Dios sin nombre, es s&oacute;lo la presentaci&oacute;n f&oacute;nica de un estertor, de una brusca exhalaci&oacute;n de aire que, por el solo hecho de estar invocando lo inenarrable, adquiere&nbsp; la vastedad de la respiraci&oacute;n sagrada. Si realiz&aacute;semos la tarea imposible de sacar al Dios sin nombre de la gran poes&iacute;a testamentaria, desde el <em>G&eacute;nesis</em> hasta los <em>Salmos</em>, s&oacute;lo nos quedar&iacute;a el jadeo humano: la maravilla del encuentro y de la promesa, la traici&oacute;n, los celos, el castigo, la maravilla de la nueva reconciliaci&oacute;n y de la nueva promesa y luego, sucesivamente, la nueva traici&oacute;n, los nuevos celos, el nuevo castigo y el nuevo reencuentro y as&iacute; hasta el fin del lenguaje. El Dios b&iacute;blico pareciera haber emergido del jadeo humano, de la sucesi&oacute;n interminable&nbsp; de sus abrazos, traiciones, castigos y reencuentros. Es un Dios jadeante porque las vidas humanas los son. O bien, los hombres en sus vidas van repitiendo el jadeo de Dios. Eso es estar hechos a su imagen y semejanza.</p>
<p>La imagen de la  Poes&iacute;a y del poema se muestra entonces como el corolario&nbsp; estremecido de un estertor&nbsp; y de un gemido traspasado al mundo en las palabras finales de un calvario. Al igual que el verso final de la<em> Il&iacute;ada</em>, el &ldquo;Padre, Padre, por qu&eacute; me has abandonado&rdquo; consuma una condena que tambi&eacute;n parece nacer del abismo de su mismo grito. Ser&aacute;n en todo caso las lenguas de los hombres, m&aacute;s que sus acciones, las que deber&aacute;n cargar con la culpa de esa violencia (el pintor Francis Bacon no ve&iacute;a en la cruz nada que no fuera una simple imagen m&aacute;s de esa violencia, de lo que unos hombres le pueden hacer a otros hombres) como si en el aliento y en el ronquido de las palabras, incluso antes de que los hombres las hablaran, estuviese ya grabado el destino de una redenci&oacute;n perpetuamente cancelada.</p>
<p>Es esta &eacute;poca la que nos ha enfrentado con el cataclismo de esa condena primigenia: las lenguas humanas ser&aacute;n capaces de nombrar el amor, pero sobre todo deber&aacute;n nombrar los cr&iacute;menes, y la expresi&oacute;n m&aacute;xima del cumplimiento de esas sentencias es nuestro tiempo. Nacimos en un siglo que alcanz&oacute; el <em>non plus ultra </em>del horror, de la crueldad y del genocidio, y que s&oacute;lo en el lapso que comprende las dos guerras mundiales, o sea en menos de cuarenta a&ntilde;os, cost&oacute; en Europa 60 millones de muertos con toda su secuela de desplazados, mutilados y psic&oacute;ticos, y que continu&oacute; perpetu&aacute;ndose en las dictaduras latinoamericanas, en Ruanda, en Afganist&aacute;n, en Irak. En suma, es toda la portentosidad de la muerte la que no pod&iacute;a sino erigir la visi&oacute;n de un derrumbe que, primero que todo, es el derrumbe de las palabras. A cambio de poder nombrar el mundo, ellas debieron primero expresar la tragedia.</p>
<p>Es lo que estaba tambi&eacute;n ya contenido en el &ldquo;<em>Canta, oh diosa, la furia del p&eacute;lida Aquiles&rdquo;</em> con que comienza la<em> Il&iacute;ada</em> y la poes&iacute;a contempor&aacute;nea. Lo que ese verso nos muestra es que los sentimientos humanos son anteriores a los hombres: que la ira de Aquiles precede a Aquiles y que ese fantasma que se levant&oacute; desde las cenizas de H&eacute;ctor,&nbsp; domador de caballos, naci&oacute; &uacute;nicamente porque deb&iacute;a haber algo que pudiese habitar la sacralizad, ritual&iacute;stica,&nbsp; devoradora, omnipresente, de emociones que las palabras ya no pueden contener porque tampoco pueden expresar la furia que las destruye. Pero eso tambi&eacute;n ya estaba predicho en el verso inicial de la ira de Aquiles.&nbsp; Lo que el nos anunciaba es que la ira de Aquiles que mata a H&eacute;ctor y que se perpet&uacute;a en lo humano, se volver&iacute;a finalmente contra las mismas palabras que la nombran.</p>
<p>Es ese largo periplo que va desde el <em>Cu&eacute;ntame, oh musa, la historia del hombre de muchos senderos </em>(Homero)<em> y el le&oacute;n pacer&aacute; con el cordero y un ni&ntilde;o peque&ntilde;o los cuidar&aacute; </em>(Isa&iacute;as)<em> nadie, ni entre los dioses ni entre los ef&iacute;meros mortales es capaz de rehuirte </em>(S&oacute;focles)<em> yo nunca estuve en Troya fue s&oacute;lo mi sombra </em>(Eur&iacute;pides<em>) porque en el r&iacute;o del alma las victorias del esp&iacute;ritu son los ba&ntilde;os sagrados, la verdad de sus aguas, la posesi&oacute;n de s&iacute; sus orillas y la ternura sus olas </em>(Mahabharata)<em> no apagar&aacute;n el amor ni las muchas aguas ni los r&iacute;os </em>(Cantar de los cantares<em>) al poseerse los amantes dudan (Lucrecio) te amo y te odio </em>(C&aacute;tulo)<em> la gloria de Aquel que todo mueve por el universo penetra y resplandece </em>(Dante)<em> ni el m&aacute;rmol ni los dorados monumentos de los pr&iacute;ncipes sobrevivir&aacute;n a esta rima poderosa (Shakespeare) el canto de los cielos, la marcha de los pueblos </em>(Rimbaud),<em> hasta Metrogas: calor humano, calor natural. </em>Desde y<em> a &ldquo;No mi pueblo&rdquo; la llamar&eacute; &ldquo;T&uacute; eres mi pueblo&rdquo; </em>de Oseaas<em>, hasta United Colors of Benetton, </em>desde<em> Nombrar&eacute; de nuevo entonces a las colinas y los r&iacute;os </em>de Jerem&iacute;as<em>, hasta vive el chispeante mundo (Seven Up). </em>Esta es la agon&iacute;a: ninguna palabra dice lo que dice, ninguna palabra nombra lo que nombra. El tiempo al que asistimos es aquel donde las palabras mueren y la forma que ha tomado esa muerte es la publicidad, su omnipresencia, su absolutismo. El famoso &ldquo;Dios ha muerto&rdquo; de Nietzsche representa as&iacute;, m&aacute;s que una sentencia o el final de una teodicea, la intuici&oacute;n grandiosa y apocal&iacute;ptica del derrumbe de las lenguas humanas. Las exequias de H&eacute;ctor efectivamente est&aacute;n concluyendo, pero est&aacute;n concluyendo con otro funeral: el del lenguaje.</p>
<p>Hablamos as&iacute; en medio de idiomas colapsados, de palabras cuyos significados agonizan porque a ellas mismas les es imposible contener m&aacute;s locura y violencia que aquellas con que ya las ha cargado la historia. El derrumbe del lenguaje y de las lenguas es el fracaso de nuestra uni&oacute;n con lo que se nombra, o lo que es lo mismo, es el fracaso infernal del amor. Porque sea lo que sea que estos sonidos, que estos halitos nombren, el solo hecho de decir es estar diciendo que no somos uno sino un cosmos. Que en ese di&aacute;logo total de todas las cosas con todas las cosas, de los paisajes con los hombres, de las generaciones que nos antecedieron con las que emerg&iacute;an, estaba contenida tambi&eacute;n la posibilidad de levantar una vida nueva. De reconstruir un para&iacute;so perdido que sobre todo era una disposici&oacute;n, una acogida de lo otro y del mundo y que fue posiblemente el origen de todo mito y m&aacute;s tarde el origen de la poes&iacute;a.</p>
<p>Tal vez no pueda expresarlo, pero he llegado a creer que S&oacute;focles escribi&oacute; <em>Ant&iacute;gona</em> s&oacute;lo para que ninguna otra mujer tuviera que inmolarse desgarrada entre las leyes y la piedad, que para que nadie m&aacute;s tuviera que morir por amor es que fue escrito el <em>Romeo y Julieta</em> y ese testamento inconsolable que se llama <em>Ana Karenina</em>. Todos los grandes poemas entonces, desde las primeras epopeyas hasta la estremecedora plenitud de Juan Gelman, perfectamente pueden ser le&iacute;dos como el intento m&aacute;s extremo y desesperado por erigir desde este lado del mundo, desde el rostro martillado de lo humano, una misericordia sin fin que nos preserve de los sufrimientos que esos poemas narran. No ha sido as&iacute;, y la agon&iacute;a del lenguaje carga tambi&eacute;n con la sentencia de esta derrota.</p>
<p>De all&iacute; esa descomposici&oacute;n radical, esa sensaci&oacute;n cada vez m&aacute;s com&uacute;n de estar alcanzando con los avances t&eacute;cnicos el umbral de un poder omn&iacute;modo y al mismo tiempo el umbral del vac&iacute;o. Algunos de los grandes poetas del &uacute;ltimo tiempo: Rolke, Marina Tsvetaieva, Ungaretti, Seferis, Celan, Vallejo, presintieron la muerte de las lenguas, ese c&aacute;ncer de las palabras que les va socavando sus significados y que se hace sentir primero, casi como si fuera una venganza, en los sitios y naciones aparentemente m&aacute;s favorecidas; en las sociedades desarrolladas, en las opulentas clases altas de nuestros pa&iacute;ses todav&iacute;a pobres, en los escenarios de la pol&iacute;tica, en los parlamentos, en las presentaciones de libros, en los grandes c&oacute;nclaves. Es como si la misma vacuidad de este tiempo quisiera decirnos que las lenguas mueren porque las palabras no son ya capaces de evocar la arrasadora plenitud del otro; su misericordia y su incomprensible dureza, su oscuridad y su fulgor.</p>
<p>Abandonados as&iacute; a los &uacute;ltimos espasmos del lenguaje, levantamos mundos ciegos, escenarios vac&iacute;os y parodias de plenitud donde lo que est&aacute; en juego no es nuestra sobrevivencia, sino la posibilidad de un nuevo nacimiento. Porque s&iacute;, se puede sobrevivir a la muerte y una tierra en extremos poblada estar&aacute; all&iacute; para mostrarnos que se sobrevive permanentemente, que se sobrevive como g&eacute;nero, como especie, como colectivo. Pero el lenguaje que nos dio el a veces aterrador concepto de persona, que fue capaz de unir en una sola imagen el crimen imperdonable y la infinita piedad, que escribi&oacute; las buenaventuranzas y la quebrada ternura de los poemas de Vallejo; ese lenguaje est&aacute; a punto de morir e irremediablemente habremos de apagarnos con sus &uacute;ltimos estertores.</p>
<p>Sin embargo estas mismas im&aacute;genes estaban contenidas en los versos iniciales de la <em>Il&iacute;ada</em> y, m&aacute;s all&aacute; de todo, es una tierra desolada la que pareciera obligarnos a repetirlas una y otra vez. Les corresponder&aacute; a los nuevos poetas levantar desde all&iacute;, desde esa locura de los hombres del poema hom&eacute;rico, los contornos de otra belleza. Si no es demasiado tarde ser&aacute;n ellos, los nuevos Homero y Miguel &Aacute;ngel de este tercer mundo, quienes deber&aacute;n enfrentar las tareas de un trabajo gigantesco y desmesurado: inscribir sobre el cielo, sobre la tierra, sobre los desiertos, una nueva y arrasadora compasi&oacute;n, una ternura incalmable por cada &aacute;tomo, por cada mirada, por cada aliento de la vida, que nos lleve a contemplar de nuevo, como si nos levant&aacute;ramos por primera vez, la reconquistada diafanidad del mundo. Sin saber como en un poema trat&eacute; &ndash;dudosa, precariamente– de imaginarme al menos algo de esa diafanidad. Era la visi&oacute;n del oc&eacute;ano Pac&iacute;fico ascendiendo sobre el cielo. Imagino que lo record&eacute; ahora porque deseo creer que si esa nueva compasi&oacute;n adviene, que si esa piedad por el mundo tendr&aacute; un lugar, ser&aacute; tambi&eacute;n la compasi&oacute;n de estos paisajes, de estas cordilleras y de estas largas llanuras, de los r&iacute;os, de las playas, de todo lo que es, elev&aacute;ndose a los cielos por el amor nuestro.</p>
<p>Es el amor que imagino. El papel entonces del poeta contempor&aacute;neo es cargar con sus poemas muertos hasta las orillas de una playa que tal vez est&eacute; o no est&eacute;, para que crucen desde all&iacute; o no crucen el infierno de lo inexpresable, y emerjan o no emerjan o no emerjan en las orillas de un nuevo Purgatorio que, como el Dante, tendr&aacute; grabadas de nuevo las primeras palabras: &ldquo;Que renazca la muerta poes&iacute;a&rdquo;. Si se puede hablar entonces de una tarea de la poes&iacute;a &ndash;si es todav&iacute;a posible decir eso– esa tarea es la de cruzar su propia muerte para que las palabras puedan otra vez evocar y hacer cotidiana la concretad a veces terrible de la existencia. Esa fue la estremecedora plenitud de S&oacute;focles y Esquilo, de los antiguos profetas, de las eleg&iacute;as que nos han legado los poemas nahuas. Casi tres milenios m&aacute;s tarde, en una de sus poes&iacute;as m&aacute;s extraordinarias: &ldquo;Espa&ntilde;a, aparta de m&iacute; este c&aacute;liz&rdquo;, Vallejo vio en la letra, es decir, en los &aacute;tomos indivisibles de las palabras, el origen de la pena. &Eacute;l pensaba en el castellano y en la destrucci&oacute;n que signific&oacute; su imposici&oacute;n en este continente. En realidad, todas las lenguas han nacido de una destrucci&oacute;n y de una muerte y de all&iacute; para adelante la tarea del arte era levantar una nueva tierra frente a lo destruido. Es en eso en lo que reside su radicalidad y su fracaso y es en eso donde radica tambi&eacute;n la radicalidad y la redenci&oacute;n de la poes&iacute;a.</p>
<p>Porque tambi&eacute;n la muerte del lenguaje es lo &uacute;nico que nos puede dibujar la epifan&iacute;a de un posible nuevo Nuevo Mundo. Nuestros poemas muertos no dicen nada fuera del peso de sus bultos sobre nuestras espaldas, fuera de los contornos ciegos de los sacos que contienen sus despojos. Nuevamente entonces, como los h&eacute;roes que desde los muros iba describiendo Helena, m&aacute;s all&aacute; de cualquier opaca celebridad o reconocimiento que esos despojos a&uacute;n provoquen a su paso, s&oacute;lo nos fue dado dejarlos en las orillas de un mar casi impensable mientras detr&aacute;s siguen las mismas murallas redondas, la misma ciudadela eternamente sitiada. De tanto en tanto ciertos gemidos, ciertos gritos a la vez heroicos y desgarrados parecieran indicarnos que a pesar de todo, de la herida y de la miseria, efectivamente est&aacute; esa orilla y ese mar.</p>
<p>He so&ntilde;ado entonces con unos bultos que poco a poco van recogiendo las olas de un Egeo nuevo e inimaginable, mientras en la playa una infinidad vuelven otra vez los ojos hacia lo alto y ven cientos de aviones escribiendo en el cielo los mismos versos que narraron a un H&eacute;ctor que mor&iacute;a, a una Helena insult&aacute;ndose a s&iacute; misma, a una Beatriz entrevista en un puente, pero que esos rostros y esos relatos eran tambi&eacute;n las infinitas caras del amor negado de nuestro presente. Me he imaginado incluso que ese cielo es este mismo cielo: el de nuestra vastedad americana, y que tocados por la agon&iacute;a del lenguaje, volvemos sin embargo a escuchar los sonidos de todas las lenguas resurrectas, es decir, volvemos a escuchar el pulso de un canto inabarcable.</p>
<p>Quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a otros se pregunten por este tiempo y nosotros volvamos a ver a trav&eacute;s de sus ojos la &eacute;poca en que nos toc&oacute; vivir, su pulsi&oacute;n de muerte, su amor sofocado. Pero quiz&aacute;s para entonces los poemas ya no sean necesarios. No me es posible avanzar mucho m&aacute;s y la imagen, reitero, s&oacute;lo le puede pertenecer al desvar&iacute;o: me ha parecido ver miles y miles de sacos que avanzan flotando sobre las olas de un mar muerto que los lleva.</p>
<p>S&iacute;, es eso, tuvimos que soportar el escupo de los viejos poetas en la boca justo cuando cerr&aacute;bamos los ojos esperando su beso. Clavado por ese escupo, quise imaginarme no obstante el torrente de las lenguas revividas y que all&iacute;, en medio de ellas, barridas por la fuerza de esos h&aacute;litos, de esos estertores y palabras, otros hombres se agachaban recogiendo en una playa irreconocible unos bultos arrojados por las rompientes. M&aacute;s all&aacute;, dec&iacute;a, hay otro comienzo: una p&aacute;lida imagen del amor y las estrellas.</p>
<p>*En Los poemas muertos. &Aacute;crono Producciones, M&eacute;xico, 2006.</p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>Gonzalo Mill&#225;n, selecci&#243;n de Julio Espinosa Guerra</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 12:55:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[Gonzalo Millán]]></category>
		<category><![CDATA[La ciudad]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<table><tr><td><p><strong><img class="alignleft size-full wp-image-1251" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/millán-chiloé.jpg" alt="" width="240" height="240" />GONZALO MILL&Aacute;N </strong>naci&oacute; en Santiago el 01 de enero de 1947. Su trabajo ha obtenido diferentes reconocimientos, como los premios <em>Pedro de O&ntilde;a</em>, en 1967 y <em>Pablo Neruda</em>, en 1987. Despu&eacute;s del golpe de estado de 1973, se exilia en Canad&aacute; y Holanda retornando al pa&iacute;s en forma definitiva a mediados&nbsp; de la d&eacute;cada de los noventa. Su poes&iacute;a se caracteriza por la concisi&oacute;n, concentraci&oacute;n, objetividad y concreci&oacute;n, siendo uno de los poetas que interioriza y hace convivir dentro de su creaci&oacute;n el discurso po&eacute;tico anglosaj&oacute;n del siglo XX. Adem&aacute;s tiene una preocupaci&oacute;n por incorporar quiebres gramaticales en su discurso, que profundizan su b&uacute;squeda po&eacute;tica y que reafirman la visi&oacute;n de que el lenguaje cotidiano no alcanza para nombrar toda la realidad que rodea y afecta a la persona, siendo necesario efectuar variaciones en el discurso tradicional para comunicarla.</p>
<p><strong>BIBLIOGRAF&Iacute;A SELECTA</strong></p>
<p>Relaci&oacute;n personal, 1968.</p>
<p>La ciudad, 1979.</p>
<p>Vida, 1984.</p>
<p>Seud&oacute;nimos de la muerte, 1984.</p>
<p>Virus, 1987.</p>
<p>Claroscuro, 2002.</p>
<p><strong>UN TIPO EXTRAORDINARIO</strong></p>
<p>Era peque&ntilde;a y rubia</p>
<p>y casi no ten&iacute;a pechos.</p>
<p>Yo soy un hombre extraordinario</p>
<p>y tuve que ir en un barco,</p>
<p>trabajar</p>
<p>y conocer todo el mundo.</p>
<p>Ahora es de un pobre tipo.</p>
<p>Yo soy un hombre extraordinario.</p>
<p>Conoc&iacute; todo el mundo,</p>
<p>beb&iacute; en los puertos</p>
<p>y trabaj&eacute; en un barco.</p>
<p>Era peque&ntilde;a y rubia</p>
<p>y casi no ten&iacute;a pechos&hellip;</p>
<p><strong>APOCALIPSIS DOM&Eacute;STICO</strong></p>
<p>Las s&aacute;banas regaladas para la boda</p>
<p>se gastaron y tienen agujeros.</p>
<p>Se quebraron los platos</p>
<p>en escaramuzas dom&eacute;sticas.</p>
<p>Las tazas est&aacute;n saltadas y sin asas.</p>
<p>Se perdieron tenedores y oxidaron</p>
<p>los cuchillos del servicio inoxidable.</p>
<p>La juguera est&aacute; descompuesta.</p>
<p>Y empe&ntilde;ada la sortija de diamantes.</p>
<p>En el tablero del calendario</p>
<p>est&aacute;n todos los d&iacute;as tarjados.</p>
<p>Al reloj se le acab&oacute; la cuerda.</p>
<p>Se acabaron el t&eacute;, el caf&eacute;,</p>
<p>el pan, la mantequilla.</p>
<p>Quedan s&oacute;lo unas gotas de aceite.</p>
<p>Vac&iacute;os cascarones, de los huevos.</p>
<p>En el refrigerador hay solamente</p>
<p>una mitad de cebolla estre&ntilde;ida</p>
<p>y una mamadera con leche agria.</p>
<p>Una laucha oculta en su cueva</p>
<p>roe los restos de un terr&oacute;n de az&uacute;car.</p>
<p>La estufa se apag&oacute; anoche</p>
<p>despu&eacute;s de consumir su combustible.</p>
<p>Cortaron el tel&eacute;fono</p>
<p>y pronto cortar&aacute;n la luz.</p>
<p>Quedan tres o cuatro ampolletas</p>
<p>indemnes en toda la casa.</p>
<p>Las velas se convirtieron en cabos.</p>
<p>Se termin&oacute; el papel higi&eacute;nico</p>
<p>y el excusado est&aacute; tapado</p>
<p>con pedazos de papel de diario.</p>
<p>Se desvanecer&aacute; el jab&oacute;n</p>
<p>en la pr&oacute;xima lavada de manos.</p>
<p>La peineta perdi&oacute; otro diente.</p>
<p>La trizadura del espejo es otra arruga.</p>
<p>No queda ropa limpia.</p>
<p>Hay pa&ntilde;ales sucios en la tina.</p>
<p>Se le cay&oacute; el &uacute;ltimo bot&oacute;n</p>
<p>que le quedaba a la camisa.</p>
<p>En la superficie de la mesa,</p>
<p>impresiones de peque&ntilde;as manos,</p>
<p>baberos, platos sucios</p>
<p>con migajas y raspas de pescado.</p>
<p>Vasos con secas borras moradas.</p>
<p>En la frutera vac&iacute;a,</p>
<p>dormita ovillado el gato.</p>
<p>El auto viejo estacionado afuera</p>
<p>no arranca desde hace meses o a&ntilde;os.</p>
<p>Inm&oacute;vil descansa con sus ejes,</p>
<p>sobre pilas de piedras y ladrillos.</p>
<p>Le robaron los neum&aacute;ticos, los focos</p>
<p>y cada d&iacute;a lo despojan de nuevas piezas</p>
<p>como un gran insecto muerto</p>
<p>que devoran invisibles hormigas.</p>
<p>El jard&iacute;n est&aacute; exuberante, lozano.</p>
<p>Invadido de malezas que asfixian las plantas.</p>
<p>La manguera serpeante es invisible.</p>
<p>Se escap&oacute; de su jaula el canario.</p>
<p>Y el pez de color se ahog&oacute;</p>
<p>y qued&oacute; flotando panza arriba</p>
<p>en el agua turbia de su redoma.</p>
<p>El perro roy&oacute; su soga</p>
<p>y se march&oacute; a la siga de una perra.</p>
<p>El lechero ya no trae leche a la casa,</p>
<p>ni el suplementero reparte peri&oacute;dicos.</p>
<p>El cartero trae s&oacute;lo cuentas impagas.</p>
<p>Sobres con ventana que nadie abre.</p>
<p>Los acreedores golpean largamente,</p>
<p>pero nadie abre, nadie responde.</p>
<p>El basurero pasa dos veces por semana,</p>
<p>pero lo hace demasiado temprano.</p>
<p>En el patio los tarros desbordantes hieden.</p>
<p>El televisor encendido sin sonido</p>
<p>arroja movedizas sombras</p>
<p>sobre el suelo entalcado</p>
<p>por el yeso que llueve del cielorraso.</p>
<p>Un ni&ntilde;o en un corral de palo,</p>
<p>entre juguetes rotos</p>
<p>se desga&ntilde;ita llorando,</p>
<p>hambriento y mojado,</p>
<p>la h&uacute;meda boca abierta,</p>
<p>los ojos vidriosos de l&aacute;grimas,</p>
<p>mirando</p>
<p>c&oacute;mo la bestia de las dos espaldas</p>
<p>gru&ntilde;endo convulsa se revuelca</p>
<p>intentando devorarse a s&iacute; misma.</p>
<p><strong>VASO</strong></p>
<p>Un espejismo cristalizado</p>
<p>de la sed es el vaso;</p>
<p>palacio l&iacute;mpido con un foso</p>
<p>sin puente, resbaladizo.</p>
<p>Deseo insaciable de nada.</p>
<p>Salvo el aire.</p>
<p>All&iacute; es leve lo pleno</p>
<p>y lo hueco es grave.</p>
<p>Bebo vidrio del vaso vac&iacute;o.</p>
<p><strong>AUTOM&Oacute;VIL</strong></p>
<p>El autom&oacute;vil es celeste, met&aacute;lico y cromado</p>
<p>con un motor, rejillas, estanque y h&eacute;lices,</p>
<p>lubricados con aceite mineral y grasas,</p>
<p>que ruge, tiritan, se vac&iacute;a y giran</p>
<p>por medio de pedales, botones y llaves.</p>
<p>Dentro van por tubos, l&iacute;quidos minerales</p>
<p>que una chispa prende con ruido y humo quema.</p>
<p>Tiene luz generada por bater&iacute;as con &aacute;cido,</p>
<p>cables multicolores finos y faroles,</p>
<p>intermitente y roja para las se&ntilde;ales,</p>
<p>amarilla para las noches y la niebla.</p>
<p>Las puertas se abren, cierran, suaves,</p>
<p>y para introducir o dejar el aire</p>
<p>los vidrios se bajan o suben.</p>
<p>Los asientos acomodables se reclinan.</p>
<p>rellenos de resortes, esponjas y espuma,</p>
<p>recubiertos por el pl&aacute;stico y la goma.</p>
<p>Las cuatro ruedas de caucho ruedan</p>
<p>y con un volante se tuercen o enfilan.</p>
<p>El acelerador se aplasta sin freno corre;</p>
<p>las llantas resbalan, chillan y se queman,</p>
<p>se abolla la lata y quiebra, retuerce,</p>
<p>los esmaltes y cristales se destruyen,</p>
<p>y el hombre puede salvar ileso o muere.</p>
<p><strong>PISCIS</strong></p>
<p>Los ojos de los peces</p>
<p>estaban</p>
<p>siempre mir&aacute;ndonos,</p>
<p>abiertos y voraces,</p>
<p>desmesurados como soles.</p>
<p>Y lo ignoramos</p>
<p>con nuestra ceguera</p>
<p>de gusanos,</p>
<p>atentos &uacute;nicamente</p>
<p>al dolor del anzuelo.</p>
<p><strong>PARADERO DE TAXIS</strong></p>
<p>Estos veh&iacute;culos de letras</p>
<p>se ponen en movimiento</p>
<p>al leerse, sucesivamente</p>
<p>como los taxis detenidos</p>
<p>empujados por sus choferes.</p>
<p>Sin encender los motores</p>
<p>para ahorrarse gasolina</p>
<p>van ocupando el sitio libre</p>
<p>de los que fueron empleados.</p>
<p>Y despu&eacute;s de la carrera,</p>
<p>estos veh&iacute;culos de letras</p>
<p>vuelven y all&iacute; mismo esperan</p>
<p>otros o a los mismos lectores.</p>
<p><strong>LA CIUDAD</strong><strong> (fragmento)</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>1</strong></p>
<p>Amanece.</p>
<p>Se abre el poema.</p>
<p>Las aves abren las alas.</p>
<p>Las aves abren el pico.</p>
<p>Cantan los gallos.</p>
<p>Se abren las flores.</p>
<p>Se abren los ojos.</p>
<p>Los o&iacute;dos se abren.</p>
<p>La ciudad despierta.</p>
<p>La ciudad se levanta.</p>
<p>Se abren las llaves.</p>
<p>El agua corre.</p>
<p>Se abren navajas tijeras.</p>
<p>Corren pestillos cortinas.</p>
<p>Se abren puertas cartas.</p>
<p>Se abren diarios.</p>
<p>La herida se abre.</p>
<p>Sobre las aguas se levanta niebla.</p>
<p>Elevados edificios se levantan.</p>
<p>Las gr&uacute;as levantan cosas de peso.</p>
<p>El cabrestante levanta el ancla.</p>
<p>Corren autom&oacute;viles por las calles.</p>
<p>Los autobuses abarrotados corren.</p>
<p>Los autobuses se detienen.</p>
<p>Abren las tiendas de abarrotes.</p>
<p>Abren los grandes almacenes.</p>
<p>Corren los trenes.</p>
<p>Corre la pluma.</p>
<p>Corre r&aacute;pida la escritura.</p>
<p>Los bancos abren sus cajas de caudales.</p>
<p>Los clientes sacan depositan dinero.</p>
<p>El cieno forma dep&oacute;sitos.</p>
<p>El cieno se deposita en aguas estancadas.</p>
<p>Varios puentes cruzan el r&iacute;o.</p>
<p>Los r&iacute;os cruzan el puente.</p>
<p>El tren corre por los rieles.</p>
<p>El puente es de hierro.</p>
<p>Corre el tiempo.</p>
<p>Corre el viento.</p>
<p>Traquetean los trenes.</p>
<p>De las chimeneas sale humo.</p>
<p>Corren las aguas del r&iacute;o.</p>
<p>Corre agua sucia por las cloacas.</p>
<p>Las cloacas desembocan en el r&iacute;o.</p>
<p>Las gallinas cloquean.</p>
<p>&iexcl;Cloc cloc! hacen las gallinas.</p>
<p>De la cloaca sale un huevo.</p>
<p>El r&iacute;o es hondo.</p>
<p>El r&iacute;o es ancho.</p>
<p>Los r&iacute;os tienen afluentes.</p>
<p>Los afluentes tienen cascadas.</p>
<p>Los afluentes desembocan en el r&iacute;o.</p>
<p>Las avenidas son anchas.</p>
<p>Las calles desembocan en las avenidas.</p>
<p>El r&iacute;o desemboca en el mar.</p>
<p>El mar es amplio.</p>
<p><strong>18</strong></p>
<p>La tierra es redonda.</p>
<p>La mesa es redonda.</p>
<p>La mesa es de madera.</p>
<p>Ponen la mesa.</p>
<p>El mantel cubre la mesa.</p>
<p>La mesa est&aacute; puesta.</p>
<p>Los cubiertos est&aacute;n sobre el mantel.</p>
<p>El cubierto se compone de.</p>
<p>Cuchillo.</p>
<p>El cuchillo tiene mango y hoja.</p>
<p>El cuchillo corta.</p>
<p>Cuchara.</p>
<p>La cuchara es c&oacute;ncava.</p>
<p>Con la cuchara se come la sopa.</p>
<p>Tenedor.</p>
<p>El tenedor tiene dientes.</p>
<p>El tenedor pincha.</p>
<p>Vaso.</p>
<p>El vaso contiene agua.</p>
<p>El vaso es de vidrio.</p>
<p>Pan.</p>
<p>El pan est&aacute; en la panera.</p>
<p>El pan tiene corteza y miga.</p>
<p>La miga es blanda.</p>
<p>La panera es de mimbre.</p>
<p>Servilleta.</p>
<p>La servilleta limpia los labios.</p>
<p>La servilleta es blanca.</p>
<p>La mesa tiene cuatro patas.</p>
<p>Las patas son torneadas.</p>
<p>Las sillas tienen cuatro patas.</p>
<p>Las sillas rodean la mesa.</p>
<p>Las sillas no tienen brazos.</p>
<p>Los ni&ntilde;os acercan las sillas.</p>
<p>La familia se sienta a la mesa.</p>
<p>Sobre la mesa hay platos soperos.</p>
<p>Las manos empu&ntilde;an las cucharas.</p>
<p>Reparten la sopa con el cuchar&oacute;n.</p>
<p>El pan se rompe con los dedos.</p>
<p>La corteza tostada cruje.</p>
<p>Saltan las migajas.</p>
<p>Las migajas cubren el mantel.</p>
<p>Los dientes se clavan en el pan.</p>
<p>El ser humano tiene treintaid&oacute;s dientes.</p>
<p>Ocho incisivos.</p>
<p>Cuatro colmillos.</p>
<p>Veinte muelas.</p>
<p>Los dientes trituran los alimentos.</p>
<p>El alimento cae en el est&oacute;mago.</p>
<p>Los est&oacute;magos no est&aacute;n lleno</p>
<p>La familia come en silencio.</p>
<p>La familia est&aacute; incompleta.</p>
<p>Alguien falta. Afuera llueve.</p>
<p><strong>43</strong></p>
<p>Hay una invasi&oacute;n de ratas.</p>
<p>Las ratas plagan las bodegas.</p>
<p>Las ratas invaden las casas.</p>
<p>Anidan en los entretechos.</p>
<p>Atacan en manada a los animales.</p>
<p>Muerden a un reci&eacute;n nacido.</p>
<p>Las ratas chillan por las noches.</p>
<p>Las ratoneras no dan abasto.</p>
<p>Los gatos enferman de comer tantos ratones.</p>
<p>Las ratas envenenadas hieden.</p>
<p>Las ratas tienen sarna.</p>
<p>La sarna es contagiosa.</p>
<p>Las ratas transmiten pestes.</p>
<p>Las ratas infestan la ciudad.</p>
<p>La ciudad est&aacute; en cuarentena.</p>
<p>Vigilan los barcos.</p>
<p>Los barcos est&aacute;n en cuarentena.</p>
<p>Sanean los edificios.</p>
<p>Desratizan y vacunan.</p>
<p>Desinfectan la ciudad.</p>
<p>La vacuna inmuniza.</p>
<p>La ciudad apesta.</p>
<p>La ciudad es insalubre.</p>
<p>La ciudad est&aacute; aislada.</p>
<p>Se a&iacute;sla a los enfermos contagiosos.</p>
<p>El contagio de la peste es muy r&aacute;pido.</p>
<p>La peste es una epidemia desoladora.</p>
<p>Reina una epidemia.</p>
<p>El agua est&aacute; contaminada.</p>
<p>La atm&oacute;sfera est&aacute; poluta.</p>
<p>La atm&oacute;sfera es irrespirable.</p>
<p>El lenguaje est&aacute; contaminado.</p>
<p><strong>58</strong></p>
<p>El r&iacute;o invierte el curso de su corriente.</p>
<p>El agua de las cascadas sube.</p>
<p>La gente empieza a caminar retrocediendo.</p>
<p>Los caballos caminan hacia atr&aacute;s.</p>
<p>Los militares deshacen lo desfilado.</p>
<p>Las balas salen de las carnes.</p>
<p>Las balas entran en los ca&ntilde;ones.</p>
<p>Los oficiales enfundan sus pistolas.</p>
<p>La corriente se devuelve por los cables.</p>
<p>La corriente penetra por los enchufes.</p>
<p>Los torturados dejan de agitarse.</p>
<p>Los torturados cierran sus bocas.</p>
<p>Los campos de concentraci&oacute;n se vac&iacute;an.</p>
<p>Aparecen los desaparecidos.</p>
<p>Los muertos salen de sus tumbas.</p>
<p>El patio 29 se vac&iacute;a.</p>
<p>&iquest;De qui&eacute;n son los huesos de la bolsa 20?</p>
<p>Los aviones vuelan hacia atr&aacute;s.</p>
<p>Los &ldquo;rockets&rdquo; suben hacia los aviones.</p>
<p>Allende dispara.</p>
<p>Las llamas se apagan.</p>
<p>Se saca el casco.</p>
<p>La Moneda se reconstruye &iacute;ntegra.</p>
<p>Su cr&aacute;neo se recompone.</p>
<p>Sale a un balc&oacute;n.</p>
<p>Allende retrocede hasta Tom&aacute;s Moro.</p>
<p>Los detenidos salen de espalda de los estadios.</p>
<p>11 de Septiembre.</p>
<p>Regresan aviones con refugiados.</p>
<p>Chile es un pa&iacute;s democr&aacute;tico.</p>
<p>Argentina es un pa&iacute;s democr&aacute;tico.</p>
<p>Las fuerzas armadas respetan la constituci&oacute;n.</p>
<p>Uruguay es un pa&iacute;s democr&aacute;tico.</p>
<p>Los militares vuelven a sus cuarteles.</p>
<p>Renace Neruda.</p>
<p>Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.</p>
<p>Le duele la pr&oacute;stata. Escribe.</p>
<p>V&iacute;ctor Jara toca la guitarra. Canta.</p>
<p>Los discursos entran en las bocas.</p>
<p>El tirano abraza a Prats.</p>
<p>Desaparece. Prats vive.</p>
<p>Los cesantes son recontratados.</p>
<p>Los obreros desfilan cantando.</p>
<p>&iexcl;Venceremos!</p>
<p><strong>73</strong></p>
<p>El atleta alcanza la meta.</p>
<p>El andinista alcanza la cumbre.</p>
<p>Al final de la v&iacute;a f&eacute;rrea hay un tope.</p>
<p>El microb&uacute;s llega al terminal.</p>
<p>El poema llega a su t&eacute;rmino.</p>
<p>La anciana finaliza el poema.</p>
<p>Termina su vida.</p>
<p>La anciana testa.</p>
<p>El poema es su testamento.</p>
<p>No puede adivinarse el porvenir.</p>
<p>El a&ntilde;o 2004 ser&aacute; bisiesto.</p>
<p>El a&ntilde;o 2000 ser&aacute; bisiesto.</p>
<p>Febrero tiene 28 d&iacute;as los a&ntilde;os comunes.</p>
<p>Febrero tiene 29 d&iacute;as los a&ntilde;os bisiestos.</p>
<p>Ser&aacute; bisiesto el a&ntilde;o 1996.</p>
<p>Bisiesto fue el a&ntilde;o 1992.</p>
<p>El a&ntilde;o 1988 fue bisiesto.</p>
<p>Fue bisiesto el a&ntilde;o 1984.</p>
<p>Bisiesto fue el a&ntilde;o 1980.</p>
<p>La anciana a&uacute;n respira.</p>
<p>La anciana est&aacute; en sus postrimer&iacute;as.</p>
<p>Estos son los versos postrimeros:</p>
<p>Y despu&eacute;s de ir con los ojos cerrados.</p>
<p>Por la oscuridad que nos lleva.</p>
<p>Abrir los ojos y ver la oscuridad que nos lleva.</p>
<p>Con los ojos abiertos y cerrar los ojos.</p>
<p>Se cierra el poema.</p>
<p><strong>VACUNA</strong></p>
<p>En realidad ya no escribo,</p>
<p>inoculo vocales, consonantes</p>
<p>de un alfabeto de microbios.</p>
<p>Vacuno con el virus</p>
<p>de la verborragia, el silencio.</p>
<p><strong>CHICLE</strong></p>
<p>Como un chicle que ha perdido</p>
<p>hace tiempo su sabor y aroma,</p>
<p>vuelves a corregir este texto</p>
<p>soso, amorfo y descolorido</p>
<p>que ya s&oacute;lo sabe y huele</p>
<p>a la lengua que lo amasa,</p>
<p>a los dientes que lo mastican.</p>
<p><strong>ASPIRACI&Oacute;N EXPIRADA</strong></p>
<p>Llegar a escribir</p>
<p>alg&uacute;n d&iacute;a</p>
<p>con la simple</p>
<p>sencillez del gato</p>
<p>que limpia su pelaje</p>
<p>con un poco de saliva.</p>
<p><strong>CONCLUSI&Oacute;N SOBRE LA FIRMA</strong></p>
<p>En mi apellido hay una nota</p>
<p>musical, y una</p>
<p>s&iacute;laba del arc&aacute;ngel.</p>
<p>En el centro hay un once</p>
<p>que me separa en dos,</p>
<p>en un antes y un despu&eacute;s,</p>
<p>en un aqu&iacute; y all&aacute;,</p>
<p>la vida.</p>
<p>Para concluir</p>
<p>hay una piedra,</p>
<p>un millar de pasos que desando</p>
<p>y un milenio que ya termina.</p>
<p><strong>EL PAPEL</strong></p>
<p>Motel de la pluma;</p>
<p>hospital de la tinta.</p>
<p>La partida y el acta:</p>
<p>el pa&ntilde;al y el sudario.</p>
<p><strong>LA PALABRA</strong></p>
<p>Amar y desamarla:</p>
<p>hallazgo y extrav&iacute;o.</p>
<p>Armarla y desarmarla:</p>
<p>aprendizaje y hast&iacute;o.</p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>El di&#225;logo trunco, por Sergio Badilla*</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 12:52:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica Literaria]]></category>
		<category><![CDATA[SergioBadilla]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220; La lucidez po&#233;tica est&#225; unida a la idea de fragmentaci&#243;n, en la existencia, en la reflexi&#243;n filos&#243;fica o en el discurso expresivo, donde no debe faltar el careo con el otro &#8220;.
Estas fueron algunas ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table><tr><td><p><img class="alignleft size-medium wp-image-1249" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/millán-229x300.jpg" alt="" width="229" height="300" />&ldquo; La lucidez po&eacute;tica est&aacute; unida a la idea de fragmentaci&oacute;n, en la existencia, en la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica o en el discurso expresivo, donde no debe faltar el careo con el otro &ldquo;.</p>
<p>Estas fueron algunas frases que surgieron espont&aacute;neas, durante&nbsp; la &uacute;ltima conversaci&oacute;n, despejada y amigable,&nbsp; que tuve con Gonzalo Mill&aacute;n, en mayo de 2006, una vez que hube regresado de Estados Unidos, donde hab&iacute;a permanecido por un mes en virtud de un premio literario. Meses antes, casi ya pasado un a&ntilde;o, Gonzalo hab&iacute;a sido copart&iacute;cipe, con los escritores Luis Vargas Saavedra y Omar P&eacute;rez Santiago,&nbsp; en la presentaci&oacute;n de mi libro <em>Poemas transreales y algunos evangelios</em>, en la  Biblioteca Nacional;&nbsp; en esa oportunidad,&nbsp; nos comprometimos a volver a tener nuestras a&ntilde;osas y fragmentarias parlas, porque a&uacute;n&nbsp; quedaban muchos di&aacute;logos y razonamientos inconclusos de otras &eacute;pocas.<span id="more-1248"></span></p>
<p>En realidad, hab&iacute;an transcurrido muchos a&ntilde;os de encuentros y desencuentros, en nuestra larga y fragorosa cincuentena.&nbsp;&nbsp; Nos hab&iacute;amos conocido muy temprano,&nbsp; el a&ntilde;o 71, cuando apenas comenz&aacute;bamos los veinte. Ambos hab&iacute;amos nacido el mismo a&ntilde;o. El, estrictamente, a comienzos del 47, yo, casi al final. Por eso, siempre dej&aacute;bamos en claro, ese a&ntilde;o ficticio de diferencia entre nosotros.</p>
<p>Desde las primeras lecturas que hice de su libro <em>Relaci&oacute;n personal</em>,<em> </em>de enero de 1968;&nbsp; &nbsp;me llam&oacute; la atenci&oacute;n la singularidad de su verso: lac&oacute;nico, comprimido, con un dejo a Pound donde Mill&aacute;n se inmersa en un profundo y di&aacute;fano ejercicio de vida, con el uso de la imagen repentina a manera de fogonazo c&aacute;ustico o destellante, sin rebordes de la jerga detallada o el relave de un exceso figurativo como lo hac&iacute;an algunos de sus compa&ntilde;eros, m&aacute;s culteranos,&nbsp; de la llamada&nbsp; generaci&oacute;n del 60.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>LOS A&Ntilde;OS INCIPIENTES</strong></p>
<p>Nos encontramos,&nbsp; las primeras veces, generalmente, en la Sociedad de Escritores de Chile, o en la buhardilla de Tito Valenzuela, en el barrio Lastarria, luego de que Gonzalo regresara de Concepci&oacute;n.&nbsp; No recuerdo haber tenido un di&aacute;logo duradero con &eacute;l, a lo m&aacute;s de cinco minutos. En ese per&iacute;odo inicial,&nbsp; siempre se trat&oacute; de apostillas fragmentarias y sucintas sobre alg&uacute;n suceso literario, o alusiones truncadas sobre un ep&iacute;tome po&eacute;tico. Sin embargo, las veces que yo ven&iacute;a a Santiago,&nbsp; intent&aacute;bamos compartir espacio con otros poetas, en una que otra velada retra&iacute;da y ebria; aunque Gonzalo, al cabo de algunos sorbos de m&aacute;s, pod&iacute;a indisponerse de &aacute;nimo y desaparecer, imprevisto y sombr&iacute;o, en la penumbra de la calle.</p>
<p><em>Y despu&eacute;s de ir con los ojos cerrados<br />
Por la oscuridad que nos lleva,<br />
abrir los ojos y ver la oscuridad que nos lleva<br />
Con los ojos abiertos y cerrar los ojos</em></p>
<p>Mill&aacute;n era una alma esquiva. No se daba f&aacute;cilmente con aquellos que conoc&iacute;a poco. Era un gato mont&eacute;s incluido en la ciudad por aversi&oacute;n a la gleba.&nbsp; Yo, por mi parte, nunca fui un eremita en mis or&iacute;genes porte&ntilde;os, sin embargo, los a&ntilde;os fueron laborando el instinto biol&oacute;gico hacia el retraimiento. Ser&iacute;an las tormentas, miradas desde el faro Punta &Aacute;ngeles, en la infancia, las que a fuerza de&nbsp; estrellarse contra los arrecifes de la adultez,&nbsp; desencadenaron estas inaguantables apat&iacute;as.</p>
<p>C&oacute;mo definir entonces mi amistad con Gonzalo, la que, a&uacute;n con esos encuentros adustos, eran de una cordialidad austera, de viejos batracios sigilosos. Logramos mantener ese ecuanimidad atmosf&eacute;rica, as&iacute;,&nbsp; durante d&eacute;cadas, en calidad de tertulias admisibles con sesgo de suspenso.</p>
<p>Los a&ntilde;os de la dictadura nos hizo partir en diferentes direcciones. &Eacute;l parti&oacute; a Panam&aacute; primero, despu&eacute;s pas&oacute; un a&ntilde;o en Costa Rica y posteriormente, lo que podr&iacute;a resultar inveros&iacute;mil para un poeta arraigado a su lengua, vivi&oacute; un tiempo alargado en Canad&aacute;.&nbsp; Yo, de Argentina a Rumania y de all&iacute;, largos a&ntilde;os en Suecia, a las orillas del B&aacute;ltico.</p>
<p><strong>EL A&Ntilde;O DEL ENCUENTRO DE LA DI&Aacute;SPORA </strong></p>
<p>Nos volvimos a reencontrar en R&oacute;tterdam, en el Primer encuentro de poes&iacute;a chilena en la di&aacute;spora, el a&ntilde;o 1981. El ven&iacute;a de Canad&aacute;, de Montreal, donde hab&iacute;a publicado ese fascinante libro: <em>La ciudad</em> ; yo hab&iacute;a hecho un viaje largo en tren con mis amigos poetas, Sergio Infante y Carlos Geywitz, a trav&eacute;s de Dinamarca, donde Infante perdi&oacute; sus pantuflas <em>cumplea&ntilde;eras,</em> y Alemania. Llegamos muy temprano en la ma&ntilde;ana a ese puerto holand&eacute;s, con los vestigios de las &uacute;ltimas botellas de g&uuml;isqui que nos quedaban en las alforjas. En la Casa Chile, en las estaci&oacute;n Blaak , nos esperaba el anfitri&oacute;n,&nbsp; Hugo Bascu&ntilde;an y tambi&eacute;n, aquellos que hab&iacute;an llegado en la madrugada: Mauricio Redol&eacute;s, Tito Valenzuela,&nbsp; Walter Hoefler, Cecilia Vicu&ntilde;a y entre ellos, Gonzalo.</p>
<p>Los tres d&iacute;as de ese primer reencuentro, fueron de una intensidad aluvi&oacute;nica, para todos nosotros. Lecturas, ponencias, saludos (entre ellos el de Lihn)&nbsp; e indudablemente una secuela interminable de brindis y convites alcoh&oacute;licos, como acicate para enmendar aquellas conversaciones que quedaron interrumpidas por la dictadura y por la di&aacute;spora postrera.</p>
<p>Comenzamos muy&nbsp; bien esa jornada de reminiscencias y de enmiendas, hasta que poco a poco se empez&oacute; a restituir la memoria gastada,&nbsp; y surgieron las excoriaciones, los viejos tutelajes manipuladores, fundamentalmente, de parte de algunos advenedizos e importunas, que luego har&iacute;an compilaciones burdas y mistificadoras de los personajes, de su obra y del grupo de poetas.</p>
<p>Recuerdo que con Grillo Mujica y con Antonio Ar&eacute;valo, organizamos una <em>seance </em>que consist&iacute;a en que cada poeta deb&iacute;a hacer una imitaci&oacute;n gestual y del timbre cadencioso de voz de Neruda. Uno a uno fueron pasando los convocados, en la medida en que yo los iba nombrando. Recuerdo que Crist&oacute;bal Santa Cruz, hac&iacute;a un acompa&ntilde;amiento al piano y Radomiro Spotorno, escoltaba al exhortado desde su asiento hasta el proscenio. M&aacute;s de una docena de poetas, homenaje&oacute; de esta forma, a nuestro N&oacute;bel, hasta que llam&eacute; a Gonzalo a subir al estrado. Hasta ese momento hab&iacute;a estado silencioso y escuchaba a los histriones, desde la lejan&iacute;a, mordiendo un cigarrillo, despu&eacute;s de cada bocanada profunda. Camin&oacute; con la escolta hasta el tablado, cogi&oacute; el micr&oacute;fono y con voz rugiente y cavernosa prorrumpi&oacute;: &ldquo;&iexcl; …Maricones…hijos de puta…cabrones de mierda! Luego se retir&oacute; concentrado en su frenes&iacute; y desapareci&oacute; del local, hasta el d&iacute;a siguiente, cuando enmara&ntilde;ado y marchito, nos cont&oacute; que se hab&iacute;a perdido en la vastedad de la noche de R&oacute;tterdam y sus bares.</p>
<p><strong>ESTOCOLMO: LECTURAS A ORILLAS DEL B&Aacute;LTICO </strong></p>
<p>Luego nos volvimos a reunir en Estocolmo, Suecia, cuando en octubre de 1989 organic&eacute;, con el valioso aporte de la escritora sueca Sun Axelsson, el c&oacute;nclave po&eacute;tico <em>La reconstrucci&oacute;n del tiempo</em> para reunir por primera vez, en la postrimer&iacute;as del exilio, a los poetas del &eacute;xodo con sus cong&eacute;neres del Chile Interno. De&nbsp; Chile acudieron, Carmen Berenguer, Teresa Calder&oacute;n, Andr&eacute;s Morales, Diego Maquieira y Elicura Chihualaf y, por nuestro lado, de los que permanec&iacute;an en Europa, acudieron una gran parte, de los que resid&iacute;an entre Espa&ntilde;a y el Polo Norte. Gonzalo estaba plet&oacute;rico de ideas y proyectos, porque&nbsp; ya planeaba su retorno a Santiago.</p>
<p>Durante las memorables jornadas b&aacute;lticas, en la trapisonda de coloquios y lecturas mientras nac&iacute;a en un hospital de las cercan&iacute;as, mi hija Rebecca, volvimos a&nbsp; dejar una estela de di&aacute;logos inconclusos, ya sea,&nbsp; en el Museo de Arte Moderno,&nbsp; la  Universidad de Estocolmo,&nbsp; o en el Caf&eacute; 44 , en la isla de S&ouml;dermalm. Esta vez no hubo ninguna puesta en escena de alg&uacute;n remedo po&eacute;tico, aunque el uruguayo Roberto Mascar&oacute;, intent&oacute;, poner en ambiente,&nbsp; su propia <em>performance</em>, en conjunto con el argentino, Cristi&aacute;n Kupchick .</p>
<p>Ya de regreso, en su primera o segunda vuelta a Santiago, a comienzos de los noventa, lo visitamos con Juan Cameron&nbsp; en el barrio Bellavista; Gonzalo viv&iacute;a, en esos d&iacute;as, una etapa ser&aacute;fica.</p>
<p>Conversamos de su revista <em>El esp&iacute;ritu del valle</em> , recuerdo que tambi&eacute;n aludimos a las dificultades del retorno, la escasa lectura de poes&iacute;a y acerca de las nuevas generaciones de poetas.</p>
<p>Una vez que ambos nos radicamos en Santiago, participamos en una serie interminable de actividades literarias y acad&eacute;micas. Gonzalo no era de aquellos que le gustara sostener una conversaci&oacute;n telef&oacute;nica; yo tampoco, sin embargo, su casilla postal <em>zonaglo</em>@.… ( su propio nombre enmascarado) sol&iacute;a servir para alg&uacute;n escueto intercambio de mensajes.</p>
<p><strong>LAS REFLEXIONES DE LOS A&Ntilde;OS CUERDOS</strong></p>
<p>La &uacute;ltima vez que hablamos largo, en mayo de este a&ntilde;o, me pareci&oacute; que su lenguaje retra&iacute;do,&nbsp; pausado y consistente,&nbsp; era menos esquivo y reservado que en otras ocurrencias. En aquella ocasi&oacute;n dialogamos de nuestras man&iacute;as, de nuestros miedos y de c&oacute;mo enfrent&aacute;bamos la escritura en esta &eacute;poca reflexiva. Me dijo que trabajaba, generalmente, sobre una mesa espaciosa, nutrida de libros, recortes y l&eacute;xicos, donde compon&iacute;a con actitud de alba&ntilde;il, las arcillas que completar&iacute;an el&nbsp; poema que creaba. &quot;Nunca me contento sino hasta completar, decantadamente, con cada una de las partes de la edificaci&oacute;n imaginaria&quot; &ndash;me dijo-&nbsp; frunciendo el se&ntilde;o y mirando hacia un punto desconocido.&nbsp; Para &eacute;l, el poeta no era un mero articulador de representaciones sensoriales, sino un orfebre que cincelaba sus im&aacute;genes con denuedo.</p>
<p>Recuerdo que en esta &uacute;ltima pl&aacute;tica, me llam&oacute; poderosamente la atenci&oacute;n su calma y la ponderaci&oacute;n atenta para definir los temas que le interesaban. Yo present&iacute; — tal vez lo digo ahora con un aliento rezagado de taumaturgo tard&iacute;o — que preparaba sus &uacute;ltimas tareas y recuerdo haber anotado algunas de sus enunciaciones, cuando advert&iacute;a que &ldquo;el aliento po&eacute;tico es propagaci&oacute;n absoluta de infinidad,&nbsp; plasmaci&oacute;n de clarividencia&rdquo; . &ldquo;En la poes&iacute;a, de manera absoluta –me insisti&oacute; con voz a&uacute;n resonante-&nbsp; existe una motivaci&oacute;n de car&aacute;cter polif&oacute;nico, r&iacute;tmico. donde hay una distancia descentrada que forcejea por lograr un ajuste con el extra&ntilde;o raciocinio incierto de la realidad&rdquo;.</p>
<p>Habr&iacute;a que decir, para finalizar este texto,&nbsp; como expresa Waldo Rojas, de la po&eacute;tica de Gonzalo Mill&aacute;n: &ldquo; La poes&iacute;a de Gonzalo Mill&aacute;n es una constante interrogaci&oacute;n sobre su relaci&oacute;n con el otro y con el mundo de las cosas y los seres&rdquo;</p>
<p>* En lakuma-pusaki, revista virtual.</p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>La tangencialidad como sistema, por Rodolfo Alonso</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 12:45:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica Literaria]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Juarroz]]></category>
		<category><![CDATA[Rodolfo ALONSO]]></category>

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		<description><![CDATA[Existe sin duda toda una tendencia, dentro del fecundo, variado y rico panorama de la poes&#237;a argentina contempor&#225;nea 1, que no s&#243;lo desde&#241;a las sensualidades del lenguaje sino que aspira a erigir con su concisa ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table><tr><td><p><img class="alignleft size-full wp-image-1235" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/juarroz.jpg" alt="" width="194" height="241" />Existe sin duda toda una tendencia, dentro del fecundo, variado y rico panorama de la poes&iacute;a argentina contempor&aacute;nea <sup>1</sup>, que no s&oacute;lo desde&ntilde;a las sensualidades del lenguaje sino que aspira a erigir con su concisa sequedad una visi&oacute;n tan desacralizada como desesperanzada. Hija del cielo vac&iacute;o y del mundo sin dioses que la Diosa Raz&oacute;n termin&oacute; revelando a los hombres, y que el poder tecnocr&aacute;tico no ha hecho sino volver m&aacute;s aterrador, los autores que de alg&uacute;n modo pueden ser enrolados en ella no se conforman <span id="more-1234"></span>tampoco con la menos divina aventura de la historia y se empecinan de una u otra manera, cada cual a su modo, en un humanismo desesperado, sin salida, y no obstante, cuando se logra, tambi&eacute;n revelador y, &iquest;por qu&eacute; no?, reparador. Es la ladera en uno de cuyos extremos se empina un Girri, y en cuyas estribaciones puede encontrarse tambi&eacute;n en diferentes meridianos a Giannuzzi, Paita, Castillo, Oteri&ntilde;o, Preler, Godino, por citar s&oacute;lo a algunos.</p>
<p>Y a ese linaje admite quiz&aacute; ser referido Roberto Juarroz, nacido en la localidad bonaerense de Coronel Dorrego en 1925, y a quien se podr&iacute;a acusar de cualquier cosa menos de falta de persistencia. Su obra, de ya respetable envergadura, constituye pr&aacute;cticamente desde el comienzo una tozuda y continua indagaci&oacute;n sobre verdades &uacute;ltimas, signo de una inquietud pr&aacute;cticamente ajena a los avatares de la Naturaleza y de la Historia (al menos, en apariencia), que no registra en sus libros y poemas m&aacute;s que un solo y mismo t&iacute;tulo: <em>Poes&iacute;a vertical</em>, al mismo tiempo quiz&aacute; ingenuo y ambicioso, y que considera a la poes&iacute;a antes bien una herramienta de conocimiento que un mero instrumento de revelaci&oacute;n.</p>
<p>Por una reducci&oacute;n al absurdo que no carece de sentido, as&iacute; como una raz&oacute;n extremadamente razonante nos ha conducido de alg&uacute;n modo a un universo de sinraz&oacute;n, donde vivimos por ejemplo casi literalmente apartados de la vida, tambi&eacute;n Juarroz pretende acaso alcanzar un m&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n, como quisieron asimismo los surrealistas pero, a diferencia de estos, y obviamente en direcci&oacute;n opuesta, sin abandonar nunca el uso de la raz&oacute;n. Lo que no deja de ofrecer sus riesgos y marca tambi&eacute;n, qui&eacute;rase o no, voluntariamente o no, los l&iacute;mites de su aventura, que siempre ha de oscilar sobre el abismo que separa a la prosa filosofante, por lograda que sea (&ldquo;En el mismo pensar est&aacute; el vac&iacute;o&rdquo; o &ldquo;La realidad carece de escr&uacute;pulos&rdquo;), de la poes&iacute;a realmente encarnada (&ldquo;As&iacute; la luz ata la noche&rdquo; o &ldquo;La noche est&aacute; aqu&iacute;&rdquo;).</p>
<p>Hay otra virtud que debe serle reconocida. Y es, junto con la constancia, la de no hacer concesiones de ning&uacute;n tipo. Atenida a su objeto, ni modesta ni orgullosa, su palabra contin&uacute;a martillando sin pausa contra la rugosa y refractaria realidad, buscando reiteradamente una tercera v&iacute;a, una quinta dimensi&oacute;n que pueda ser realmente la salida &ndash;nunca la coartada– de tanta angustia (&ldquo;No hay lenguaje ni fuego ni distancia / ni color ni pasi&oacute;n ni consistencia / ni alrededor ni centro ni abandono / que nos exima de esta coacci&oacute;n constante: / la noche nos aplasta contra la noche&rdquo;). En tal camino choca, cae y se levanta una y otra vez, como S&iacute;sifo, tan terriblemente humano, y tambi&eacute;n como ese &ldquo;hombre de la continua obsesi&oacute;n&rdquo; al que Ra&uacute;l Gustavo Aguirre (y Pavese antes que &eacute;l) identificaba con el poeta. El texto no es siempre, entonces, un universo aut&oacute;nomo y coherente, concretado en s&iacute; mismo, un leg&iacute;timo ser vivo hecho de lenguaje, sino muchas veces el testimonio lacerante de esa lucha, el testimonio de una ca&iacute;da que no es s&oacute;lo la del artista sino la del hombre mismo y que por eso nos resulta doblemente &ndash;humanamente– tocante.</p>
<p>Si no se ve fraternidad, amor, hero&iacute;smo, instinto, dioses, para&iacute;so ni infierno, quiz&aacute; s&oacute;lo nos quede (como pide en cierto modo el budismo, como dice Juarroz) &ldquo;la beatitud de una existencia tangencial&rdquo; <sup>2</sup>, lema que bien podr&iacute;a ostentar toda su obra. Y tambi&eacute;n la soberana ambici&oacute;n, irrenunciable aunque sin porvenir, de que por lo menos &ldquo;todo se disfraza de hombre&rdquo;. A riesgo de perderse, a riesgo de caer en su propia ret&oacute;rica, Juarroz ha sabido continuar su camino &ndash;que es s&oacute;lo aparentemente solitario–, y si rechina a veces, sin duda en busca de alguna precisi&oacute;n (como cuando habla de &ldquo;entremirar ensimismado&rdquo;, &ldquo;contornos apelmazados&rdquo; o &ldquo;semitextos enlazados&rdquo;), en otras se logra plenamente, d&aacute;ndonos la conciencia de estar ante un Juarroz aut&eacute;ntico (&ldquo;Poner junto a la alegr&iacute;a por la hoja que est&aacute; / la alegr&iacute;a por la hoja que no est&aacute; / y con ambas construir la alegr&iacute;a / por la hoja que ni est&aacute; ni no est&aacute;. // Aunque apenas alcance / para ocupar el espacio / de la hoja que falta en el pensamiento&rdquo;), y en otras se supera, m&aacute;s all&aacute; de sus l&iacute;mites, m&aacute;s all&aacute; de sus razones y de su raz&oacute;n, all&iacute; donde impera inefable la mism&iacute;sima poes&iacute;a (&ldquo;Reflejo de lo que pasa en lo que pasa. / Ning&uacute;n espejo fijo. / Cuerpo de agua, / viento en las venas de las cosas. // Universo incompleto: / falta donde mirarse, / falta la voz, el tiempo, el sue&ntilde;o inm&oacute;vil, / falta un seguro asilo de la imagen&rdquo;).</p>
<p><strong>Una desconfianza visceral</strong></p>
<p>Por aquellos felices tiempos presocr&aacute;ticos (de los que siempre el inmenso Her&aacute;clito, claro, pero tambi&eacute;n Parm&eacute;nides o Zen&oacute;n por ejemplo, ser&aacute;n resplandecientes paradigmas) en que a&uacute;n no se hab&iacute;a dividido a la filosof&iacute;a y a la poes&iacute;a como dos compartimientos estancos, separados, con dominios distintos y casi impenetrables entre s&iacute;, tampoco podr&iacute;a haberse asumido esa escisi&oacute;n, como desgraciadamente despu&eacute;s lleg&oacute; a ocurrir, <em>profesionalmente</em>. El logos griego era al mismo tiempo palabra, verdad y realidad, y no se limita ni se parcializa sino que por el contrario se abre, se expande, se mantiene disponible &ndash;conserv&aacute;ndose uno– para la diversidad, para el cambio. Algo de eso hay en la forma par&aacute;bola elegida por Cristo y, para otras religiones, en los textos jas&iacute;dicos o suf&iacute;es. La idea o su razonamiento no son presentadas en forma discursiva, lineal, pretendidamente discursiva, sino que se encarnan en la mism&iacute;sima llama del lenguaje vivo, como una evidencia y no como una disquisici&oacute;n. Algo acerca de lo cual las modernas y crecientes investigaciones cient&iacute;ficas sobre el lenguaje han venido a traer un cuasi inesperado, insospechado aporte.</p>
<p>Aquella escisi&oacute;n de que habl&aacute;bamos se mantiene como una herida abierta a todo lo largo del devenir de la cultura occidental. E intent&oacute; &ndash;y logr&oacute;– ser soldada una y otra vez por las grandes individualidades o los grandes movimientos. En la poes&iacute;a argentina del siglo veinte (la poes&iacute;a de una literatura que hab&iacute;a nacido el siglo anterior con dos libros tan contundentemente realistas y comprometidos como <em>El matadero</em> o el <em>Facundo</em>, pero en la cual no deja de circular tambi&eacute;n aquella inefable &ldquo;sombra doliente&rdquo; del <em>Santos Vega</em>), se acent&uacute;a en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas <sup>3</sup> una vigorosa corriente que podr&iacute;amos denominar parafilos&oacute;fica, en la que &ndash;al menos a primera vista, en superficie– la inteligencia y el razonamiento predominan sobre el sentimiento y sobre la pasi&oacute;n. Un ejemplo extremo de esa tendencia bien podr&iacute;a la obra de un Girri, parad&oacute;jicamente colmada de &eacute;xito por lo menos institucional en nuestro medio, o (de un modo similar pero a la vez distinto) tambi&eacute;n la de Juarroz, que ha sabido cobrar en cambio bastante resonancia en el exterior.</p>
<p>En este &uacute;ltimo, una desconfianza pr&aacute;cticamente visceral nte la vida (&ldquo;fatal repetici&oacute;n de un sonido inexistente&rdquo;) <sup>4</sup> y ante el lenguaje (&ldquo;Las palabras semejan alas disecadas&rdquo;), se sublima o se aplaca &ndash;a mi modesto entender&mdash;mediante la recurrencia a una entrevista (o al menos invocada) tercera posibilidad, tercera salida (&ldquo;Una soledad dentro. / Otra soledad afuera. / Y en la puerta retumban los llamados. // La mayor soledad / est&aacute; en la puerta&rdquo;, &ldquo;Respiraci&oacute;n en el abismo / o respiraci&oacute;n del abismo. / Y quiz&aacute; m&aacute;s todav&iacute;a: / respirar el abismo&rdquo;). Ese artificio simpat&eacute;tico se hab&iacute;a convertido ya en uno de los hallazgos de Juarroz, le ha deparado momentos que incluso lo identifican pero, en la reiteraci&oacute;n, corre el riesgo de perder su eficacia y de transformarse, adem&aacute;s, de descubrimiento en ret&oacute;rica. Y aquella desconfianza (&iquest;la n&aacute;usea sartreana?) ante la carencia de un asidero &uacute;ltimo, reflejada en las mismas imposibilidades del lenguaje (&ldquo;la experiencia sin verbo / de una nada concreta&rdquo;), ser&iacute;a parad&oacute;jicamente en sus mismas carencias met&aacute;fora de la otra carencia esencial de nuestra condici&oacute;n, con lo que la ausencia habitual de im&aacute;genes en esta escritura, su parquedad o sus excesos, y aun sus rebarbas, sus chirridos, se convertir&iacute;an as&iacute; –&iquest;reducci&oacute;n al absurdo?– en significantes (&ldquo;Decirlo / sin la palabra agreste del lenguaje&rdquo;).</p>
<p>Se&ntilde;alar entonces los momentos en que nos parece ver a esta escritura deslizarse en lo chocante (&ldquo;prorrateo abierto del mirar&rdquo;, &ldquo;menguado alquitr&aacute;n&rdquo;, &ldquo;espalda de fervor restituido&rdquo;, &ldquo;funambulesco histri&oacute;n&rdquo;, &ldquo;caleidoscopio autoverbal&rdquo;, &ldquo;las p&aacute;lidas secuencias retorcidas, / las agendas vigiladas, / las ebriedades ficticias&rdquo;) cuando no en lo horr&iacute;sono o en lo directamente prosaico (&ldquo;publicidad subliminal&rdquo;, &ldquo;Segundo y principal&rdquo;, &ldquo;la aplicaci&oacute;n de una discret&iacute;sima posolog&iacute;a&rdquo;, &ldquo;Este ejercicio / debiera ser trasladado a otro lugar. / Aqu&iacute; no se dan las condiciones / para cumplirlo con &eacute;xito&rdquo;, &ldquo;En esta situaci&oacute;n / es dif&iacute;cil abrir bien las ventanas&rdquo;), bien podr&iacute;a provocar una agridulce mirada en el autor (&ldquo;El lugar de la palabra / es siempre otro&rdquo;), en cuya labor el lenguaje no es m&aacute;s que un instrumento a sabiendas imperfecto para una percepci&oacute;n que se sabe incompleta. Sin embargo, entre la &ldquo;cruel transparencia&rdquo; y &ldquo;la barbarie de la muerte&rdquo; &ndash;dos magn&iacute;ficos hallazgos–, de espaldas a la fraternidad (&ldquo;esos roces que llamamos los otros&rdquo;) y la vida social o cotidiana (&ldquo;la historia o sus flacos suced&aacute;neos&rdquo;), una &eacute;tica casi budista (&ldquo;Hacerse a un lado, abstenerse&rdquo;, &ldquo;quedarse al margen&rdquo;) eleva aqu&iacute; su &aacute;rida y &aacute;vida &ndash;cuando no &aacute;cida– evidencia de una experiencia en los l&iacute;mites que de alg&uacute;n modo se transmite a nosotros, m&aacute;s all&aacute; o m&aacute;s ac&aacute; de sus alcances espec&iacute;ficamente literarios. Y, como suele ocurrir en casi toda obra, en alg&uacute;n momento mucho m&aacute;s que en otros: &ldquo;Recuperar figuras del sue&ntilde;o / como quien gana terreno al mar / y fundar en esa m&iacute;nima playa / el temblor de un peque&ntilde;o poema. // Devolver luego el sue&ntilde;o al sue&ntilde;o / y cerrar el circuito, / porque el sue&ntilde;o no puede estar mucho / afuera del sue&ntilde;o. // As&iacute;, casi sin haberlo buscado, / quedar&aacute; entre las palabras del poema / un poco del perfume del fondo.&rdquo;</p>
<p><sup>1</sup> Estas palabras fueron escritas en 1984. Arduo ser&iacute;a intentar actualizarlas a la luz de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. (N. del A.)</p>
<p><sup>2</sup> Esta y todas las otras citas de la primera parte pertenecen a <em>Octava poes&iacute;a</em> <em>vertical</em>, de Roberto Juarroz, publicada por la editorial Carlos Lohl&eacute;, Buenos Aires, 1984. (N. del A.)</p>
<p><sup>3</sup> Escrito en 1987. (N. del A.)</p>
<p><sup>4 </sup>Todas las citas de esta segunda parte pertenecen a <em>Novena poes&iacute;a vertical</em> / <em>D&eacute;cima poes&iacute;a vertical</em>, de Roberto Juarroz , editado por Carlos Lohl&eacute;, Buenos Aires, 1987. (N. del A.)</p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>La   necesidad del soberano, &#8220;Percepciones de La Mala Vida Porte&#241;a de Rodolfo Kusch&#8221; por Diego Cartes</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 12:43:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica Literaria]]></category>
		<category><![CDATA[Rodolfo Kusch]]></category>

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		<description><![CDATA[
I
 
a Florencia Isidora
&#8220;Ya no tengo ni encuentro palabras
con qu&#233; pedir misericordia&#8221;
Roberto Arlt

&#8220;La erudici&#243;n es siempre mala consejera
para entender al pueblo&#8221;
Rodolfo Kusch

No tengo palabras para terminar el d&#237;a ni espacio donde pueda concluir mi cigarro ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table><tr><td><p><img class="alignleft size-medium wp-image-1232" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/OCÉANO-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></p>
<p>I</p>
<p><em> </em></p>
<p align="right"><em>a Florencia Isidora</em></p>
<p align="right">&ldquo;Ya no tengo ni encuentro palabras</p>
<p align="right">con qu&eacute; pedir misericordia&rdquo;</p>
<p style="text-align: right;">Roberto Arlt</p>
<p align="right">
<p align="right">&ldquo;La erudici&oacute;n es siempre mala consejera</p>
<p align="right">para entender al pueblo&rdquo;</p>
<p style="text-align: right;">Rodolfo Kusch</p>
<p align="right"><span id="more-1231"></span></p>
<p>No tengo palabras para terminar el d&iacute;a ni espacio donde pueda concluir mi cigarro que comenc&eacute; a fumar en la ma&ntilde;ana antes del trabajo. Poca integridad le queda, por estos d&iacute;as, a mi <em>pega.</em> Subo a la micro y la propuesta es la siguiente: recrear la lectura en el aula. Fuera de ella nadie se atreve. Alguien que no est&eacute; en los libros oficiales es maldecido a su suerte y en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, ni siquiera se nombra. Aquella lectura no se encuentra dentro de los par&aacute;metros de eso que llamamos socialmente &lsquo;hacerse un lugar en la vida&rsquo; y por lo mismo ya nadie cree en los libros ni menos en las palabras que no comprendan el <em>ser algo.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Poco adecuada resulta describir la rutina por estos d&iacute;as. Hay escasa instrucci&oacute;n en dichos de pueblo, en versos de calle, en la po&eacute;tica de las veredas y su gente y en culturas insubordinadas. El ideal ilustrado ha mostrado sus l&iacute;mites, ha denostado la palabra creadora, aquella que no est&aacute; en los libros ni en las grandes academias. La comunicaci&oacute;n se esgrime en diccionarios y en lo estrictamente aceptado por la gente. El acto de comunicaci&oacute;n se forja en la expresi&oacute;n y se pierde en la naturaleza de lo comunicado. Por ello pregunto por mi, y se me hace necesario al final del d&iacute;a preguntar por mi, como dice Kusch: vuelvo a lo sagrado del&nbsp; <em>pa&rsquo; mi.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Y en el mon&oacute;culo de lo general se empe&ntilde;a en sobrevivir eso que llamamos estar. <em>Estar</em> para terminar donde mismo. El <em>estar</em> que me descifra, que, al parecer, no se altera sabiendo que se volver&aacute; despu&eacute;s de tanto tiempo a su pregunta. Pero, &iquest;por qu&eacute; la tardanza?, &iquest;Acaso ello es pregunta universal? &iquest;Acaso esta dicotom&iacute;a es producto de alguna &eacute;poca? Al parecer no. O tal vez haya una tercera puerta donde desalojar esta cotidianeidad que legitiman unas personas sobre otras. Pero, est&aacute; claro: con el otro me construyo y no puedo dejar de fundar y crear con ese pa&rsquo; m&iacute; que piensa oculto en alg&uacute;n dormitorio de este mundo.</p>
<p>Es la mala vida que se impregna en Latinoam&eacute;rica por un uso descuidado del lenguaje, es Kusch, en el pr&oacute;logo, quien con ah&iacute;nco denota el mal uso de &eacute;l para resolver ciertas ecuaciones cotidianas. Para un <em>darse cuenta</em> que no vive en nosotros sino sobrevive en conclusi&oacute;n con el otro. Llama la atenci&oacute;n que desde la formaci&oacute;n de nuestras naciones se cultive el ideal de hombre europeo y que su contribuci&oacute;n sea arquet&iacute;pica cuando bien sabemos que es esta apreciaci&oacute;n del lunfardo lo que lleva a pensar que hay algo m&aacute;s all&aacute; de la tradici&oacute;n. En este aprender de cat&aacute;logos se vislumbra la sacrificada humanidad que debe sostener el pa&rsquo; mi dividi&eacute;ndose en defensa propia.</p>
<p>Vuelvo al acontecer del laboro. Pienso que mis palabras, luego de llegar a mi lugar de trabajo, tratar&aacute;n de contener este infame sentimiento de alzamiento de la plebe, m&aacute;s todav&iacute;a cuando creo en los probables resultados que a estas alturas distan de ser un alzamiento. Llego a la convenci&oacute;n del <em>ser</em> y no puedo m&aacute;s que aprovechar ciertas ocasiones para comentar sobre la materialidad de la <em>pega</em> y doy con el fruto que es necesario cosechar, pero se diluye desierto, impregnado de muros, con el <em>mal de ojo</em> a diestras para que no prolifere en campo equ&iacute;voco. Vuelvo la vista hacia m&iacute; y calculo el tiempo que he perdido. Dificultoso entender. Me voy pa&rsquo; entro e imploro salir de mi lugar para regocijo del buen ciudadano, para no descuidar el lenguaje y los c&oacute;digos ambiguos en los cuales se mueve mi pega en su af&aacute;n de <em>el</em> logro perpetuado de las instituciones: brindar apoyo a quien m&aacute;s lo necesita, educarlo y manifestarle su instrucci&oacute;n para que sea alguien en la vida. No puedo sustraerme, algo de mi dejo all&iacute;. Y lo comprendo cuando llego a mi casa y enciendo la radio.</p>
<p><strong>II</strong></p>
<p align="right">&ldquo;&hellip; si seguimos as&iacute; alg&uacute;n d&iacute;a</p>
<p align="right">el pueblo fundar&aacute; su propia naci&oacute;n&rdquo;</p>
<p align="right">Rodolfo Kusch</p>
<p>Por cierto que en el texto hay cr&iacute;tica social, fundamentalmente hecha a la clase media, quien aturdida y moribunda ve pasar sus d&iacute;as dej&aacute;ndose ser. Una clase que ensimismada ha desvariado su discurso de vida. Que ha tomado como consigna el discurso oficial. Una clase que ha tomado el control de los principales accesos a la comunicaci&oacute;n para no ser de verdad, para no mostrarse como <em>es</em> en medio de la vor&aacute;gine muda de la gran capital, pero no s&oacute;lo de ella, sino de un mundo que rota raudamente y que manifiesta claros indicios de seudo control &ldquo;<em>somos muy vulnerables a la verdad y siempre haremos diarios pomposos que controlen la vida cultural del pa&iacute;s para evitar que se nos aparezca nuestra verdadera cara&rdquo;</em>. (Kusch, 1966)</p>
<p>Lo que llama principalmente la atenci&oacute;n es la capacidad de predicci&oacute;n del fil&oacute;sofo argentino. Estamos hablando de la d&eacute;cada de los sesenta, que si bien representa una &eacute;poca bastante convulsionada en que priman las oportunidades sociales y de cambio, Kusch mira proyect&aacute;ndose en el tiempo para efectivamente desnudar esa verdad oculta en el continuo andar de una naci&oacute;n ahogada por el yo. Su mensaje no se acaba ac&aacute;, lo suyo pretende ser una reflexi&oacute;n del individuo en su hacer social y espiritual, sin embargo logra traspasar aquella barrera donde se divide el individuo en el p&aacute; mi y en el otro, transformando su discurso en una especie de &eacute;tica que tratar&aacute; justamente de resolver el puzzle social de su pueblo en relaci&oacute;n con nosotros mismos.</p>
<p>Hay detr&aacute;s de esta cr&iacute;tica una lectura mayor, en cuanto Kusch rescata la palabra del bajo pueblo. Describe las principales falencias de un aparato burgu&eacute;s, lo conoce y sabe c&oacute;mo funciona; sin embargo su mayor preocupaci&oacute;n es rescatar el mensaje que vive en los m&aacute;rgenes, los que se van temprano del trabajo para el <em>pa&rsquo; mi</em> pero saben dar a los otros. Culpa al ciudadano de una extrema entrega a ese <em>ser alguien</em> que pretende uniformarnos en cadena, en serie para mantener un orden m&aacute;s menos corriente.</p>
<p>La diferencia es peligrosa&hellip; <em>exaltamos una laboriosidad hip&oacute;crita para escabullir la aventura del sacrificio, al &uacute;nico efecto de conseguir cuatro cosas que rateamos a la gran ciudad, siempre en el criterio de la regla de tres simple, sumando vida, ciencias y cultura (&hellip;) &iquest;Y qu&eacute; somos en suma? Pues una clase media que, al dejar de ser pueblo perdi&oacute; su hero&iacute;smo. </em>(Kusch, 1966)</p>
<p>Hay en esta cr&iacute;tica un mirarse hacia adentro. Un encontrarse con nosotros mismos. Kusch encuentra fuera de la ciudad lo que carece ella misma. El motivo es el desgaste que ha sufrido el individuo en su invariable forma de sobrevivir en la ciudad, caracterizando de diversas maneras su lenguaje para acomodarse a un rol que no siempre es su reflejo. Una moral que procura reunirse con los de afuera, pero que choca precisamente en este momento cuando se ampl&iacute;an las necesidades. Necesidades de ser alguien a cualquier precio. <em>&ldquo;&iquest;Ser&aacute; propio de la ciudad moderna, eso de mantenerlo a uno en una ida constante, haciendo cosas, levantando empresas, progresando, sin saber ad&oacute;nde ir&aacute; a parar todo,&nbsp; con nuestra humanidad triturada por el trabajo diario?&rdquo;. </em> (Kusch, 1966)</p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Pero de d&oacute;nde viene todo esto? Cu&aacute;l es el impulso de la clase media por avanzar? Kusch habla de una segregaci&oacute;n, de una falta de identidad en la clase burguesa que se origina principalmente en una falta de sacrificio. Ese salto social que es no sacrificarse para lograr algo, la no existencia de un armado para construir la vida. Al no existir esta etapa el individuo se cosifica, vive la experiencia del no-ser. Pero se debe armar una para construir su vida <em>&iquest;qu&eacute; significa entonces realmente que el hijo se arme para la vida? Pues parece ser una formula cuya primera parte se refiere a una construcci&oacute;n y la segunda a un antagonista peligroso, la vida</em> (Kusch, 1966) En definitiva armarse contra la vida. Un seudo control que mantienen las instituciones para un futuro sin altibajos. El discurso arm&oacute;nico que invita a la instrumentalizaci&oacute;n del pensamiento, precisamente para ser alguien. Ese alguien que fundar&aacute; nuevas sociedades y que no podr&aacute; desprenderse de lo vital que es hacerse un lugar en la vida sin ning&uacute;n tipo de sacrificios. Armarse es existir cosificado contra un muro invisible que funda la misma corriente tosca que encierra este ideal arrastrado. Armarse es no ir ni venir.</p>
<p><strong>III</strong></p>
<p align="right">&ldquo;&iquest;D&oacute;nde habr&aacute; una ciudad en la que alguien silbe un tango?</p>
<p align="right">&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n, d&oacute;nde est&aacute;n<br />
los camiones de basura, mi vieja y el caf&eacute;?<br />
Si esto sigue as&iacute; como as&iacute;, ni una triste sombra quedar&aacute;,<br />
ni una triste sombra quedar&aacute;&rdquo;</p>
<p style="text-align: right;">Luis Alberto Spinetta</p>
<p>De mi abuela escuche alguna vez que la imaginaci&oacute;n era la mejor aliada para contrarrestar la influencia de la realidad. Ten&iacute;a la verdad ante m&iacute;. Siempre estamos regalando algo de nosotros a eso que nos rodea para que ella no sea tan vertiginosa y cruel. Es la forma de vincularnos con ese otro, con esos otros que me rodean y que tal vez tengan la misma fortaleza o la misma debilidad para zafar de lo com&uacute;n, para volver a ese sagrado lar que es nuestra intimidad.</p>
<p>Pero, &iquest;qu&eacute; es eso de buscarme en cada sitio donde voy? &iquest;Por qu&eacute; la vuelta hacia adentro se manifiesta en cada periplo y en cada situaci&oacute;n? Estamos claros que para sustraerse de ese alguien que me desnuda a diario. La intimidad surge como una defensa infranqueable para compensar ese sitial sagrado de mi persona en la sociedad. Deseo <em>encontrar mi pesada y total</em> <em>humanidad</em> para divulgarla. Ese adentro que lucha continuamente con lo de afuera.</p>
<p>Y en la micro se situaba mi pa&rsquo; mi convencido de fraternidad, de alusiones intimas con tal de hacer menos tormentoso el trabajo. Mi recinto sagrado se volvi&oacute; en contra de lo estrictamente aceptado por los otros, pero no pod&iacute;a especular, el signo de lo profano conven&iacute;a no detallar m&aacute;s all&aacute; de lo requerido. <em>Para movernos en la realidad sin tener problemas, nos urge verla como una prolongaci&oacute;n del pa&rsquo; mi, casi como si pusi&eacute;ramos en ella otro pa&rsquo; mi.</em> (Kusch, 1966)</p>
<p><em> </em></p>
<p>Y ah&iacute; est&aacute; ese mundo al que me integro decor&aacute;ndolo con algo de m&iacute;. El antagonismo pleno de sospechas que espera la hora de salida para desbordarse. Es entonces cuando espero encontrarme con cosas pendientes, con palabras desiertas en alguna conversaci&oacute;n mundana donde el otro me cosifica con sus logros, donde el otro me desnuda por un futuro mejor. Ah&iacute; est&aacute; el otro para confiarme su destino trivial con tal de fortalecer su humanidad.</p>
<p>Pero necesito a los contrarios para recrear. He aqu&iacute; la concepci&oacute;n &eacute;tica en Kusch. Es preciso reafirmar a la gente para no perderse. <em>S&oacute;lo dividiendo as&iacute;, conseguimos cumplir con nuestra &eacute;pica menor, la de estar en el fondo de la calle, siempre jugando entre las cosas pa&rsquo; mi y las cosas pa&rsquo; los otros, para sentir que nuestra vida corre de un lado al otro y tener siempre un sentido que lo acompa&ntilde;a. </em>(Kusch, 1966)<em> </em> Pero la gente colabora a ese encierro del pa&rsquo; mi de forma majestuosa, el otro justifica mi observaci&oacute;n de lo que ocurre tras mi lado. Sigo buscando a la gente para adentrarme.</p>
<p>El conflicto es el constante desamor, el desafecto. El otro siempre exige continuamente y ah&iacute; estamos nosotros reforzando nuestro sagrado lugar, quebrando esta comunicaci&oacute;n para encontrar en nuestra estreches una defensa, un di&aacute;logo que nos mantenga activos. Imponemos nuestra intimidad con la fragilidad del que <em>pa&rsquo; mi</em> importa para que no nos duela lo externo.</p>
<p>Vuelvo a mi mansarda a fundar mi propia ciudad, a protegerme de alg&uacute;n vestigio pendiente que ahuyenta en demas&iacute;a mi estancia. <em>&iquest;Qu&eacute; tremenda falta de afecto nos habr&aacute; llevado a dividir el mundo entre lo que es pa&rsquo; mi y lo que es pa&rsquo; los otros? </em>(Kusch, 1966). &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el abismo que nos separa del otro? En m&iacute;, s&oacute;lo en m&iacute;. &iquest;En qu&eacute; lugar est&aacute; la ausencia de amor que legitima mi distancia con lo que me rodea? Se puede entender entonces la necesidad vital de ir y volver continuamente. Estamos volviendo para estar, salimos diariamente de nuestro lar para ser. Para ser dentro de un n&uacute;cleo que se aleja cada vez m&aacute;s de m&iacute;, pero que es necesario a fin de cuentas porque es donde me veo, no como soy sino como utilidad frente al panorama social. Pero ello no frena mi camino de vuelta, cuelgo mi overol y me defiendo del todo. Como una recreaci&oacute;n de mis estancias protejo mi <em>recinto sagrado.</em> Lo anudo en este ir y venir para no derrochar ese pa&rsquo; mi que me espera.</p>
<p>Producir, economizar, rendir como preceptos morales alejados de mi realidad me llevan enfrentar con crudeza la situaci&oacute;n que me ampara. En el contexto des-idealizado lucha equilibradamente mi humanidad con lo deshumanizado del mundo. Llego sigilosamente a observar con ah&iacute;nco lo que me protege del todo. Ahora bien, lo que no existe es la desvinculaci&oacute;n con este cosmos profano. Ser&iacute;a redundante si discuto con el, porque humanamente lo requiero para entreverar esta divisi&oacute;n apasionante de encontrarme conmigo y que me desnuden por otro. Lo que duele, y es trabajo divino prolijo es seguir ayudando al crecimiento del <em>pa&rsquo; mi</em> en condiciones obvias de encuentro con lo otro, con ello que espera algo de mi cada d&iacute;a que pasa.</p>
<h1><strong>IV</strong></h1>
<p align="right">&ldquo;Toda cultura empieza por la tierra;</p>
<p align="right">entre nosotros, la cultura ha querido</p>
<p align="right">empezar por el bachillerato&rdquo;</p>
<h3>Gabriela Mistral</h3>
<p>El <em>ser alguien</em> nos muestra dos aristas, por una la exigencia moral de seguir los c&aacute;nones sociales de contribuci&oacute;n a la patria, ya sea con trabajo y con dinero y, por otra denotar que en ello se oculta algo m&aacute;s que academicismo para entender la realidad.</p>
<p>La diferencia existe cuando ese ser alguien es legado por tradici&oacute;n, tradici&oacute;n que nos muestra el mensaje ilustrado de nuestros antepasados honorables. En que el imperativo categ&oacute;rico nos comunica que el &uacute;nico camino es <em>ser</em> ingeniero, <em>ser</em> m&eacute;dico e inclusive <em>ser m&aacute;s</em> cada d&iacute;a. Ese imperativo nos devela las jerarqu&iacute;as. El mundo se nos muestra en jerarqu&iacute;as y es cuando lo aprendido act&uacute;a para terminar con <em>ese </em>que est&aacute; m&aacute;s arriba que nosotros y que, cuestionado o no, se transforma en nuestra competencia. Cuando, bien se sabe que el &uacute;nico enemigo es uno mismo. La palabra ciega y nos niega el camino y nos muestra la pobreza del estar. <em>&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el enemigo? La verdad es que est&aacute; dentro de m&iacute;, aun cuando no est&eacute; apuntando con los ca&ntilde;ones afuera </em>(Kusch, 1966)</p>
<p><em> </em></p>
<p>El discurso formal, el de la tradici&oacute;n, nos ha procurado instruir en separar eso que llamamos cultura. Concepto entendido desde el prisma de los vencedores. Historia narrada desde tiempos ancestrales en torno a la figura del h&eacute;roe, donde al parecer todos quisieran llegar a ser producto de esa herencia de saber y conocimiento. La palabra se disfraza, se mal interpreta para ocultar lo &uacute;nico verdadero que est&aacute; ante nosotros: Ese <em>estar </em>cautivo por el progreso.</p>
<p>Ese alguien unido con la tradici&oacute;n intenta educar en productos. Reniega de la realidad subterr&aacute;nea que apacigua este saber profano. Occidente lo supera, pierde el miedo a la libertad, sus temores ejercen influencia de otros modos. Am&eacute;rica en su fecundidad teme a su verdad. Es cuando la academia pierde validez en su af&aacute;n de descubrir las verdades del pueblo, un pueblo que pretende ser alguien enterrando su memoria y en el peor de los casos, su tradici&oacute;n contemplativa. El miedo al error, la b&uacute;squeda de la muerte son los <em>sino</em> de este continente que aprende a tropiezos. Pero son esos tropiezos los que ense&ntilde;an a dilucidar esta falta de verdad por descubrir la cultura atesorada por siglos.</p>
<p>La exigencia moral de ese alguien niega el misterio. Lo traslada hacia la especulaci&oacute;n. Lo damnifica en su af&aacute;n de proseguir con las tareas que la sociedad requiere a diario. No vamos a trata de fijar mapas conceptuales para explicar la realidad en cat&aacute;logos, m&aacute;s bien traspasarlas y vencerlas para que el soberano cultive su palabra.</p>
<p>El <em>ser alguien</em> tiene su verdad en la materialidad, en la objetivaci&oacute;n de la realidad. Realidad que esmera, que se produce en objetos para ser justificada. El mundo de la academia ense&ntilde;&oacute; a obtenerlas, pero no a contemplarlas en su sabia humanidad. La tradici&oacute;n ilustrada pierde vigencia, se mortifica en su resultado y rechaza al lunfardo, aquella palabra de aliento que no est&aacute; en los diccionarios y que por ende, se desconoce. <em>&ldquo;&hellip; porque ser alguien supone la solidez de un objeto, su misma neutralidad, y con esa fijeza del edificio o de la m&aacute;quina, que siempre funciona bien, exactamente, arm&aacute;ndose sin pesta&ntilde;ear&rdquo; </em>(Kusch, 1966)<em> </em> Levantamos castillos disciplinarios para defendernos de lo que desconocemos. Trabajamos en grupo para suponer dentro de los discursos una sapiencia a favor de los nuevos tiempos. Excluimos a quien no comparte ciertos gustos por que no est&aacute; a la altura de nuestras necesidades. Comentamos y sospechamos del otro con el fin de interpretarlo y orientarlo en caso de enfermedad o hastiamiento. Ese ser alguien increpa al lunfardo en su af&aacute;n de progreso, porque este &uacute;ltimo se queja menos o en otro caso, porque no tiene la visi&oacute;n o la palabra para destacar lo que yo pienso sobre el mundo. Nos defendemos de lo desconocido, nuestra capacidad de explorar se perturba por ello que no contribuye a la estabilidad de las emociones y en &uacute;ltimo caso de mi empleo que resguardo. Instalamos rejas en nuestra casa para defendernos del otro, de mi vecino que me observa. <em>A nadie se le ocurrir&iacute;a decir que la humanidad debiera volver otra vez a ese estado acu&aacute;tico donde vida y muerte andan juntos </em>(Kusch, 1966)</p>
<p>Nos tememos a favor de nuestros resguardos espirituales que tan bien dirigido tiene ese <em>dejarse estar</em> en medio del torbellino. La cultura empieza por la tierra, por el destacado horizonte del misterio. Ese pensamiento anodino que se vuelve opaco en el momento de nuestro surgir porque en nada favorece a mi empresa de <em>ser alguien</em> en esta vida, y lo que en definitiva es un claro y transparente llamado de la tierra y un di&aacute;fano llamado de lo primitivo.</p>
<p>El concepto lleg&oacute; para cerrar puertas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>V</strong></p>
<p align="right">&ldquo;Qu&eacute; espantosa embriaguez debi&oacute; sentir</p>
<p align="right">quien sac&oacute; las cosas desde su sucia y angustiada</p>
<p align="right">intimidad para esparcirlas en forma de cultura o civilizaci&oacute;n&rdquo;</p>
<p align="right"><em>Rodolfo Kusch</em></p>
<p align="right">
<p>Vuelvo a casa a encontrar mi embriaguez, mi soterrada intimidad que no flagela a mi exterior. Es de esperar que no angustie esta idea que conmigo se muere a favor de un mundo que tormentoso viene a buscarme cada ma&ntilde;ana. En cada micro se muere, paulatinamente, mi estar. Pero no debo escabullirme entre tanto compromiso diario. Tratar&eacute; infructuosamente de recrear la lectura, de traspasar ese misterio en pos de una nueva historia. Historia que construyo desde este pa&rsquo; mi sagrado a lo profano.</p>
<p>El <em>viejo Manuel</em> viene a obsequiarme mariscos. En mi af&aacute;n social de recibirlo pregunto <em>cu&aacute;nto es? No, lo que se obsequia no tiene precio, tiene valor, </em>me contesta<em>.</em> Algo profano ha invadido mi secreta intimidad, algo del otro he tra&iacute;do de vuelta a casa. Cosas del lenguaje, dir&iacute;a Kusch. No, en ello hay una conciencia, conciencia que necesito tener y que niego, que poseo y que, por miedo a lo desconocido, abandono.</p>
<p>Vuelvo a encender la radio para buscar esa subversi&oacute;n de alguna letra <em>porque es la danza que hacemos por adentro </em>(Kusch, 1966) donde definitivamente estamos en pausa. El desahogo y el desamparo son aliadas en esta tarde que no quiere dejar de ser. Y para entenderlo descanso en eso que llamamos la vuelta, y comienzo a recrear la imaginaci&oacute;n para comprender esta defensa que hago de mi. Pienso en lo que viene despu&eacute;s, pues para una ida siempre existir&aacute; el regreso. Donde respiramos en calma y dignos por el alborear que espera el viaje a <em>lo otro</em> y la vuelta al&nbsp; <em>pa&rsquo; mi.</em></p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>Segundas intenciones: V&#237;ctor Hugo D&#237;az. Por Pilar Arratia</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 12:42:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[PilarArratia]]></category>
		<category><![CDATA[Segundas intenciones]]></category>
		<category><![CDATA[Víctor Hugo Díaz]]></category>

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Segundas intenciones. V&#237;ctor Hugo D&#237;az (Alianza Editorial, 2007)
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			<content:encoded><![CDATA[<table><tr><td><p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-1243" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/segundas.jpg" alt="" width="142" height="181" />Segundas intenciones. V&iacute;ctor Hugo D&iacute;az (Alianza Editorial, 2007)</p>
<p>La tem&aacute;tica de este hablante nos muestra en su totalidad un mundo desolado donde visos sarc&aacute;sticos dan cuenta del desamor, la muerte y en forma solapada, del amor de un hombre y una mujer. Somete al hablante a una precariedad existencial donde todo se cuestiona pero de una forma lejana e impersonal como si la miseria pasara por su lado sin importarle o quiz&aacute;s <span id="more-1225"></span>precisamente porque le importa demasiado va haciendo giros y cambiando colores para esconder su propia su realidad. Va deambulando por calles, por la vida, sin ocupaci&oacute;n definida. El quehacer diario es simplemente vagar por calles maltrechas recogiendo colillas de cigarros, observando la pobreza, la locomoci&oacute;n colectiva, ni&ntilde;os jugando peligrosos juegos. Muchas de las im&aacute;genes de los poemas traen a la memoria momentos de desenfreno, los 80&rsquo;, la droga en la penumbra de alg&uacute;n bar a punto del toque de queda,&nbsp; hombres y mujeres permanentemente euf&oacute;ricos en un placentero y constante estado de inconsciencia:</p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>La culpa siempre es del empedrado</p>
<p>Hoy tocaron la canci&oacute;n que m&aacute;s me gusta</p>
<p>y hay un amigo que no se deja ver</p>
<p>(P&aacute;g. 33)</p>
<p>Destaco la sensibilidad del poeta en el texto &ldquo;<em>La casa donde no vivimos</em>&rdquo;. Empezando con el sugerente t&iacute;tulo y pasando por cada uno de sus versos, se nos presente una realidad vivida por muchos seres humanos que han luchado por mantenerse erguidos. Prueba de ello, son los versos que cantan la desaparici&oacute;n de un ser querido, sin parentesco expl&iacute;cito, al cual se busca con una extra&ntilde;a mezcla de incredulidad y a&ntilde;oranza y p&eacute;rdida. Se sabe que el desaparecido ha muerto tr&aacute;gicamente, as&iacute; lo reafirman im&aacute;genes de fosas en la profundidad del mar. Finalmente el cementerio, como el lugar donde encuentran la verdad de una muerte, donde el hablante reci&eacute;n conoce a aquel ser arrebatado de la vida, de la suya, en circunstancias imprecisas. Conmueve este poema del que muchos podemos hacernos participes no simplemente como espectadores&nbsp; y eso es precisamente lo que da el dramatismo necesario para pensar y hacerse protagonista de una historia escrita en versos. Muchos pudimos estar viviendo esa realidad&nbsp; de una forma u otra y estuvimos en el blanco y negro de un clima cargado de odiosidades esperando que el calendario siguiera recorriendo, para que el tiempo nos ense&ntilde;ara a vivir con las heridas.</p>
<p>Leer poes&iacute;a nos lleva a un mundo donde el imaginario se hace colectivo, muchas veces encontramos en ella elementos de juicio y valores que nos obligan a pensar en nuestras vivencias. En gran medida, este poeta nos hizo dar un paseo por las calles fantasmag&oacute;ricas de un pa&iacute;s antiguo, doloroso y lleno de recuerdos. Lo conmovedor es la capacidad de aquellos versos para hacer memoria sobre el accidente que provoc&oacute; la cicatriz pol&iacute;tica &nbsp;m&aacute;s profunda registrada en nuestra historia nacional.</p>
<p>La escritura de V&iacute;ctor Hugo, poeta formado en la &eacute;poca de la dictadura, deja impreso en sus poemas, sus tendencias y se agradece que lo haga. Muestra una juventud que no ve&iacute;a m&aacute;s entretenci&oacute;n en las calles que apilar f&oacute;sforos en sucias veredas tras encender un cigarro, deambular sin rumbo, drogarse y m&aacute;s que todo evadir por completo el sin destino que le ofrec&iacute;a el pa&iacute;s, siendo espectadores de la desesperanza y el derrumbe de una sociedad aplastada.</p>
<p>Para terminar quiero destacar que esta voz en el poema &ldquo;El Reh&eacute;n<em>&rdquo;</em> &uacute;ltimo texto de la selecci&oacute;n de publicaciones anteriores que D&iacute;az hizo para <em>Segundas Intenciones</em>, &eacute;ste nos da una peque&ntilde;a luz de esperanza al hablarnos de la m&uacute;sica para alegrar nuestros corazones y bailar. Eso nos indica que hay un hablante dispuesto a intentarlo de nuevo para salir de una situaci&oacute;n de encierro ya sea f&iacute;sico o mental. Finalmente el caos en el que vive este hablante por fin muestra cierta empat&iacute;a por la vida, cierta esperanza, la sensaci&oacute;n de que habr&aacute; otra primavera, invit&aacute;ndonos a llevar el ritmo, m&aacute;s a&uacute;n, el anhelo de volver a empezar con el recibo de una carta y la posibilidad de buenas noticias.</p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>Sobre El &#193;rbol de los libres a prop&#243;sito de la situaci&#243;n actual de Chile. Por Daniel Rojas Pachas.</title>
		<link>http://www.santiagoinedito.cl/sobre-el-arbol-de-los-libres-a-proposito-de-la-situacion-actual-de-chile-por-daniel-rojas-pachas/ </link>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 12:37:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Rojas Pachas]]></category>
		<category><![CDATA[El árbol de los libres]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Los anillos de una serpiente son a&#250;n m&#225;s complicados que los agujeros de una topera&#8221;.
Gilles Deleuze 
El &#225;rbol de los libres &#8220;Poetas de la generaci&#243;n NN de Chile&#8221; es una antolog&#237;a publicada en M&#233;xico por ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table><tr><td><p align="right"><em><img class="alignleft size-medium wp-image-1229" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/portada-árboll-de-los-libres-203x300.jpg" alt="" width="203" height="300" />&ldquo;</em><em>Los anillos de una serpiente son a&uacute;n m&aacute;s complicados que los agujeros de una topera&rdquo;.</em></p>
<p align="right"><em>Gilles Deleuze</em><em> </em></p>
<p>El &aacute;rbol de los libres &ldquo;Poetas de la generaci&oacute;n NN de Chile&rdquo; es una antolog&iacute;a publicada en M&eacute;xico por Arlequ&iacute;n Ediciones el a&ntilde;o 2008. La selecci&oacute;n estuvo a cargo de Fabi&aacute;n Mu&ntilde;oz y el pr&oacute;logo del libro lo realiz&oacute; el poeta nacional Eduardo Llanos.<span id="more-1228"></span></p>
<p>La obra lleg&oacute; a mis manos en Serena en agosto del a&ntilde;o pasado gracias a uno de los antologados. El poeta y gestor cultural Arturo Volantines me obsequi&oacute; el texto durante la ceremonia de premiaci&oacute;n del concurso de poes&iacute;a y ensayo &ldquo;Lagar&rdquo; del cual fui jurado junto a otra poeta que forma parte del libro con su simb&oacute;lico poema &ldquo;Bandera de Chile&rdquo;. Me refiero a Elvira Hern&aacute;ndez.</p>
<p>Desde entonces he querido escribir algo sobre esta antolog&iacute;a. Algo m&aacute;s que una simple rese&ntilde;a y enumeraci&oacute;n de los autores que participan de ella. No me parece justo s&oacute;lo loar el criterio de Fabi&aacute;n Mu&ntilde;oz y la poes&iacute;a de los congregados. Ello me parece poca cosa ante un trabajo valiente y de calidad pues como dice Llanos en el pr&oacute;logo: <em>&ldquo;el ant&oacute;logo bien pudo ahorrarse este trabajo, por el cual Chile no ofrece m&aacute;s pago que las enemistades y el resentimiento, pero asumi&oacute; el desaf&iacute;o, y eso merece nuestra gratitud</em>&rdquo;</p>
<p>El libro adem&aacute;s ofrece en su actualizaci&oacute;n una gama de sensaciones que se avivan si pensamos en la tragedia que Chile atraviesa. Un devastador terremoto, crisis natural y social con ribetes pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos que no vamos a anteponer a lo humano pero que quien redacta no puede ignorar al pensar su art&iacute;culo pues fue tambi&eacute;n un momento &aacute;lgido y de crisis el que toco afrontar a las m&uacute;ltiples voces que componen El &aacute;rbol de los libres. Voces que dialogan con nosotros en su esfuerzo por surcar el oscuro bosque de la represi&oacute;n y censura dictatorial. Muchos de ellos formaron adem&aacute;s parte de la llamada neovanguardia y sin duda en su conjunto dan forma al cuerpo extenso y variopinto de la&nbsp; generaci&oacute;n de los ochenta con todas sus l&iacute;neas de percepci&oacute;n de la realidad y formas de comunicar desde lo apocal&iacute;ptico religioso pasando por lo testimonial, etnocultural y la poes&iacute;a de las minor&iacute;as sexuales.</p>
<p>De todos modos obviando el tema taxon&oacute;mico recalco el esp&iacute;ritu de di&aacute;logo que El &aacute;rbol de los libres provee, gestando charlas inagotables con voces que ya conoc&iacute;a y admiraba por su quehacer: Elvira Hern&aacute;ndez, Ver&oacute;nica Zondek, Teresa Calder&oacute;n, Tom&aacute;s Harris, Diego Maqueira, Rodrigo Lira,&nbsp; Javier Campos, Gonzalo Mill&aacute;n, Elicura Chihuailaf, Pedro Lemebel, Roberto Bola&ntilde;o entre otros que con sus relatos en prosa y verso permiten rememorar fragmentos y construir pasajes de lecturas y lugares que en un continuo devenir van dando forma, ritmo y color a la realidad. Asimismo el libro no termina en los l&iacute;mites del papel y su &iacute;ndice pues el entramado al cual da vida permite abordar otros textos y autores no presentes e igual de entra&ntilde;ables que los mentados como Carmen Berenguer y Eugenia Brito y al mismo tiempo descubre percepciones po&eacute;ticas que al menos para m&iacute;, eran desconocidas hasta el momento. Me refiero a poetas presentes en la edici&oacute;n como Natasha Vald&eacute;s y Galvarino Santib&aacute;&ntilde;ez.</p>
<p>Esta apreciaci&oacute;n se suma a lo que Eduardo Llanos dice en el pr&oacute;logo luego de hacer una lista cronol&oacute;gica y geogr&aacute;fica de los autores de su generaci&oacute;n: &ldquo;<em>Tanta convergencia cronol&oacute;gica contrasta con la divergencia de los estilos y los temas, pero marca un contexto hist&oacute;rico com&uacute;n. Debimos asistir a grandes cambios, a veces como espectadores impotentes y otras veces como participantes cr&iacute;ticos y activos. Durante los a&ntilde;os de terror dictatorial por ejemplo, resultaba notorio que entre nosotros predominaban las posiciones de izquierda, y hasta quienes estaban lejos de la izquierda mostraban tambi&eacute;n rebeld&iacute;a an&aacute;rquica o al menos independencia con respecto de los poderes f&aacute;cticos &ndash;o m&aacute;s bien putref&aacute;cticos– que controlaban tras bambalinas la&nbsp; escena nacional&rdquo;.</em></p>
<p>Esta visi&oacute;n de Llanos nos habla de los autores de la selecci&oacute;n como hijos de su &eacute;poca, inmersos en un estado de terror ideado y puesto en pr&aacute;ctica a la manera de los sistemas disciplinarios que Foucault detalla a lo largo de su obra y que Deleuze explica del siguiente modo: <em>&ldquo;Foucault situ&oacute; las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organizaci&oacute;n de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, despu&eacute;s la escuela (&ldquo;ac&aacute; ya no est&aacute;s en tu casa&rdquo;), despu&eacute;s el cuartel (&ldquo;ac&aacute; ya no est&aacute;s en la escuela&rdquo;), despu&eacute;s la f&aacute;brica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisi&oacute;n, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisi&oacute;n la que sirve de modelo anal&oacute;gico&rdquo;</em></p>
<p>En tal medida, desde diversos &aacute;ngulos y con variados estilos los autores presentes en &ldquo;El &aacute;rbol de los libres&rdquo; se preocuparon y m&aacute;s bien podr&iacute;amos decir se arriesgaron a combatir el silencio haciendo una radiograf&iacute;a de Chile y su devenir sin concesiones y derroches gratuitos de hero&iacute;smo. Llanos al respecto agrega: <em>&ldquo;No pretend&iacute;amos ser &amp;lt;&amp;lt;la voz de los sin voz&amp;gt;&amp;gt; (&hellip;) &ldquo;Sent&iacute;amos con dolor y tambi&eacute;n dolores propios&rdquo;</em></p>
<p>Esto va en concordancia con lo que Foucault demuestra al abordar las herramientas que el sistema disciplinario tiene a la hora de Vigilar y Castigar. La disciplina de ese entonces en Chile impact&oacute; a muchos, Llanos agrega: <em>&ldquo;varios sufrieron la prisi&oacute;n pol&iacute;tica (Zurita, Bola&ntilde;o, Riedemann, Redol&eacute;s, Montealegre, Espa&ntilde;a). Adem&aacute;s, el exilio, la dispersi&oacute;n geogr&aacute;fica y la atm&oacute;sfera de terror impidieron que nuestra hornada cultivara los v&iacute;nculos y esas amistades tan naturales en otras generaciones&rdquo;</em></p>
<p>Afirmaciones como esta junto a otras citas tomadas del pr&oacute;logo de Eduardo Llanos, conforman la materia que sin duda me motiv&oacute; a escribir sobre &ldquo;El &aacute;rbol de los libres&rdquo; y continuar la redacci&oacute;n del art&iacute;culo entroncando la cat&aacute;strofe que enfrenta el pa&iacute;s y c&oacute;mo esta se puede entender desde una l&oacute;gica diversa a la que tuvo el Chile previo al llamado retorno a la democracia.</p>
<p>Me gustar&iacute;a referirme a la situaci&oacute;n del centro-sur de Chile. Ciudades devastadas con serios problemas de abastecimiento en recursos b&aacute;sicos (luz, agua y alimentos), sumidas en toques de queda, bajo saqueos y con una marcada incomunicaci&oacute;n. Mucho se ha dicho adem&aacute;s de la negligencia de organismos de gobierno como la Onemi, la prepotencia de ciertas autoridades o el silencio de otras al abordar lo que denominaron de modo reduccionista una cacer&iacute;a de brujas cuando se buscaba hablar de responsabilidades en cuanto a la ca&iacute;da de caminos y edificios relativamente nuevos o la demora o simple ineptitud en la reacci&oacute;n de alerta, eso sin obviar lo que algunos medios&nbsp; festinaron en un comienzo aminorando la envergadura de la situaci&oacute;n con una clara mirada centralista y desde el Sheraton en Vi&ntilde;a para luego hacer un mea culpa que mostr&oacute; el verdadero rostro del horror en las poblaciones m&aacute;s alejadas de la mirada del Luminoso (A la manera del cartel en Lump&eacute;rica de Diamela Eltit)</p>
<p>Desde luego que este estado de cat&aacute;strofe nace bajo causas diversas a las de ese Chile que le toc&oacute; vivir a los autores del &aacute;rbol de los libres pues hoy enfrentamos un desastre natural aunque parad&oacute;jicamente y quiz&aacute; por una broma macabra del destino, ocurre semanas previas a que un nuevo gobierno de derecha asuma el poder en Chile.</p>
<p>La pregunta de rigor entonces es &iquest;C&oacute;mo perciben lo acontecido los poetas de la generaci&oacute;n NN? &iquest;Qu&eacute; pensar ahora de la imagen de reloj suizo que Chile promueve ante sus pares de Latinoam&eacute;rica? y en esa medida no es menor el siguiente cuestionamiento: C&oacute;mo perciben lo acaecido los j&oacute;venes poetas de hoy, los pensadores, ensayistas, cr&iacute;ticos y artistas que transitan bajo los treinta y que en l&iacute;nea general &nbsp;han crecido en un Chile ambiguo, ya no de polos marcados al estilo guerra fr&iacute;a con hombres grises detr&aacute;s, sino un Chile de m&aacute;scaras y apariencias, de socialismo neoliberal o lo que algunos llaman dictadura blanda pero que otros defiende a ultranza como la ruta del &eacute;xito y del consabido progreso con cambios invocados en slogans con trademark incluido.</p>
<p>Esos hijos tambi&eacute;n de su &eacute;poca, ya no responden a la disciplina como podemos verlo en los colegios del Chile actual. Deleuze dice al respecto: <em>&ldquo;Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisi&oacute;n, hospital, f&aacute;brica, escuela, familia. La familia es un &ldquo;interior&rdquo; en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ej&eacute;rcito, la prisi&oacute;n: pero todos saben que estas instituciones est&aacute;n terminadas, a m&aacute;s o menos corto plazo. S&oacute;lo se trata de administrar su agon&iacute;a y de ocupar a la gente hasta la instalaci&oacute;n de las nuevas fuerzas que est&aacute;n golpeando la puerta. Son las sociedades de control las que est&aacute;n reemplazando a las sociedades disciplinarias&rdquo;.</em></p>
<p>El panorama de Chile nunca pudo estar m&aacute;s claro, reforma penal, carcelaria, educativa, de transporte y salud y a la par podemos ver los resultados funestos en todos esos &aacute;mbitos; ni&ntilde;os que se intercambian por error en los hospitales, mujeres dando a luz en ba&ntilde;os, c&aacute;rceles hacinadas y colegios sin mobiliario o contaminados con plomo como ocurre en Arica. Sociol&oacute;gica y tecnol&oacute;gica-mente no estamos preparados. Nos decimos de primer mundo, antes &eacute;ramos los jaguares ahora estamos en listas rimbombantes empero &iquest;C&oacute;mo respondemos ante una crisis interna? Eso dice mucho m&aacute;s que una cifra o top ten. &iquest;C&oacute;mo enfrentamos un terremoto?, no s&oacute;lo de la magnitud abismal del que tenemos encima, sino &iquest;C&oacute;mo enfrentamos el que ocurri&oacute; no hace tanto en el norte y qu&eacute; aprendimos de &eacute;l?&hellip; No mucho al parecer&hellip;</p>
<p>Bueno esta crisis da como resultado a una nueva generaci&oacute;n o un nuevo tipo de Chileno por decirlo de alguna manera. V&aacute;stagos de las sociedades que Deleuze llam&oacute; de control.</p>
<p><em>&ldquo;Esto se ve bien en la cuesti&oacute;n de los salarios: la f&aacute;brica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo m&aacute;s alto posible para la producci&oacute;n, lo m&aacute;s bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la f&aacute;brica, y la empresa es un alma, un gas. Sin duda la f&aacute;brica ya conoc&iacute;a el sistema de primas, pero la empresa se esfuerza m&aacute;s profundamente por imponer una modulaci&oacute;n de cada salario, en estados de perpetua metastabilidad que pasan por desaf&iacute;os, concursos y coloquios extremadamente c&oacute;micos. Si los juegos televisados m&aacute;s idiotas tienen tanto &eacute;xito es porque expresan adecuadamente la situaci&oacute;n de empresa. La f&aacute;brica constitu&iacute;a a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja del patr&oacute;n que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulaci&oacute;n, excelente motivaci&oacute;n que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividi&eacute;ndolo en s&iacute; mismo&rdquo;.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>La sociedad que estamos viviendo es un escandaloso reality en el cual nos vamos eliminando por popularidad y convivencia. Por esa viabilidad que prefiere negar o permitir accesos delegando la responsabilidad a los propios usuarios en lugar de desterrar o someter a palos y con la cacha del fusil a sus gobernados. Por un tema de relaciones p&uacute;blicas es mejor vender una imagen pol&iacute;ticamente correcta hacia fuera pues vale la pena ocupar el arma del momento, el canibalismo empresarial de grandes redes y abismantes espacios de intercambio que exigen ser operativo a la altura del software del momento. Esta mirada pensando lo que los autores del &aacute;rbol de los libres tuvieron que enfrentar en su juventud y lo que nos toca a los que estamos pensando y escribiendo en este momento, me hace reflexionar la cat&aacute;strofe nacional m&aacute;s all&aacute; de lo inmediato y situarla sin chauvinismos desde el norte extremo de Chile. Lugar en que habito y desde el cual desarrollo mi literatura.</p>
<p>Ac&aacute; el panorama es tambi&eacute;n particular y no menos ambiguo. Arica frontera entra&ntilde;able y heroica dir&aacute;n los partidarios de la disciplina de anta&ntilde;o, rememorando aquella cuna de regimientos y basti&oacute;n de la soberan&iacute;a en cambio otros, podemos pensar en una Arica post-guerra del pac&iacute;fico y desterritorializar la discusi&oacute;n. Sobre todo si nos detenemos ante la reacci&oacute;n de Bolivia frente a la tragedia que vive hoy Chile.</p>
<p>Por a&ntilde;os los medios con su morbo usual han insistido en mostrar a los bolivianos como un pueblo que a rega&ntilde;adientes espera ver al pa&iacute;s por los suelos para lanzar la estocada de gracia. <strong>Hacer le&ntilde;a del &aacute;rbol ca&iacute;do, dir&aacute;n algunos.</strong> Pero la realidad ha contradicho al mito pues ante la falta de agua potable en las zonas afectadas, los bolivianos donaron toneladas del preciado l&iacute;quido que siempre ha sido el tema de escisi&oacute;n entre los dos pa&iacute;ses. Una especie de met&aacute;fora iluminadora al igual que el gesto del presidente y gabinete de ese pa&iacute;s al donar parte sustancial de sus sueldos para los damnificados. Algunos dir&aacute;n que es una especie de manipulaci&oacute;n sentimental otros que es la frugalidad m&aacute;s sincera y humana la que motiva estos actos, cada cual puede tener su punto de vista y argumentar libremente. Nosotros en cambio viviendo en este norte que crece junto a Per&uacute; y Bolivia, creo y quiz&aacute; es s&oacute;lo mi parecer, no podemos cuestionar el proceder de Bolivia sin hacer un alto y pensar en los repetidos festivales y carnavales con la fuerza del sol (incluido Am&eacute;rico) que muestran la interculturalidad bullente.</p>
<p>Adem&aacute;s la econom&iacute;a tur&iacute;stica y el comercio, principales sustentos de la regi&oacute;n, dependen del cruce e intercambio, de la simbiosis entre las provincias que se encuentran ya no como antes dividas por un soldado y minas antipersonales sino por la posibilidad de ser un inmigrante viable ante los ojos del canon social y econ&oacute;mico. Como dice Deleuze<em>: &ldquo;No es necesaria la ciencia ficci&oacute;n para concebir un mecanismo de control que se&ntilde;ale a cada instante la posici&oacute;n de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electr&oacute;nico). F&eacute;lix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno pod&iacute;a salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electr&oacute;nica (dividual) que abr&iacute;a tal o cual barrera; pero tambi&eacute;n la tarjeta pod&iacute;a no ser aceptada tal d&iacute;a, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que se&ntilde;ala la posici&oacute;n de cada uno, l&iacute;cita o il&iacute;cita, y opera una modulaci&oacute;n universal&rdquo;.</em></p>
<p>Bueno para no irme por las ramas del &aacute;rbol quiero recalcar y sintetizar este inestable equilibrio o contradictorio estado que siempre se ha vivido en Chile, usando a d&iacute;as del desastre en el pa&iacute;s, otras palabras expuestas por Llanos en su pr&oacute;logo: <em>&ldquo;Loca geograf&iacute;a: pa&iacute;s largo, angosto y monta&ntilde;oso como ninguno, con enorme diversidad de paisajes y de climas (desde el desierto m&aacute;s seco del mundo hasta los hielos &ldquo;eternos&rdquo; de la ant&aacute;rtica), con gran frecuencia e intensidad de sismos y un n&uacute;mero de volcanes que ning&uacute;n otro pa&iacute;s supera (aqu&iacute; se encuentra 15 por ciento de los volcanes del planeta) (&hellip;) Durante tres a&ntilde;os concitamos la atenci&oacute;n internacional por el triunfo electoral de Salvador Allende, primer socialista en el mundo elegido democr&aacute;ticamente para el cargo de presidente de un pa&iacute;s; sin embargo, a partir del derrocamiento de Allende, Pinochet se convirti&oacute; en el arquetipo del dictador latinoamericano. (&hellip;) Ninguna otra naci&oacute;n de la  Tierra aplic&oacute; con tanta ortodoxia el modelo neoliberal, y ninguna otra ha acumulado en el &uacute;ltimo decenio m&aacute;s desigualdad en la redistribuci&oacute;n del ingreso. Por si fuera poco, en el a&ntilde;o 2000 un miembro del Opus Dei estuvo a punto de ser elegido presidente del pa&iacute;s, lo que habr&iacute;a constituido otra plusmarca mundial&rdquo;.</em></p>
<p>En el texto citado Llanos casi prof&eacute;tico m&aacute;s bien l&uacute;cido expone toda una serie de im&aacute;genes que pintan por entero el cuerpo de una Chilenidad que se debate entre el morbo sensacionalista y la solidaridad, el oportunismo y la fraternidad desinteresada.</p>
<p>La intenci&oacute;n de mi art&iacute;culo de cualquier modo no ha sido la de politizar la situaci&oacute;n pero ante todo lo ocurrido, las tragedias de anta&ntilde;o y la reciente, las provocadas por la lucha de poder en los setenta y las que demuestran el poder real de la naturaleza y la inmediatez del hombre y sus devaneos y desde luego pensando en lo que vendr&aacute; durante los siguientes d&iacute;as y por delante, queda pensar en lo que dice Deleuze: <em>&ldquo;El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza imp&uacute;dica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotaci&oacute;n r&aacute;pida, pero tambi&eacute;n continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duraci&oacute;n, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado. Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro: el control no s&oacute;lo tendr&aacute; que enfrentarse con la disipaci&oacute;n de las fronteras, sino tambi&eacute;n con las explosiones de villas-miseria y guetos. (&hellip;) &iquest;Podemos desde ya captar los esbozos de esas formas futuras, capaces de atacar las maravillas del marketing? Muchos j&oacute;venes reclaman extra&ntilde;amente ser &ldquo;motivados&rdquo;, piden m&aacute;s cursos, m&aacute;s formaci&oacute;n permanente: a ellos corresponde descubrir para qu&eacute; se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son a&uacute;n m&aacute;s complicados que los agujeros de una topera&rdquo;.</em></p>
<p>Entonces insisto, qu&eacute; har&aacute;n los escritores, pensadores y los artistas de una nueva hornada en Chile, pues los que est&aacute;n presentes en la antolog&iacute;a &ldquo;El &aacute;rbol de los libres&rdquo;, combatieron, cantaron, relataron, testimoniaron y tambi&eacute;n cuando fue necesario se evadieron para volver a arremeter contra una realidad adversa y disciplinaria, pero hoy nos toca otro mundo, otra situaci&oacute;n y en este momento, otro Chile que en esencia no dista del anterior, no en la superficie quiz&aacute;, pero si en los mecanismos que nos coartan al tiempo que nos dan alas&hellip;</p>
<p>Los medios de masa nos bombardean pero tambi&eacute;n podemos usarlos para responder y hermanar. Facebook y Twitter fueron de mayor utilidad que el ro&ntilde;oso fax de la Onemi. Creo que la respuesta esta en otro texto de Eduardo Llanos. Me refiero al escrito titulado &ldquo;Aclaraci&oacute;n preliminar&rdquo; tambi&eacute;n presente en &ldquo;El &aacute;rbol de los libres&rdquo;. Este texto en su visceralidad y capacidad de cr&iacute;tica siempre me ha parecido de gran vuelo.</p>
<p>Dice as&iacute;:</p>
<p>(&hellip;) <em>Pero si ser poeta significa sudar y defecar como </em></p>
<p><em> todos los mortales,<br />
contradecirse y remorderse, debatirse entre el cielo y </em></p>
<p><em> la tierra,<br />
escuchar no tanto a los dem&aacute;s poetas como a los </em></p>
<p><em> transe&uacute;ntes an&oacute;nimos,<br />
no tanto a los ling&uuml;istas cuanto a los analfabetos de </em></p>
<p><em> precioso coraz&oacute;n;<br />
si ser poeta significa enterarse de que un Juan viol&oacute; </em></p>
<p><em> a su madre y a su propio hijo<br />
y que luego llor&oacute; terriblemente sobre el Evangelio de </em></p>
<p><em> San Juan, su remoto tocayo,<br />
entonces, bueno, podr&iacute;a ser poeta </em></p>
<p><em>y agregar alg&uacute;n suspiro a esta neblina.</em></p>
<p>Todo lo dicho en relaci&oacute;n con el libro <em>El &aacute;rbol de los libres</em>, con el perd&oacute;n de la digresi&oacute;n personal sobre la coyuntura, forma a mi parecer parte del di&aacute;logo incesante que el trabajo de Fabi&aacute;n Mu&ntilde;oz promueve a trav&eacute;s de su selecci&oacute;n sobre todo si consideramos que el ant&oacute;logo Mexicano confiesa al inicio del libro que este proyecto naci&oacute;&nbsp; despu&eacute;s de un paseo por las playas de Con Con al enterarse en su departamento en que cumpl&iacute;a la residencia art&iacute;stica, por medio de la prensa televisiva, del deceso de Pinochet. Esta suma de fen&oacute;menos y efectos concatenados lleva a reflexionar sobre nuestra v&iacute;a para procurar ser libres. Ella no reposa en la superficie del &aacute;rbol, superficie que por lo dem&aacute;s ha mostrado muchas veces ser acartonada y manipulable en Chile, sino que al contrario subyace bajo esa tierra que se mueve con mucha vitalidad para nuestro disgusto. Busquemos entonces en la ra&iacute;z o el rizoma que las generaciones anteriores atisbaron, esnifaron y sobre la cual poetizaron en sus relatos, algunos incluso llegaron a perderse en ella por eso la generaci&oacute;n actual quiz&aacute; debe tambi&eacute;n perderse en ese tr&aacute;nsito sin centros para encontrar nuevas salidas y entradas, nuevos puntos de fuga por entre las ruinas y fragmentos que permitan una alternativa de libertad y no una verdad que se maquilla como el rostro univoco de la felicidad, arco iris procesado y empaquetado para el bien del logo de campa&ntilde;a y la sonrisa en cadena.</p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>PALABRAS SOBRE PALABRAS: 13 poetas j&#243;venes de Espa&#241;a</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Mar 2010 17:16:40 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<table><tr><td><p><img class="alignleft size-medium wp-image-1222" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/13-poetas-españoles-286x300.jpg" alt="" width="286" height="300" />Se encuentra editada la antolog&iacute;a de poes&iacute;a joven espa&ntilde;ola <em>Palabras sobre palabras</em> de Julio Espinosa Guerra, correspondiente al a&ntilde;o 2010 de Ediciones Santiago In&eacute;dito. Esta obra contiene un profundo pr&oacute;logo del autor sobre la poes&iacute;a espa&ntilde;ola actual, m&aacute;s la selecci&oacute;n de textos de&nbsp; Marta Agudo, Marcos Canteli, &Oacute;scar Curieses, Benito del Pliego, Patricia Esteban, Ana Gorr&iacute;a, Jes&uacute;s Jim&eacute;nez Dom&iacute;nguez, Luis Luna, Julia Pieira, Goretti Ram&iacute;rez, Julio Reija, Sandra Santana y Julieta Valero.</p>
<p>Valor del ejemplar $5.000</p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>&quot;La revoluci&#243;n fue un hecho er&#243;tico, dador de vida&quot;. Por Silvina Friera</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 15:41:54 +0000</pubDate>
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Entrevista a la escritora nicarag&#252;ense Gioconda Belli autora de Esc&#225;ndalo de miel, una desafiante antolog&#237;a po&#233;tica que define como &#8220;un mapa de lo que ha significado para m&#237; ser mujer, amar, luchar, creer y descreer, ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table><tr><td><p>&nbsp;<img class="alignleft size-full wp-image-1211" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/belli200x267.jpg" alt="" width="200" height="267" /></p>
<p><strong>Entrevista a la escritora nicarag&uuml;ense Gioconda Belli autora de <em>Esc&aacute;ndalo de miel</em>, una desafiante antolog&iacute;a po&eacute;tica que define como &ldquo;un mapa de lo que ha significado para m&iacute; ser mujer, amar, luchar, creer y descreer, esperar y desesperar&rdquo;.<span id="more-1180"></span></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp; En Los Angeles llueve a c&aacute;ntaros. Con esa necesidad de arrasar y lacerar todo lo que toca, el sonido de las gotas es terco e hiriente. En ese mundo acu&aacute;tico en el que se convierte la ciudad, un rel&aacute;mpago lejano astilla el cielo. El paisaje se desintegra ante los ojos de la escritora nicarag&uuml;ense Gioconda Belli, como si anticipara la despedida. La tormenta tambi&eacute;n se desata en su alma ahora que est&aacute; empacando casa, libros y objetos varios para volver de manera permanente a Nicaragua, el pa&iacute;s bajo su piel, volc&aacute;nico, s&iacute;smico, rebelde.</p>
<p>Mientras se acomoda a la situaci&oacute;n de la mudanza, escribe una novela que ha dado vueltas por su cabeza durante a&ntilde;os y que &ldquo;por fin &mdash;cuenta con ese tono fraterno, amoroso&mdash; se materializ&oacute; lo suficiente como para querer salir a correntadas&rdquo;.<br />
Lejos de chapotear con la nostalgia, Belli acaba de publicar el bello y desafiante <em>Esc&aacute;ndalo de miel</em> (Seix Barral), su antolog&iacute;a po&eacute;tica personal, que incluye un CD en el que lee varios de sus mejores poemas con una vibraci&oacute;n intermitente de gracia y seducci&oacute;n. Cuando el rayo de la poes&iacute;a la atraves&oacute; en 1970 y escribi&oacute; versos como &ldquo;el hombre que me ame reconocer&aacute; mi rostro en la trinchera/rodilla en tierra me amar&aacute; mientras los dos disparamos juntos/contra el enemigo&rdquo;, o &ldquo;hasta que entres en m&iacute;/con la fuerza de la marea y me invadas con tu ir y venir/ de mar furioso/ y quedemos los dos tendidos y sudados/ desnudos en la arena de las s&aacute;banas&rdquo;, la sociedad nicarag&uuml;ense de entonces, horrorizada porque una mujer se atrev&iacute;a a hablar de &ldquo;vientres y humedades&rdquo;, la acusaba de celebrar en exceso los misterios del cuerpo, el sexo y el erotismo, el goce &iacute;ntimo.<br />
Tambi&eacute;n por esos a&ntilde;os &rsquo;70 un ara&ntilde;azo en la conciencia, la dictadura de Somoza, la llev&oacute; a involucrarse, al principio como colaboradora clandestina, con el Frente Sandinista de Liberaci&oacute;n Nacional (FSLN). Perseguida por los servicios de Inteligencia, se exili&oacute; en M&eacute;xico, Costa Rica y Cuba. Regres&oacute; a su pa&iacute;s con el triunfo de la Revoluci&oacute;n Sandinista, en julio del &rsquo;79. Empezar&iacute;a, entonces, una etapa de gesti&oacute;n en importantes cargos pol&iacute;ticos hasta que en 1994, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de la derrota electoral, se alej&oacute; del FSLN.<br />
En un poema de tono zumb&oacute;n en el que declara que &ldquo;no tiene las piernas de la Cindy Crawford&rdquo;, admite que su cara, por costumbre, ha terminado por gustarle; que su boca es respetable, &ldquo;despu&eacute;s de todo sensual&rdquo;, y que el conjunto se salva con la ayuda de ese pelo frondoso. Habr&iacute;a que agregar que preserva una chispa de jovencita indomable en sus ojos, siempre expectantes y atentos a la respiraci&oacute;n del mundo.<br />
&ldquo;Si <em>El pa&iacute;s bajo mi piel</em>, que publiqu&eacute; en 2001, es un libro de memorias, esta antolog&iacute;a, mi <em>Esc&aacute;ndalo de miel</em> &mdash;lindo el t&iacute;tulo, &iquest;no?, me salt&oacute; de pronto mientras rele&iacute;a a Vallejo&mdash;, es como otra versi&oacute;n de mis memorias, solo que aqu&iacute; lo que habla no son los hechos externos, sino la geograf&iacute;a interna; es un libro como un mapa: un mapa de lo que ha significado para m&iacute; ser mujer, amar, luchar, creer y descreer, esperar y desesperar. Todo eso dicho a trav&eacute;s de la poes&iacute;a, a trav&eacute;s de los poemas m&iacute;os que m&aacute;s me gustan, donde pienso que logr&eacute; expresarme mejor&rdquo;, dice Belli a <em>P&aacute;gina/12</em>.<br />
&ldquo;Me encant&oacute; la posibilidad de leer la poes&iacute;a, de compartir esa oralidad que es una tradici&oacute;n en la poes&iacute;a nicarag&uuml;ense, porque en Nicaragua aprendemos a leer poes&iacute;a en voz alta; por eso inclu&iacute; el CD en el libro, para permitir que los lectores escuchen el &eacute;nfasis, el sentimiento con que yo escrib&iacute; esos poemas. Hay que escuchar el CD para &lsquo;relamer&rsquo; la poes&iacute;a que est&aacute; en el libro&rdquo;, invita la poeta.<br />
<em>&iquest;De qu&eacute; manera fue &ldquo;evolucionado&rdquo; el tiempo de la escritura po&eacute;tica? Se puede pensar que una novela le demanda &ldquo;mayor&rdquo; tiempo y esfuerzo, y sin embargo, da la impresi&oacute;n de que usted deja los versos en reposo y vuelve sobre ellos hasta que quedan plenamente esculpidos.</em><br />
&mdash;Mir&aacute;, la novela se construye sobre una realidad exterior. Algo sucede. Se cuenta una historia. Uno tiene que ser malabarista y mantener todo ese mundo en la mente, los paisajes, los personajes. La poes&iacute;a, en cambio, es una mirada al paisaje interior y tiene que dejarse ser. Yo dejo que el sentimiento salga a flote y despu&eacute;s trato de eliminar todo aquello que no ayuda a que el poema quede redondo, a que viva como una c&eacute;lula dentro de su propia membrana. Lo dif&iacute;cil es lograr que, en el proceso, la espontaneidad no se pierda. Y a veces eso implica que hay que dejar que el poema sea. Yo soy poeta, no acad&eacute;mica. Y lo que me interesa no es la perfecci&oacute;n, sino la poes&iacute;a. Por eso no &ldquo;sobre trabajo&rdquo; los poemas y creo que por eso son poemas accesibles, que cualquiera puede entender y gozar.<br />
–Esos poemas &ldquo;escandalosos&rdquo; se presentan en la antolog&iacute;a agrupados en tres secciones: &ldquo;Eros&rdquo;, &ldquo;Hembros&iacute;a&rdquo; y &ldquo;Polis&rdquo;. &ldquo;Siempre las divisiones son un poco arbitrarias, sobre todo cuando se trata de poes&iacute;a &mdash;aclara la escritora&mdash;. Pero quise que el libro reflejara mi propio proceso: el eros como detonante del conocimiento; luego la hembros&iacute;a, como la toma de conciencia de ser mujer y desde esa conciencia y esa afirmaci&oacute;n, la conciencia colectiva, universal, eso de sentirme ser social, habitante de un mundo injusto donde hay muchas luchas que dar.<br />
–Pienso que uno tiene la obligaci&oacute;n de saber qui&eacute;n es en el mundo, para desde all&iacute; tomar la responsabilidad de estar en el mundo. Uno tiene que luchar por valorarse, por sentirse plena de ser lo que es. No se puede construir la felicidad de los dem&aacute;s si uno no es feliz. Por eso el libro va recorriendo todas esas fases, desde el amor hasta el nacimiento de mis hijos, desde el exilio hasta el triunfo de la revoluci&oacute;n, pasando por todas las reflexiones que ha significado vivir en el tiempo, sentir que el tiempo nos cambia y que, a veces tambi&eacute;n, nos amenaza, porque al final sabemos que se nos va a terminar&raquo;.<br />
<em>En una entrevista dijo que se hizo famosa, entre comillas, cuando a los veinte a&ntilde;os escribi&oacute; una poes&iacute;a er&oacute;tica, sensual, que caus&oacute; un enorme esc&aacute;ndalo. &iquest;A qu&eacute; se le teme cuando una mujer escribe, por ejemplo, &ldquo;el Big Bang fue el orgasmo primigenio&rdquo; o &ldquo;hasta que mi sexo explot&oacute; como granada&rdquo;, por mencionar algunos versos?</em><br />
&mdash;Es casi incre&iacute;ble que, a estas alturas, todav&iacute;a siga siendo noticia que una mujer escriba poes&iacute;a er&oacute;tica. Las cartas a Nora Barnacle de James Joyce son no solo er&oacute;ticas, sino pornogr&aacute;ficas, escatol&oacute;gicas, pero nadie le ensarta a &eacute;l un rotulito por eso. Yo, en cambio, ando con mi rotulito a cuestas. No me importa. A mucha honra lo cargo porque adem&aacute;s creo que el erotismo femenino es integrador, no separa el alma del cuerpo, y creo adem&aacute;s que es el eje del poder de la mujer, el n&uacute;cleo creador de vida.<br />
_La sexualidad, la sensualidad son hermos&iacute;simas y las mujeres las vivimos desde un cuerpo que constantemente nos recuerda que somos seres f&iacute;sicos, no solo espirituales. Y eso se nos ha tratado de negar. Se nos ha tratado de culpabilizar por nuestra belleza, por nuestro erotismo. Nosotras somos el Big Bang humano y por eso, como a la bomba at&oacute;mica, nos temen y nos tratan de mantener sojuzgadas. Pero el eros femenino es esencial para la vida. Yo espero que alg&uacute;n d&iacute;a la humanidad descubra que las mujeres podemos iluminar el mundo con esa energ&iacute;a at&oacute;mica que tenemos, porque la vamos a usar bien; pero se han pasado tanto tiempo temi&eacute;ndonos y reprimi&eacute;ndonos que hasta nosotras mismas a menudo nos tragamos esa historia de que nuestra sexualidad es peligrosa. Y nos queremos &ldquo;pasar en limpio&rdquo;, negar lo que somos. En mi poes&iacute;a yo celebro el cuerpo femenino, todo el placer, el dolor y la maravilla de lo que es capaz&raquo;.<br />
<em>Parafraseando unos versos suyos, &iquest;a&uacute;n le siguen diciendo &ldquo;c&aacute;llate, no hables m&aacute;s de vientres y humedades… ya pronto tendr&aacute;s nietos&rdquo;?</em><br />
&mdash;No. Ya nadie me dice eso (risas). Creo que ahora esperan de m&iacute; que hable, lo cual demuestra que a&uacute;n los prejuicios m&aacute;s enraizados, sobre todo cuando est&aacute;n enraizados en mojigater&iacute;as y falsos remilgos, pueden cambiar. Hay un efecto liberador, me parece, cuando uno es capaz de iluminar con belleza lo que tan frecuentemente se vela con cursiler&iacute;a o se ensucia con vulgaridad. Contra quienes nos quieren hacer sentirnos culpables, yo opongo otra visi&oacute;n: la visi&oacute;n de la mujer que sabe que ser mujer es un privilegio, no una desventaja. Eso es lo que quiere celebrar este libro. Hombres y mujeres necesitamos vernos sin miedo, disfrutando la diferencia.<br />
<em>Casi al mismo tiempo que empez&oacute; a escribir poes&iacute;a, se integr&oacute; al Frente Sandinista. &iquest;C&oacute;mo se alimentaron estas experiencias? &iquest;Qu&eacute; entregaba o aportaba la poeta a la militancia, y de qu&eacute; modo la lucha pol&iacute;tica se met&iacute;a en los versos?</em><br />
&mdash;La lucha contra la dictadura somocista fue heroica, &eacute;pica. La revoluci&oacute;n fue un hecho er&oacute;tico, dador de vida. Para m&iacute; Nicaragua ha sido un amor pasional y mi pa&iacute;s me habla con volcanes, me abraza con &aacute;rboles, me riega con aguaceros. Escribirle poes&iacute;a a mi pa&iacute;s, a mi gente, a la valent&iacute;a y el genio con que se luch&oacute; y se sigue luchando, me sale de lo m&aacute;s profundo. Creo que tiene que ver con esa necesidad de integrar. No s&eacute; por qu&eacute; tenemos esa man&iacute;a de separar el alma del cuerpo, el amor del hombre del amor a la patria, la vida de la pol&iacute;tica. Vivir es para m&iacute; poder experimentar eso como un todo.<br />
<em>&iquest;Qu&eacute; es Nicaragua para usted? &iquest;Le sigue doliendo tanto su pa&iacute;s, como dice en uno de los poemas?</em><br />
&mdash;Ay, qu&eacute; puedo decirte. Nicaragua es mi hombre con nombre de mujer; es el pa&iacute;s bajo mi piel, es mi &iacute;ntima multitud… me he pasado queriendo decir lo que es en tantos poemas y prosas… es como mi centro. Cuando voy volando hacia Nicaragua y desde la ventanilla del avi&oacute;n reconozco el paisaje, siento que el alma me vuelve al cuerpo. Claro que me duele; me duele lo poco que hemos avanzado tras tanto esfuerzo. Me duele que sea, como dice una amiga, el pa&iacute;s de S&iacute;sifo, ese que castigaron los dioses haciendo que empujara una roca hacia la cima de una monta&ntilde;a solo para que al llegar a la meta, la roca rodara monta&ntilde;a abajo y hubiera que volver a empezar de nuevo. Me duele la pobreza material de una gente que, por otro lado, humanamente, es tan inmensamente rica. Por eso tambi&eacute;n me consuela Nicaragua, porque, a pesar de todo, es un pa&iacute;s nutritivo, lleno de risa, de ganas de vivir.<br />
<em>Si su tr&aacute;nsito ha sido de la euforia al desencanto, &iquest;puede conjurarlo con la escritura? &iquest;Alcanza con escribir o necesita tambi&eacute;n otro tipo de &ldquo;compromiso&rdquo;?</em><br />
&mdash;Mi desencanto es natural, pienso; pero no es desencanto con el pa&iacute;s, sino con la mezquindad de su clase pol&iacute;tica. Escribir me ayuda porque me permite imaginar soluciones, posibilidades, aportar en la medida de mis posibilidades a la conversaci&oacute;n colectiva, a la b&uacute;squeda de otras maneras de encontrar el camino que parece perdido. El compromiso sigue siendo necesario, es siempre urgente en Am&eacute;rica Latina, y cada quien tiene que encontrar su manera de vivirlo en esta nueva situaci&oacute;n, donde afortunadamente ya no solo se requiere agarrar un fusil para comprometerse.<br />
<em>A prop&oacute;sito de un verso-pregunta del poema &ldquo;Del verbo estar&rdquo;: &ldquo;&iquest;Es que acaso la sabidur&iacute;a del tiempo consiste en ver el rev&eacute;s de la luz?&rdquo;, &iquest;qu&eacute; ve hoy Gioconda Belli en el rev&eacute;s de su poes&iacute;a?</em><br />
&mdash;Me refer&iacute;a a que con el tiempo uno aprende a ver no solo el deslumbre de la idea de la utop&iacute;a, sino a entender lo dif&iacute;cil que es mantener la consecuencia en la vida cotidiana. Uno aprende a entender que el bien y el mal conviven dentro de nosotros mismos. Lo que pasa ahora en mi poes&iacute;a es que no tengo miedo a enfrentar ese lado oscuro que es inherente a la especie a la que pertenecemos. No tengo miedo ya de nombrar lo terrible tanto de la izquierda como de la derecha, porque pensar bien no siempre conduce a actuar bien y en nombre de la revoluci&oacute;n y los ideales m&aacute;s hermosos tambi&eacute;n se han cometido atrocidades e injusticias.<br />
<em>&iquest;Por qu&eacute; hacia el final del libro parece ganar el escepticismo en el poema &ldquo;Plagas en el siglo XXI&rdquo;, en el que plantea que ya nada da asco, que el asco es un valor obsoleto, que &ldquo;ya no hay quien ande como S&oacute;crates haciendo preguntas impertinentes en el mercado&rdquo;?</em><br />
&mdash;Bueno, porque es triste reconocer esa suerte de corteza que se va creando en la conciencia a partir de la indiferencia. Eso que dije no surgi&oacute; del escepticismo sino de un momento de profunda tristeza al ver situaciones como la de Irak, por ejemplo. Tanta gente ha muerto all&iacute; pero uno sigue su vida como si nada. Hay esas situaciones, pero tambi&eacute;n hay otras como esta respuesta ante el terremoto de Hait&iacute;, donde la gente se ha volcado para solidarizarse, para dar dinero, ayuda. Como poeta yo reacciono ante estas desgracias, a veces desconcertada, a veces con esperanza.<br />
<em>Es curioso que en ese poema se diga que quiz&aacute; ya no valga la pena preguntarse, cuando en esa zona de su poes&iacute;a, en &ldquo;Polis&rdquo;, abundan los poemas con preguntas…</em><br />
&mdash;A veces me miento a m&iacute; misma (risas). Claro que vale la pena hacer preguntas… Mi poes&iacute;a se pregunta muchas cosas porque intenta dialogar con el lector, involucrarlo.<br />
<em>En el t&iacute;tulo de esta antolog&iacute;a po&eacute;tica personal hay un tributo a C&eacute;sar Vallejo. &iquest;Qu&eacute; signific&oacute; esa poes&iacute;a en su vida? &iquest;Con qu&eacute; otros poetas dialoga en este libro?</em><br />
&mdash;Vallejo es un poeta dif&iacute;cil. No todo lo suyo me afecta de la misma manera. Tiene poemas muy oscuros, casi impenetrables; pero otros son como rel&aacute;mpagos; uno los lee y se le ilumina el cielo. No te hago la lista de todos los poetas con que dialogo porque no nos alcanzar&iacute;an las p&aacute;ginas del diario (risas).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">*Tomado de <em>P&aacute;gina/12</em></p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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		<title>Venus en el pudridero: Eduardo Anguita y el poema largo en la modernidad. Por Marcelo Rioseco</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 14:22:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica Literaria]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Anguita]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Rioseco]]></category>
		<category><![CDATA[Venus en el pudridero]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8216;La belleza es dif&#237;cil, Yeats&#8217;, dijo Aubrey Beardsley/
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Ezra Pound
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			<content:encoded><![CDATA[<table><tr><td><p style="text-align: left;"><img class="alignleft size-medium wp-image-1208" src="http://www.santiagoinedito.cl/wp-content/uploads/2010/03/anguita-300x188.jpg" alt="" width="300" height="188" />&lsquo;La belleza es dif&iacute;cil, Yeats&rsquo;, dijo Aubrey Beardsley/</p>
<p style="text-align: left;">cuando Yeats pregunt&oacute; por qu&eacute; dibujaba horrores&hellip;</p>
<p style="text-align: left;">Ezra Pound</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>El lugar que ocupa el poema largo en la obra de Anguita es central. Su m&aacute;s celebrado poema, <em>Venus en el pudridero <strong>(1</strong>)</em>, est&aacute; compuesto por casi m&aacute;s de seiscientos versos. Apenas si es necesario recordar aqu&iacute; <span id="more-1183"></span>que el poema largo no se define por el n&uacute;mero de versos que lo componen. Como cualquier otro poema su contenido y su estructura obedecen a razones de necesidad. Una necesidad extra&ntilde;a, por cierto.</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo entender que los poetas modernos &mdash;y no s&oacute;lo Anguita&mdash; hayan sentido la necesidad de escoger el m&aacute;s antiecon&oacute;mico de los formatos para escribir su obra capital? Apenas escribo esta pregunta siento la necesidad de reformular la pregunta: &iquest;Qu&eacute; dicen los poemas largos que no puede ser dicho de otra manera?</p>
<p>Esta pregunta nos obliga a retroceder, a examinar los fundamentos mismos del poema largo, su estructura y su prop&oacute;sito. El poema largo &mdash;como ha visto Octavio Paz&mdash; re&uacute;ne dos operaciones aparentemente dis&iacute;miles: contar y cantar. Su origen, sabemos, es la &eacute;pica, esto es, lo narrativo. Pero, al mismo tiempo, toda &eacute;pica es un canto y viceversa (Paz, <em>Contar </em>75). En lengua inglesa quiz&aacute;s el mejor ejemplo de esto sean los <em>Cantos </em>de Pound. Cantos en el sentido m&aacute;s convencional, pero tambi&eacute;n &ldquo;Poetry as a Speech&rdquo;, la poes&iacute;a como discurso. De la misma manera que lo es el <em>Canto general </em>de Neruda. Aparentemente Pound y Neruda no tienen nada en com&uacute;n salvo el ser dos poetas modernos en dos lenguas distintas, pero ambos cantan y &ldquo;cuentan&rdquo;. Una curiosa similitud estructural los acerca. Pero, &iquest;es s&oacute;lo una coincidencia estructural o hay algo que s&oacute;lo puede ser dicho o revelado en un poema largo? &iquest;Qu&eacute; &ldquo;cuentan&rdquo; los poemas largos?:</p>
<p style="text-align: justify;">Curiosa modernidad: casi todos los grandes poemas modernos son poemas extensos. Las obras caracter&iacute;sticas del siglo XX &mdash;pienso, por ejemplo, en las de Eliot y Pound (<strong><em>2</em></strong>)&mdash; est&aacute;n animadas por una ambici&oacute;n: ser las divinas comedias y los para&iacute;sos perdidos de nuestra &eacute;poca. La creencia que sustenta a todos estos poemas es la siguiente: la poes&iacute;a es una visi&oacute;n total del mundo o del drama del hombre en el tiempo. (Paz, <em>Obras </em>948–7)</p>
<p align="right">Aqu&iacute; hay algo que resulta obvio, pero que es, finalmente, enga&ntilde;oso: el hecho que una visi&oacute;n total del mundo necesite de cierta extensi&oacute;n para ser expresada. Tal vez lo que quiera decir Paz es otra cosa, que el poema largo revela una total confianza en la poes&iacute;a. La poes&iacute;a ser&iacute;a &ldquo;&hellip;la visi&oacute;n de la realidad que emerge ante el poeta a trav&eacute;s de su propia poes&iacute;a&rdquo; (Juarroz 134). Habr&iacute;a que preguntarse por qu&eacute; ciertos poetas modernos eligen un formato que de por s&iacute; es complejo y presenta innumerables problemas t&eacute;cnicos para expresar esa confianza en la poes&iacute;a, en la palabra po&eacute;tica como fundamento de ser y realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Para el gusto moderno la poes&iacute;a es, ante todo, concentraci&oacute;n verbal y por eso el poema largo se enfrenta a una dificultad casi insuperable: reunir extensi&oacute;n y concentraci&oacute;n, desarrollo e intensidad, unidad y variedad, sin hacer de la obra una colecci&oacute;n de fragmentos y sin incurrir tampoco en el grosero recurso de la amplificaci&oacute;n. (Paz <em>Obras </em>988)</p>
<p>Varios elementos se conjugan aqu&iacute;. Primero, sabemos que la poes&iacute;a moderna se caracteriza por una violenta ruptura con la tradici&oacute;n. A&uacute;n as&iacute;, el poema largo permanece; m&aacute;s a&uacute;n, en el siglo XX alcanza cierta popularidad en Latinoam&eacute;rica. Parad&oacute;jica ruptura: el esp&iacute;ritu trasgresor necesita de una de las formas m&aacute;s antiguas de la poes&iacute;a, la que proviene de la &eacute;pica. Segundo, esta visi&oacute;n totalizante de la realidad que emerge a partir de las vanguardias busca ser fundacional. El poema largo va a encarnarse, de una u otra manera, en formas de po&eacute;ticas o manifiestos est&eacute;ticos. A comienzos del siglo XX, un hecho &nbsp;caracteriza a la tradici&oacute;n de la poes&iacute;a moderna: el poema largo aspira a ser el veh&iacute;culo fundador de la palabra po&eacute;tica.</p>
<p>Pero, la historia es m&aacute;s larga y compleja. Antes de Pound y Eliot, entre los poetas norteamericanos, Walt Whitman, con el poderoso saludo optimista de <em>Leaves of Grass </em>se transforma en el primer poeta en presentar una visi&oacute;n totalizante y fundacional de la realidad (<strong><em>3</em></strong>). De Whitman no s&oacute;lo vienen las <em>Odas </em>de Alberto Caeiro y los versos largos de <em>Aullido </em>de Ginsberg, sino tambi&eacute;n el Neruda del <em>Canto general</em>. Por otra parte, en Francia, el experimentalismo de Cendrars prefigura los <em>Calligrammes </em>de Apollinare, Mallarm&eacute; escribe pensando que el Universo converger&aacute; en un libro y Valery apuesta a la perfecci&oacute;n con el <em>Cimeti&egrave;re marin</em>. Francia alimentar&aacute; el siglo XIX latinoamericano y nuestro modernismo &mdash;con Dar&iacute;o&mdash; ser&aacute; m&aacute;s est&eacute;tico que ideol&oacute;gico. Con la aparici&oacute;n de las vanguardias, este impulso iniciado con Dar&iacute;o en Hispanoam&eacute;rica, alcanzar&aacute; su <em>non plus ultra </em>con el creacionismo de Huidobro. Desde Baudelaire al surrealismo, Francia va a ser el gran manantial de ideas, visiones de mundo, apuestas y juegos formales para la poes&iacute;a latinoamericana. En resumen, la modernidad literaria, se&ntilde;alada por Paz, tiene distintos momentos de aparici&oacute;n</p>
<p>en Am&eacute;rica y en Europa. Tres nombres: Whitman en Estados Unidos, Rimbaud en Francia y Huidobro en Hispanoam&eacute;rica (<strong><em>4</em></strong>). &iquest;Qu&eacute; los acerca? Un hecho fundamental de la modernidad: ruptura y fundaci&oacute;n. &iquest;Su expresi&oacute;n?, el poema largo, el poema fundacional.</p>
<p>Lo que nos importa aqu&iacute; es que esta ruptura va a iniciar un camino sin retorno que modificar&aacute; completamente la escritura del poema largo en Latinoam&eacute;rica. Primero, un hecho formal &mdash;que no parece haber sido observado por la cr&iacute;tica&mdash;: la gran mayor&iacute;a de los poemas largos modernos est&aacute;n escritos en verso libre. Si el poema largo anterior a la modernidad segu&iacute;a preceptivas definidas &mdash;estoy pensado en Sor Juana, Bello o Dar&iacute;o, por ejemplo&mdash;, &ldquo;&hellip;in free verse, pattern and repetition are surprises, and continuing variation is the norm. The formal ideal is something called &ldquo;organic form&rdquo;, and the &nbsp;presupposition in calling such form &lsquo;organic&rsquo; is that it grows naturally, as does a living organism&rdquo; (Marvin 38). Por otra parte, el poema largo moderno ha dejado de ser poema descriptivo (el &ldquo;retrato&rdquo; de costumbres o hechos), se abandona lo narrativo, la linealidad y la intenci&oacute;n deliberadamente pedag&oacute;gica.</p>
<p>Sin embargo, todo poema que pretende ser fundacional es ideol&oacute;gico. Se impone lo in&eacute;dito y, frecuentemente, lo intelectual. Con la desaparici&oacute;n del verso medido la pregunta es: &ldquo;What kinds of lines and sentences does one put next to each other to create a long freeform poem?&rdquo; (Carruth 6). Aquellas que puedan ser sostenidas por el ritmo externo e interno del verso libre sin decaer en velocidad o intensidad. El poema ser&aacute;, en consecuencia, un organismo vivo sostenido b&aacute;sicamente por el ritmo: &ldquo;The poem should be a mixture of revelation and arrangement&rdquo;, afirmar&aacute; Charles Wright (29). Finalmente, una nueva preocupaci&oacute;n aparece con la poes&iacute;a moderna: la poes&iacute;a buscar&aacute; rivalizar con la realidad, incluso superarla. Vida y arte se buscan. Lo que antes hab&iacute;a sido divergente o antag&oacute;nico, ahora, con la vanguardia (pero ya desde antes con el Romanticismo), converge en un s&oacute;lo punto: la ambici&oacute;n de transformar la realidad. Acto de rebeld&iacute;a o soberbia que termina con el fracaso o con la b&uacute;squeda de un nuevo orden fundado en la palabra. Poes&iacute;a y realidad est&aacute;n en conflicto y por tanto, el poeta tambi&eacute;n lo est&aacute; con la sociedad que lo rodea. La poes&iacute;a no es solamente literatura, es un medio, <em>otra cosa</em>. El poeta tendr&aacute; una confianza total en la capacidad transformadora de la poes&iacute;a: &ldquo;A partir de Rimbaud [la poes&iacute;a] deja de ser un quehacer inocente, un canto o un espejo, para tocar lo desconocido religioso&rdquo; (Fina Garc&iacute;a, 227). El poeta se igualar&aacute;, entonces, al mago, al loco, al rebelde o el revolucionario, al sacerdote o al santo. La ambici&oacute;n de estos poetas es proporcional a su fracaso.</p>
<p>La poes&iacute;a no aspira ni al silencio ni a la magia, su destino &mdash;incluso despu&eacute;s de las vanguardias&mdash; seguir&aacute; siendo la palabra.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; impacto tienen estas ideas en Chile y c&oacute;mo influyen sobre Anguita?</p>
<p>Revoluci&oacute;n, ruptura y experimentaci&oacute;n ser&aacute;n los signos distintivos de gran parte de la poes&iacute;a escrita en Chile entre las d&eacute;cadas del treinta y los cincuentas. Despu&eacute;s del creacionismo, el surrealismo agrupar&aacute; a un grupo importante de poetas e influir&aacute; en otros de manera directa. Son a&ntilde;os de cambio y el iniciador en Chile ser&aacute; el mismo Huidobro. Muchos poetas, entre ellos Anguita, se ver&aacute;n impregnados de las ideas que trajo aparejadas la modernidad. La tradici&oacute;n de la ruptura entrar&aacute; a Chile no s&oacute;lo con el creacionismo de Huidobro y las vanguardias europeas, sino que tambi&eacute;n a trav&eacute;s de Rimbaud, Baudelaire y el surrealismo franc&eacute;s. Si bien es cierto que Anguita toma de todos ellos los elementos que compondr&aacute;n la parte sustantiva de su poes&iacute;a m&aacute;s madura, no se adherir&aacute; a ninguna escuela est&eacute;tica de manera permanente. En 1967, cuando publica su mejor y m&aacute;s largo poema, <em>Venus en el pudridero</em>, ya habr&aacute; abandonado todas las tentativas iniciadas con el Movimiento David, emprendidas casi veinticinco a&ntilde;os antes. De este modo, <em>Venus en el pudridero </em>va a ser el resultado de un largo proceso de meditaci&oacute;n y experimentaci&oacute;n estil&iacute;stica, que comenzar&aacute; con el encuentro entre Huidobro y Anguita en Santiago de Chile, en 1933. Y la aparici&oacute;n de la Generaci&oacute;n del 38.</p>
<p>A mi juicio, la poes&iacute;a de Anguita no se explica sin la generaci&oacute;n a la cual perteneci&oacute;, la del 38, ni sin las influencias literarias que determinaron su escritura. No excluyo que esto sea v&aacute;lido para cualquier poeta, pero &mdash;y con esto me adelanto un poco&mdash; lo que distingui&oacute; a estos escritores fue, precisamente, el intento de unir vida y literatura. Nada m&aacute;s sintom&aacute;tico de ese deseo de colocar la poes&iacute;a en el centro de la existencia que la poes&iacute;a de Eduardo Anguita. Y aunque la experiencia del poeta es eminentemente verbal, el poema de Anguita es inseparable de su tentativa de ir m&aacute;s all&aacute; del lenguaje, del verbo. <em>Venus en el pudridero </em>es, en parte, el itinerario de la imposibilidad de esa tentativa.</p>
<p>En un art&iacute;culo sobre la Generaci&oacute;n del 38, Anguita resum&iacute;a el esp&iacute;ritu de su generaci&oacute;n en las palabras de uno de los personajes de la novela <em>Demonios </em>de Dostoiesvski, Kirilov: &ldquo;Toda la vida he querido que hubiera m&aacute;s que palabras. S&oacute;lo he vivido para eso. Para que las palabras tuvieran un sentido, para que fueran actos&rdquo; (Anguita, <em>Poes&iacute;a </em>80). La generaci&oacute;n del 38 fue m&aacute;s bien un grupo de j&oacute;venes (no necesariamente todos poetas) que gir&oacute; en torno a la figura de Huidobro.</p>
<p style="text-align: justify;">No es que el poeta creacionista los haya signado en la letra; pero s&iacute; que suscit&oacute;, casi en todos, un despenar a la propia personalidad. Huidobrista o huidobriano, en sentido estricto, puede decirse que no existi&oacute; ninguno. Con todo, le debemos a aquel &ldquo;anti-poeta y mago&rdquo; una claridad de conciencia que difundi&oacute; tanto en nuestro propio esp&iacute;ritu como en la tonalidad an&iacute;mica chilena […]. Huidobro, pues, aunque en el reducido campo de la literatura, provoc&oacute; una verdadera revoluci&oacute;n del &aacute;nimo en Chile (Anguita, <em>La belleza </em>47).</p>
<p>La generaci&oacute;n del 38 estuvo compuesta de integrantes heterodoxos. No todos eran escritores o artistas. Hubo entre ellos quienes practicaron la historia, la filosof&iacute;a e, incluso, la psiquiatr&iacute;a. Entre los que hicieron de la poes&iacute;a su actividad central estaban: Te&oacute;fi lo Cid, Miguel Serrano, Omar C&aacute;ceres y Volodia Teitelbom. Tambi&eacute;n estuvieron cerca de la Generaci&oacute;n del 38 el grupo surrealista Mandr&aacute;gora y el Grupo David, fundado por el mismo Anguita. Los agrupaba una misma idea, una misma tentativa extrema: todos ellos, de una u otra manera, estaban contra la literatura, la academia y la idea del escritor &ldquo;profesional&rdquo;. Veamos algunos ejemplos de lo que fue esta generaci&oacute;n: Enrique G&oacute;mez-Correa escribe el &uacute;ltimo n&uacute;mero de la Mandr&aacute;gora y asegura que puede caminar por sobre el agua, Miguel Serrano quema sus libros en un cerro y se vuelve un ide&oacute;logo del nazismo esot&eacute;rico (quiz&aacute;s el &uacute;nico en el mundo).</p>
<p>Omar C&aacute;ceres escribe 19 poemas y desaparece misteriosamente (dec&iacute;a ver &aacute;ngeles dentro de las columnas). Te&oacute;filo Cid &mdash;como lo ha descrito Cristi&aacute;n Warnken&mdash;: &ldquo;&hellip;her&eacute;tico dentro de la herej&iacute;a (fue expulsado del grupo Mandr&aacute;gora)&rdquo; (Warnken , 429). Diplom&aacute;tico y poeta, muere en la extrema pobreza como un dandy solitario. Volodia Teiltelbom se har&aacute; comunista abandonando su inicial fervor po&eacute;tico para, despu&eacute;s de un prolongado exilio, escribir las biograf&iacute;as de Huidobro, la Mistral, Neruda y Borges.</p>
<p>Si bien Huidobro es el catalizador que posibilita la aparici&oacute;n del 38, no se vuelve su padre literario. Quiz&aacute;s porque la Generaci&oacute;n del 38 vio en el creacionismo una operaci&oacute;n de la imaginaci&oacute;n, una alternativa de la realidad. Lo que la generaci&oacute;n del 38 buscaba estaba m&aacute;s cerca de Rimbaud que de Huidobro, esto es, transformar la realidad: &ldquo;Anguita &mdash;en uno de los manifiestos de <em>David</em>&mdash; distingu&iacute;a cuatro grados en el actuar po&eacute;tico: poeta, hechicero, sacerdote y h&eacute;roe&rdquo; (Warnken 421). De Huidobro, Anguita hereda la precisi&oacute;n en el trabajo de la imagen, la idea de la composici&oacute;n po&eacute;tica como arquitectura y, finalmente, la fe en la inteligencia: &ldquo;El vigor verdadero/ Reside en la cabeza&rdquo; dir&aacute; Huidobro (<em>El espejo de agua </em>37). Pero a diferencia de Huidobro, Anguita no se entregar&aacute; a los juegos de la imaginaci&oacute;n creadora, ni buscar&aacute; separarse de la realidad a trav&eacute;s del lenguaje; al contrario, buscar&aacute; la <em>palabra original</em>: &ldquo;A fin de cuentas, todo empieza con la palabra y todo va a dar finalmente a ella&rdquo; (Anguita, <em>La belleza </em>97). La poes&iacute;a de Anguita es intelectual, no racional (<strong>5)</strong>. Intelectual y metaf&iacute;sica de la manera que la entiende el poeta argentino Roberto Juarroz, &ldquo;&hellip;la poes&iacute;a es un salto de la raz&oacute;n [&hellip;] ese salto es el &uacute;ltimo riesgo, el &uacute;ltimo abandono&rdquo; (138).</p>
<p>En suma, la Generaci&oacute;n del 38 buscaba transformar la palabra en acto. El mismo Anguita escribir&iacute;a un largo ensayo titulado <em>Rimbaud pecador </em>donde declarar&aacute; el fracaso po&eacute;tico del poeta franc&eacute;s y asumir&iacute;a en el Movimiento David su propio desaf&iacute;o: &ldquo;El poeta no s&oacute;lo <em>ver&iacute;a </em>de otro modo; <em>ser&iacute;a </em>de otro modo. De poeta habr&iacute;a pasado a <em>sacerdote</em>&rdquo;(<strong><em>6)</em></strong><em> </em>(Anguita, <em>La belleza </em>130). &iquest;Qu&eacute; buscaba Anguita y los primeros simpatizantes del Movimiento David? Lo mismo que Rimbaud, hacerse vidente, hacerse <em>otro</em>. Se ha dicho que los diferenciaba una cuesti&oacute;n de procedimientos. Yo dir&iacute;a que los diferenciaba una cuesti&oacute;n de grado tambi&eacute;n. Rimbaud no fue &mdash;al menos te&oacute;ricamente&mdash; tan lejos: &ldquo;Por el camino de David formul&eacute;: &lsquo;Despu&eacute;s de la negaci&oacute;n de todos los valores, el poeta pasar&iacute;a de la <em>videncia </em>a la <em>potencia</em>, de &eacute;sta al <em>acto</em>, y de &eacute;ste al <em>estado</em>, recorriendo sucesivamente los pelda&ntilde;os de la Poes&iacute;a, la Poes&iacute;a pr&aacute;ctica, la Liturgia y la Tragedia&rsquo;&rdquo; (Anguita, <em>La belleza </em>133).</p>
<p>La poes&iacute;a deb&iacute;a ser pr&aacute;ctica. O sea, deb&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; de la literatura. Anguita lo aclara de este modo: &ldquo;Mientras el surrealismo incursion&oacute; por el camino pol&iacute;tico (fuera del arte mismo), nosotros apunt&aacute;bamos a la Religi&oacute;n&rdquo; (133). No es innecesario decir aqu&iacute; que ning&uacute;n escritor de la generaci&oacute;n del 38 jam&aacute;s practic&oacute; el Creacionismo. Quiz&aacute;s la imaginaci&oacute;n no era suficiente para los j&oacute;venes escritores del 38.</p>
<p>En 1967 Anguita ya hab&iacute;a abandonado sus pr&aacute;cticas po&eacute;ticas m&aacute;s radicales,sin embargo su pensamiento po&eacute;tico permanece. Busca en la poes&iacute;a revelaci&oacute;n. Se acerca al catolicismo, pero conserva esa atm&oacute;sfera y tensi&oacute;n metaf&iacute;sica que caracteriza lo mejor de su obra. Si bien es cierto ya no intentar&aacute; llevar a la pr&aacute;ctica los postulados de <em>David </em>&mdash;sin&oacute;nimo tambi&eacute;n de un posible fracaso a la manera de Rimbaud&mdash;, su poes&iacute;a como la del joven prodigio franc&eacute;s ser&aacute; un extra&ntilde;o testimonio de esa imposibilidad de cambiar al hombre y la realidad. Un enemigo vence al poeta y a todos los hombres: el tiempo, ese trabajador incansable de la muerte. Y <em>Venus en el pudridero </em>es en este sentido un manifiesto y un testimonio. Un poema que se inserta sin problemas en la l&iacute;nea de la tradici&oacute;n europea y americana del poema largo.</p>
<p>Poema acerca del tiempo, pero tambi&eacute;n acerca de la belleza y el amor. Desde el comienzo se advierte el t&iacute;tulo del poema la tensi&oacute;n entre dos opuestos. Por una parte, Venus, la belleza (en su acepci&oacute;n m&aacute;s cl&aacute;sica) y, por otra, el vocablo <em>pudridero, </em>la muerte<em>. </em>El tema central &mdash;se deduce f&aacute;cilmente&mdash; es el tiempo; inasible, corruptor, indestructible.</p>
<p><em>Venus en el pudridero </em>es un poema de alrededor de seiscientos versos. Y no es extra&ntilde;o que sea similar en extensi&oacute;n a <em>Muerte sin fi n </em>del mexicano Jos&eacute; Gorostiza y a <em>Piedra de sol </em>del mismo Octavio Paz <strong><em>(7).</em></strong> Recurrencias, fragmentos, conceptos e im&aacute;genes confluyen en el poema de Anguita. La poes&iacute;a es revelaci&oacute;n, consagraci&oacute;n del instante, pero tambi&eacute;n un instante que se deshace en el tiempo. Dig&aacute;moslo con el mismo Anguita: &ldquo;Pregunt&eacute;monos qu&eacute; buscan ciertos lectores de nuestros d&iacute;as en las obras po&eacute;ticas. Varias cosas. Desde luego, <em>revelaci&oacute;n</em>&rdquo; (Anguita, <em>La belleza </em>160).</p>
<p>Pero, &iquest;por qu&eacute; Anguita necesita de un poema largo para dar cuenta de todo lo que hemos venido diciendo hasta aqu&iacute;? Dos respuestas, dos intentos. La primera es de Roberto Juarroz, quien dice: &ldquo;Podr&iacute;amos sospechar ahora, que tal vez la poes&iacute;a sea otra forma de la historia, algo as&iacute; como una historia profunda, o una historia del ser o de la realidad&rdquo; (136). Y aqu&iacute; habr&iacute;a que arriesgarse en hacer coincidir dos correspondencias: si la poes&iacute;a metaf&iacute;sica es la historia del ser; el poema largo es la <em>narrativa </em>de esa historia. La segunda respuesta es m&iacute;a, pero asimismo es una continuaci&oacute;n de la de Juarroz. <em>Venus en el pudridero </em>(como un caso particular) es una historia del tiempo (<strong><em> <img src='http://www.santiagoinedito.cl/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> </em></strong>, es el tiempo revelado o, m&aacute;s bien, <em>develado </em>a trav&eacute;s de la palabra y la experiencia particular del poeta. Anguita nos muestra que la visi&oacute;n del absoluto se da y se consagra en un instante. Extra&ntilde;a paradoja que nos presenta el tiempo: la totalidad se expresa en lo infinitesimal. Sin embargo, la totalidad ser&iacute;a indecible, su verbalizaci&oacute;n ser&iacute;a, de este modo, un balbuceo, un esbozo, un &ldquo;no se qu&eacute; que queda balbuciendo&rdquo;, una tentativa casi imposible, ese <em>salto de la raz&oacute;n </em>del cual hablaba Roberto Juarroz. Operaci&oacute;n caracter&iacute;stica de la poes&iacute;a moderna: aquello que se quiere comunicar, decir o <em>contar <strong>(9</strong>) </em>busca su propia forma, su propia estructura: &ldquo;Lo propio y esencial del n&uacute;cleo primero del poema es la potencial afinidad entre un contenido de experiencia y una aspiraci&oacute;n a la forma; es la misteriosa concordancia entre una idea, intuici&oacute;n o sentimiento y una posible estructura del lenguaje&rdquo; (Ib&aacute;&ntilde;ez Langlois 145).</p>
<p>En consecuencia, la experiencia de lo absoluto es totalizadora, pero su verbalizaci&oacute;n es fragmentaria. El poema largo es la &uacute;nica manera de volver a reunir las partes, de dar una sensaci&oacute;n de totalidad a trav&eacute;s de la palabra, de recomponer esa visi&oacute;n original. La elecci&oacute;n del formato es inevitable. Una colecci&oacute;n de poemas cortos no reflejar&iacute;a lo mismo porque cada parte que compone <em>Venus en el pudridero </em>no es una parte en s&iacute; misma, sino que est&aacute; referida al todo tanto tem&aacute;tica como estructuralmente (<strong><em>10</em></strong>): &ldquo;No podemos aislar las partes. En el poema largo las tampoco tienen completa existencia aut&oacute;noma pero cada una existe como parte&rdquo; (Paz, <em>Contar </em>75).</p>
<p>El poema est&aacute; dividido en catorce fragmentos sin orden ni jerarqu&iacute;a aparente. Pero en una primera lectura la estructura del poema es enga&ntilde;osa. Principio y final no son intercambiables. &iquest;Hay un desarrollo? S&iacute; y no. El poema comienza igualando el tiempo a la muerte y concluye en la perplejidad. Lo que creemos verdad en el mundo es una apariencia, lo que nos permite vivir en &eacute;l es una fe en las apariencias. Anguita desde el comienzo devela este rasgo encantador o m&aacute;gico de la realidad. Tres potentes p&aacute;rrafos escritos atrevidamente en segunda persona se presentan como un llamado a ver. A pesar de su car&aacute;cter enf&aacute;tico no buscan explicar, no buscan convencer. Un conjunto de im&aacute;genes son contempladas: los duraznos maduran, las fechas del reino caen y se olvidan, el ni&ntilde;o ve al abuelo que hay en &eacute;l asomado al brocal de un pozo, los amantes se besan y un segundo despu&eacute;s parecen estar muertos, se opone a la presencia del gusano, el trabajador insomne que no es sino la muerte. Revisar&eacute; primero tres temas en el poema y despu&eacute;s su articulaci&oacute;n a trav&eacute;s del poema.</p>
<p>&iquest;Escuch&aacute;is madurar los duraznos a la hora</p>
<p>del est&iacute;o?</p>
<p>a la venida del sol, mientras un pr&iacute;ncipe danza</p>
<p>en v&iacute;speras de su coronaci&oacute;n?</p>
<p>Yo pienso en el gusano.</p>
<p>&iquest;O&iacute;s podrirse los duraznos en el granero</p>
<p>al atardecer, mientras las fechas del reino</p>
<p>caen de los tronos</p>
<p>y el viento las amontona, las dispersa y olvida?</p>
<p>Yo pienso en el gusano.</p>
<p>Si veis montar el agua en la noria,</p>
<p>con un ni&ntilde;o fijamente asomado al brocal</p>
<p>frente a frente al abuelo,</p>
<p>Y se siente el beso de los amantes como una</p>
<p>hoja seca</p>
<p>que el pie del tiempo aplasta crepitando:</p>
<p>&iquest;los amantes est&aacute;n muertos? No pregunt&eacute;is son</p>
<p>torpeza.</p>
<p>Pensad en el gusano.</p>
<p>(1–19)</p>
<p>El yo exhorta al lector. La rareza ling&uuml;&iacute;stica de la utilizaci&oacute;n del imperativo <em>Pensad </em>le confiere a este &uacute;ltimo verso una fuerza inusual y acent&uacute;a el tono de autoridad, de enojo o de velada irritaci&oacute;n de la voz po&eacute;tica. De entrada sabemos por qu&eacute;. Gusano y amante son &ldquo;los dos punteros del reloj&rdquo; (<em>Poes&iacute;a </em>21). El futuro ya est&aacute; aqu&iacute;, el presente se eterniza. No hay distancias, no hay tiempo. Lo que iba a suceder ya ha sucedido. Los amantes est&aacute;n malditos, apenas se besan ya se han separado olvid&aacute;ndose el uno del otro.</p>
<p>&iquest;Podemos comprender que la amada</p>
<p>apenas pronunciada las palabras del amor,</p>
<p>cambie, desaparezca, se destituya?</p>
<p>(68–70)</p>
<p>Una fuerza negativa y fatal recorre los primeros cuarenta y tres versos del poema: la imposibilidad. Todo cambia, perece o es inasible. El amor no puede ser retenido. Existe, s&iacute;, pero m&aacute;s all&aacute; de los que aman. Los amantes est&aacute;n determinados por lo transitorio. El amor queda, los hechos quedan, pero no los amantes.</p>
<p>El amor, el aroma y los actos fortuitos,</p>
<p>m&aacute;s existentes que sus autores, gemas en reposo,</p>
<p>que no se quieren invisibles, y si se quieren</p>
<p>as&iacute;, al fin y al cabo,</p>
<p>como sentirse llamado a vivir un instante</p>
<p>y servir para mucho, mucho tiempo.</p>
<p>No lamentes la ausencia de la semilla</p>
<p>Ama grandemente el fruto dado.</p>
<p>La semilla debe morir.</p>
<p>(85–94)</p>
<p>La c&oacute;pula es tambi&eacute;n una imposibilidad. La uni&oacute;n no se produce, los cuerpos no se hacen uno o si lo hacen no es por mucho tiempo.</p>
<p>&iexcl;Oh cuerpo nunca completamente pose&iacute;do</p>
<p>&iexcl;Los cuerpos no osen tocar el misterio del cuerpo!</p>
<p>(183–4)</p>
<p>Otra vez la imagen del gusano se presenta como el gran punto final de todas las acciones humanas. Se lo desaf&iacute;a, se lo increpa, pero todo gesto es in&uacute;til. Un leve tono de tristeza e iron&iacute;a se desliza en los siguientes versos:</p>
<p>R&eacute;tame con sus muslos</p>
<p>tiemble tu herida previa.</p>
<p>Me insertar&eacute; tan hondamente</p>
<p>que quedaremos confundidos</p>
<p>m&aacute;s que un hecho con el tiempo que ocupa.</p>
<p>Gusano, &iquest;hemos mentido?, &iquest;hemos mentido?</p>
<p>Pues bien, intenta destruir nuestras palabras.</p>
<p>(217–23)</p>
<p>Pero, la conciencia del fracaso es anterior al desaf&iacute;o. M&aacute;s adelante Anguita, en el mismo poema, dir&aacute;: &ldquo;Todas las bocas son necias/ todas las palabras necesarias&rdquo; (333). El sexo es el gran veh&iacute;culo m&iacute;stico, la <em>peque&ntilde;a muerte</em>, un medio para el encuentro con la unidad perdida, el <em>puente hacia la Otredad</em>. Anguita lo sabe: en un momento el dos es uno. Conjunci&oacute;n imperfecta que nos revela que la c&oacute;pula tambi&eacute;n es sustituto de la verdadera unidad. Ir&oacute;nica se&ntilde;al de incompletitud que Anguita presenta en una imagen, donde hombre y mujer son intercambiables. Es el momento en que los contrarios se funden.</p>
<p>T&uacute; eres mujer, t&uacute; eres hombre.</p>
<p>Eres el muchacho y tambi&eacute;n la doncella.</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>T&uacute; eres aquello. Y yo soy t&uacute;.</p>
<p>Pero no al mismo tiempo. Por eso entro y salgo.</p>
<p>Eduardoa-licia Aliciae-duardo</p>
<p>Aliciaeduar-do Eduardoali-cia</p>
<p>(169–76)</p>
<p>El tercer tema es la belleza en s&iacute;. Aqu&iacute; hay una extra&ntilde;a combinaci&oacute;n que</p>
<p>nos recuerda, por un lado, la belleza ideal de Plat&oacute;n, la belleza como resplandor</p>
<p>de la Verdad (<strong><em>11</em></strong>) y, por otro, la belleza como una visi&oacute;n negativa, pero divina. Idea que proviene de Baudelaire: &ldquo;Casi no conozco Belleza en que no haya desdicha&rdquo; (Anguita, <em>Poes&iacute;a </em>167), sin embargo, Anguita agregar&aacute; un leve giro cristiano a la visi&oacute;n del poeta franc&eacute;s:</p>
<p>&hellip; si los hombres somos atra&iacute;dos con fuerza sin igual por lo que nos parece bello, es a causa del recuerdo y de la nostalgia de lo que conocimos otrora en el &aacute;mbito divino (<strong><em>12</em></strong>), donde es posible la intelecci&oacute;n y participaci&oacute;n de lo Bello en s&iacute;, lo Bueno en s&iacute; y lo Verdadero en s&iacute;; vale decir, de aquellas esencias propias de la Divinidad, que comprenden ya no una multiplicidad de cualidades singulares de cosas o seres bellos, sino la esencia pura, absoluta, desnuda e infinita, que no diversifica ni presenta desemejanza alguna: en suma, el Dios Uno. (Anguita, <em>La belleza </em>161).</p>
<p>El poeta se interroga, exclama, esboza, pero Venus se deshace en las manos del tiempo, es <em>Venus en el pudridero</em>. Im&aacute;genes y conceptos se entrecruzan en el poema. No hay experimentaci&oacute;n, al contrario, la novedad o la sorpresa parecen decididamente excluidas de la escritura de Anguita. Louis Simpson en su art&iacute;culo <em>Refl ections on Narrative Poetry </em>hablando del poema largo propone, &ldquo;&hellip;poets try to think of new images. But it does not matter whether the image be new or old&mdash;what matters is that it be true&rdquo; (106). Para Anguita, la Verdad (con may&uacute;scula, plat&oacute;nica) no es ya alcanzable. Su irradiaci&oacute;n, la belleza, ha perdido su fuerza original. En <em>Venus en el pudridero</em>, Anguita vuelve los viejos temas de la metaf&iacute;sica; es un poema y un camino de regreso en busca de un orden posible del mundo. Aunque sabemos que no hay temas modernos o antiguos, lo que hay es formas modernas o antiguas:</p>
<p>&ldquo;La Belleza ya no es el resplandor de la Verdad. O, de serlo, no est&aacute; en la poes&iacute;a de hoy (<strong><em>13</em></strong>)&rdquo; (Anguita, <em>La belleza </em>161). <em>Venus en el pudridero </em>pretende llenar esa ausencia intelectual, est&eacute;tica y espiritual. Sin embargo, esa ausencia tambi&eacute;n es una carencia del ser. Siguiendo a Baudelaire dir&aacute;: &ldquo;no hay mayor soledad que la del hombre/ frente a la Belleza&rdquo; (458).</p>
<p>Horrible es la visi&oacute;n. No soportamos</p>
<p>la Belleza desasida del apoyo</p>
<p>ni contemplar el amor solo, libre, espl&eacute;ndido:</p>
<p>un vino en el aire suspendido</p>
<p>sin necesidad de la copa continente.</p>
<p>(283–7)</p>
<p>Y m&aacute;s adelante,</p>
<p>&iexcl;Torpe! &iquest;Es el c&aacute;liz o el vino lo que ansiabas? (<strong><em>14</em></strong>)</p>
<p>(292)</p>
<p>Cada uno de estos temas est&aacute;n separados arbitrariamente y claramente indicados. Si bien el principio &mdash;por un asunto de intensidad y elocuencia visual&mdash; no es intercambiable, cada uno de los fragmentos internos s&iacute; parece serlo. Las pausas obligadas que el poeta le impone al lector no funcionan como silencios. Son divisiones tem&aacute;ticas y no quieren significar una cosa distinta. Si en el poema corto los silencios <em>dicen</em>; en el poema largo, articulan: &ldquo;La reticencia, el arte de decir aquello que se calla, es el secreto del poema breve; en el largo los silencios no operan como sugesti&oacute;n, no <em>dicen</em>, sino que son como divisiones y subdivisiones de un espacio musical. M&aacute;s que una escritura son una arquitectura&rdquo; (Paz <em>Contar </em>989).</p>
<p>Y no es dif&iacute;cil adivinar que <em>Venus en el pudridero </em>sigue una arquitectura verbal dise&ntilde;ada en torno a ideas, visiones e intuiciones. Su eje no es la imagen, sino el concepto. Por esa raz&oacute;n sus articulaciones <em>finales </em>no obedecen ni a lo visual ni a lo musical,(<strong><em>15</em></strong>) sino a lo intelectual. Su arquitectura es m&oacute;vil, obedece &mdash;como dec&iacute;amos antes&mdash; a un organismo vivo y, de alguna manera, incompleto. Esta movilidad org&aacute;nica del poema se debe a la ausencia de desarrollo tem&aacute;tico estricto y lineal y a su car&aacute;cter fragmentario. Si hay una progresi&oacute;n tem&aacute;tica no est&aacute; indicada, pues el poema vuelve una y otra vez a su eje central: el tiempo devorador del presente, corruptor de la belleza: &ldquo;Hoy &mdash;digo entre estos muros./ Hoy &mdash;dir&aacute;n mis descendientes siglos despu&eacute;s&rdquo; (260–1). Pero, el poema comienza lentamente a desplegar una serie de recurrencias que giran en torno a un tema paralelo: la nostalgia por la unidad perdida se vuelve una insistencia. Frente al tiempo y la inevitabilidad de la muerte, Anguita elegir&aacute; el camino del poeta m&iacute;stico: &ldquo;Volved, volved a la Palabra./ Lo dem&aacute;s, si hace falta,/ nos ser&aacute; dado por a&ntilde;adidura&rdquo; (240–3). La deliberada resonancia b&iacute;blica del &uacute;ltimo verso nos muestra a un Anguita cat&oacute;lico, converso, que a&uacute;n siendo un ex disc&iacute;pulo de Rimbaud ve la religi&oacute;n en un pelda&ntilde;o superior a la poes&iacute;a. Sin embargo, la v&iacute;a de acceso a esa unidad divina es a trav&eacute;s de la misma poes&iacute;a. La confianza en la <em>Palabra</em><em> </em>es absoluta, el poema intenta ser la <em>Liturgia</em><em> </em>de esa palabra. La extensi&oacute;n se impone por s&iacute; sola:</p>
<p>El canto cre&oacute; al p&aacute;jaro y no el p&aacute;jaro al canto.</p>
<p>Entre las yemas reci&eacute;n h&uacute;medas del secret&iacute;simo rododendro,</p>
<p>un ruise&ntilde;or est&aacute; volviendo a ser canto,</p>
<p>todo canto y solamente canto.</p>
<p>(331–4)</p>
<p>Igualmente, el poema de Anguita est&aacute; tratando de <em>ser canto y solamente canto</em>. El canto es saludo y exteriorizaci&oacute;n, pero su origen puede ser la carencia absoluta. Cantamos porque hay en nosotros una carencia o, al menos algo incompleto. El mismo Anguita lo dice as&iacute;: &ldquo;Y cuando, exasperados de arrebato y sedientos de la armon&iacute;a de la m&uacute;sica, no sabemos c&oacute;mo cogerla, &iexcl;cantamos!&rdquo; (88).</p>
<p>He dicho m&aacute;s arriba que el poema de Anguita finaliza en la perplejidad. Debiera decir ahora en la contemplaci&oacute;n, t&eacute;cnicamente finaliza en un anticl&iacute;max. Hacia el final del poema la palabra entra en conflicto con aquello que dice, el instante. El lenguaje se hace insuficiente. Primero la belleza ya no est&aacute; corporizada, es forma desprendida de toda representaci&oacute;n, matem&aacute;tica pura. Los dos &uacute;ltimos versos colocan en pugna al tiempo y a la belleza. La belleza no es sino proporci&oacute;n, &ldquo;&hellip;n&uacute;meros dulces e inasibles&rdquo; (360). El <em>t&uacute; </em>de este fragmento es ahora la muerte:</p>
<p>Hasta el m&aacute;s r&uacute;stico busca poseer la Belleza.</p>
<p>Si el ga&ntilde;&aacute;n toma a la mujer por la cintura</p>
<p>no deja la mano ah&iacute; en reposo</p>
<p>desciende a la cadera, y aqu&iacute;</p>
<p>aqu&iacute;, tampoco permanece:</p>
<p>regresa a la cintura,</p>
<p>y en sucesivo y veloz movimiento</p>
<p>aprecia y acaricia</p>
<p>y cintura y cadera</p>
<p>anhelando abarcar ambas</p>
<p>y aprehender, no una y otra</p>
<p>sino su mutua proporci&oacute;n dorada:</p>
<p>5 es a 8, que a las dos torna bellas.</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>Tu crees que es el cuerpo el que apeteces.</p>
<p>&iexcl;Gusano, son los n&uacute;meros!</p>
<p>(334–51)</p>
<p>Ahora bien, un poco m&aacute;s adelante, la visi&oacute;n del poeta pasa de la perplejidad al gozo, como en un arrebato m&iacute;stico el poema se levanta arrastrado por el ritmo de su propia m&uacute;sica. Versos cortos, frases enf&aacute;ticas y desafiantes le dan a esta larga estructura po&eacute;tica un cierre musical. El canto revela su estructura sinf&oacute;nica, contrapunt&iacute;stica. Lo que se dice tambi&eacute;n se canta y el canto, asimismo, dice. El poeta, como un fil&oacute;sofo presocr&aacute;tico, danza en su propia alegr&iacute;a:</p>
<p>Amemos con furor, odiemos con vehemencia:</p>
<p>5 es a 8, 5 es a 8&hellip; r&aacute;pido, r&aacute;pido,</p>
<p>hagamos m&uacute;sica y locura.</p>
<p>&iexcl;Te danzo secci&oacute;n &aacute;urea!</p>
<p>&iquest;Puedo yo poseerla? &iquest;Puedes t&uacute; destruirla?</p>
<p>(434–52)</p>
<p>Y m&aacute;s adelante, tomando una frase de Goethe, el poeta exclamar&aacute;:</p>
<p>Desperdicio, detente! Detente, bello instante!</p>
<p>(480)</p>
<p>Final estremecedor, el tiempo huye indiferente al llamamiento del poeta, se escurre. Todo el poema se resume en esta l&iacute;nea: tiempo, belleza, pudridero, instante y muerte. Dos versos finales detienen violentamente el ritmo y con una sacudida nos traen de regreso a la realidad. El instante no se detiene, la visi&oacute;n se apaga y el poeta frente a la gran interrogante del ser planteada en el poema responde con una presencia, con una imagen que intuyo se acerca al silencio o la resignaci&oacute;n.</p>
<p>La eternidad licua sus zafiros.</p>
<p>Color de vino, resplandece el mar.</p>
<p>(481–2)</p>
<p>Al principio de este ensayo me propuse responder una pregunta, &iquest;qu&eacute; <em>dicen </em>los poemas largos? En otras palabras, intentaba averiguar &iquest;cu&aacute;l es la relaci&oacute;n entre lo que dice <em>Venus en el pudridero </em>y su extensi&oacute;n? Sigo pensando que el poema de Anguita es una historia del ser vista o entrevista en un instante. No en cualquier instante, en un instante que es revelaci&oacute;n plena de la realidad y del ser en cuanto ser. Un instante que es inasible, inestable y absoluto. El poeta lo presenta de distintas maneras: el amor, la c&oacute;pula, el presente, la belleza, la muerte son los temas que giran en torno a un eje central: el tiempo destructor. La extensi&oacute;n no es m&aacute;s que el testimonio de que el intento de detener el instante en la palabra es imposible. Cada fragmento del poema es un balbuceo en el tiempo, un ir y venir del poeta, rondando, rodeando ese instante. Por ello, el poema termina en la perplejidad y la contemplaci&oacute;n.</p>
<p>He dicho tambi&eacute;n que el poema presenta un comienzo y un final definido, pero cada uno de los fragmentos interiores se ordena en torno al tema central, son de alguna manera intercambiables. No obedecen a una idea de progresi&oacute;n, no desarrollan nada, al contrario giran, como un remolino en torno a su epicentro metaf&iacute;sico (<strong><em>16</em></strong>). Se objetar&aacute; que los fragmentos del comienzo y el final tambi&eacute;n lo hacen. S&iacute;, pero no son intercambiables. En ellos reside la &uacute;nica epifan&iacute;a y descenso del poema. Su lugar, dentro de la arquitectura total del poema, es &uacute;nico.</p>
<p>Finalmente, la arquitectura propone una construcci&oacute;n infinita. No hay l&iacute;mites &mdash;salvo los que la tensi&oacute;n y el inter&eacute;s le imponen al lector&mdash; para la cantidad de fragmentos interiores. Cada fragmento es una aproximaci&oacute;n, una tentativa. Pero, a pesar de su car&aacute;cter fragmentario, el poema busca ser una visi&oacute;n total de la realidad. El poeta ve, sabe qu&eacute; es la belleza y sabe que nunca podr&aacute; conseguirla. La desnuda, la despoja de toda apariencia, la ve marchitarse y sufre la terrible soledad que es estar frente a ella. Pero, la actitud del poeta no es pesimista, al contrario, es de celebraci&oacute;n; gozosa. La palabra no detiene el tiempo, pero lo revela. Extra&ntilde;a epifan&iacute;a del instante, alegr&iacute;a del peque&ntilde;o triunfo. Ante la imposibilidad de todo, el poeta canta. Y al cantar, cuenta. Y su canto es extra&ntilde;o, desigual y fragmentario igual que su experiencia, igual que la visi&oacute;n que ha dado lugar a ese canto.</p>
<p>Notas</p>
<p>(1) El poema se comenz&oacute; a escribir en 1954, 1956, y se concluy&oacute; en Santiago de Chile,</p>
<p>en 1960. Nota de Andr&eacute;s Morales. <em>Anguitolog&iacute;a</em>. Editorial Universitaria, 1998.</p>
<p>(2) Aun la historia literaria se&ntilde;ala a Whitman como el iniciador del poema largo moderno en lengua inglesa, los <em>Imaginistas </em>&mdash;al reemplazar la sucesi&oacute;n por el simultane&iacute;smo&mdash;, lo modificaron de tal manera que no ser&iacute;a arriesgado afirmar que el poema largo toma su forma definitiva a partir de la influencia de <em>The Waste Land</em>.</p>
<p>(3) Si bien es cierto que la literatura escrita en ingl&eacute;s ten&iacute;a ya una clara tradici&oacute;n en la escritura del poema largo (basta se&ntilde;alar el siglo inmediatamente anterior: Wordsworth, Coleridge y Byron y, m&aacute;s tarde, Robert Browning, quien har&aacute; del poema largo un poema dram&aacute;tico), es s&oacute;lo a partir de Whitman con quien el poema largo se decide a ser fundacional. Canto o sinfon&iacute;a, sue&ntilde;o prof&eacute;tico, utop&iacute;a de la democracia; <em>Leaves of Grass </em>coincide con la visi&oacute;n total del mundo moderno. No pretende s&oacute;lo cantar la modernidad, sino tambi&eacute;n fundarla.</p>
<p>(4) Es cierto, casi todos los poemas modernos son poemas largos, pero la idea de Paz peca de ser demasiado general. A cada uno de estos nombres podemos oponer la obra de un poeta que nunca escribi&oacute; un poema largo. En el mismo orden, tres excepciones, Emily Dickinson, Paul Verlaine y C&eacute;sar Vallejo.</p>
<p>(5) Guillermo Sucre sit&uacute;a a este tipo de poetas dentro de una antigua l&iacute;nea est&eacute;tica que nos remontar&iacute;a hasta Leonardo: &ldquo;La pintura &mdash;y por extensi&oacute;n la creaci&oacute;n&mdash; es una cosa mental&rdquo;, afirma el cr&iacute;tico venezolano. Y da algunos ejemplos en los cuales encuentro &mdash;desde el punto de vista estrictamente compositivo&mdash; ciertas analog&iacute;as entre Anguita y poetas citados por Sucre. Un Apollinare que dice en Calligrammes,: &ldquo;C&eacute;st le temps de la raison ardente&rdquo;. O Pessoa: &ldquo;Soy l&uacute;cido. Nada de est&eacute;tica con el coraz&oacute;n: soy l&uacute;cido. &iexcl;Mierda!&rdquo;. Tambi&eacute;n un poeta como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez escribe: &ldquo;Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas&rdquo;, y Ezra Pound quien cre&iacute;a que &ldquo;&hellip;la buena escritura &lsquo;is perfect control&rsquo;&rdquo; (La m&aacute;scara 90).</p>
<p>(6) Imposible no reconocer el eco del poeta alem&aacute;n Novalis: &ldquo;La poes&iacute;a es la religi&oacute;n natural del hombre&rdquo;.</p>
<p>(7) Poetas con los cuales Anguita exhibe m&aacute;s de una similitud. Comp&aacute;rense las correspondencias entre el siguiente fragmento de Piedra de sol: &ldquo;este instante / que no acaba de abrirse y revelarme / d&oacute;nde estuve, qui&eacute;n fui, c&oacute;mo te llamas, / c&oacute;mo me llamo yo&rdquo;. y el final de Venus en el pudridero: &ldquo;Hubo una vez, hace mucho tiempo, en este instante, / en este mismo instante, / una mujer y un hombre, / un amor/ un instante&rdquo; (470–4).</p>
<p>(8) &ldquo;Anguita lleg&oacute; incluso a proponer un proyecto de investigaci&oacute;n interdisciplinario con el prop&oacute;sito de &ldquo;conocer&rdquo; a fondo el problema del tiempo… &iexcl;y solucionarlo! En efecto, en 1971 postula a la beca Guggenheim con un osado trabajo que se titula &ldquo;Tiempo: Menoscabo y plenitud&rdquo;. All&iacute; pretend&iacute;a sobrepasar los l&iacute;mites de la poes&iacute;a para acercarse a la matem&aacute;tica, la f&iacute;sica, filosof&iacute;a, religi&oacute;n y a las experiencias de la psiquiatr&iacute;a&rdquo; (Warnken 426).</p>
<p>(9) La acepci&oacute;n de la palabra narrativa o la palabra contar es puramente auxiliar. Con ello quiero indicar la intenci&oacute;n narrativa del poeta, esto es, una idea, una visi&oacute;n o una intuici&oacute;n que necesita de desarrollo verbal. En otras palabras, que no puede ser verbalizada a trav&eacute;s del formato del poema corto.</p>
<p>(10) Un ejemplo es la diferencia estructural y tem&aacute;tica entre los poemas El guardador de reba&ntilde;os de Alberto Caeiro y <em>The Waste Land </em>de T.S. Eliot. El primero es una colecci&oacute;n; el segundo, una reuni&oacute;n.</p>
<p>(11) &nbsp;Anguita comparte asombrosamente con Shelley &mdash;un poeta al cual nunca mencion&oacute;&mdash; la creencia com&uacute;n de que el poeta tiene un destino m&aacute;s all&aacute; de la poes&iacute;a: &ldquo;To be a poet is to apprehend the true and the beautiful, in a word the good that exists in the relation, subsisting, fi rst between existence and perception, and secondly between perception and expression[… ]</p>
<p>A poet is the image of life expressed in its eternal truth&rdquo; (A Defense of Poetry &sect;24). Aunque, ambos son poetas de origen plat&oacute;nico, Anguita da un paso m&aacute;s all&aacute;: toma la concepci&oacute;n de belleza como arquetipo y la opone al tiempo. Lo eterno en Shelley pasa ser perecedero en Anguita.</p>
<p>La aspiraci&oacute;n del poeta ingl&eacute;s, despu&eacute;s de la modernidad, es una carencia, una nostalgia o un deseo en la poes&iacute;a del poeta chileno.</p>
<p>(12 ) Si para el Romanticismo el poeta est&aacute; separado de la sociedad y se ha convertido en un outsider, para Anguita (tomando esta misma idea) el hombre es un ser escindido de lo divino. Su carencia no es hist&oacute;rica, sino ontol&oacute;gica.</p>
<p>(13) &nbsp;De Anguita se podr&iacute;a decir lo mismo que de Wallace Stevens: &ldquo;Stevens is a poet who believes in the supremacy of poetry. [&hellip;] for him poetry is a means toward truth &hellip;&rdquo; (Carruth 7). La intenci&oacute;n totalizante de Stevens coincide con la vision de Anguita: &ldquo;The great objetive is the truth not only of the poem but of poetry&rdquo; (Stevens 8).</p>
<p>(14) &nbsp;Nuevamente es interesante enfrentar estos versos con lo que Shelley dice en A Defense of Poetry acerca de la belleza: &ldquo;Few poets of the highest class have chosen to exhibit the beauty of their conceptions in its naked truth and splendor&rdquo; (81).</p>
<p>(15<strong><em>)</em></strong> Cuando afirmo que <em>Venus en el pudridero </em>no se organiza en torno a lo musical no quiero decir con esto que reniegue de su condici&oacute;n ni estructural de canto o que no exista una</p>
<p>preocupaci&oacute;n formal del sonido de las im&aacute;genes. Con esto quiero decir que el principio organizador &uacute;ltimo del poema es intelectual.</p>
<p>(16) La configuraci&oacute;n estructural de <em>Venus en el pudridero </em>se distingue de otras por sus dos partes fijas: comienzo y final, y un conjunto, un organismo m&oacute;vil (potencialmente infinito) entre ellas.</p>
<p>BIBLIOGRAF&Iacute;A</p>
<p>Anguita, Eduardo. <em>La belleza de pensar. 125 Cr&oacute;nicas</em>. Colecci&oacute;n Los contempor&aacute;neos. Santiago: Editorial Universitaria, 1988.</p>
<p>. <em>Poes&iacute;a entera</em>. Santiago: Editorial Universitaria, 1994.</p>
<p>Bell, Marvin. &ldquo;What Does Art &lsquo;Imitate,&rsquo; and How?&rdquo; <em>Written in the Water. Written in Stone. Twenty Years of Poets on Poetry. </em>Michigan: Ed. Martin Lammon. The University of Michigan Press, 1996, 37–45.</p>
<p>Carruth, Hayden. &ldquo;Dr. Williams&rsquo;s <em>Paterson&rdquo;</em>, &ldquo;Steves as Essayst&rdquo;. <em>Selected Essays&amp;amp;Reviews</em>.</p>
<p>The Writing Re: Writing Series. Washington: Copper Canyon Press, 1995.</p>
<p>Conte, Joseph. &ldquo;The Smooth and the Striated: Compositional Texture in the Modern Long Poem&rdquo;. <em>Modern Languages Studies </em>27:2.</p>
<p>Cort&aacute;zar, Julio<em>. </em><em>La vuelta al d&iacute;a en ochenta mundos</em>. M&eacute;xico: Siglo Veintiuno, 1967.</p>
<p>Ib&aacute;&ntilde;ez Langlois, Jos&eacute; Miguel. <em>La creaci&oacute;n po&eacute;tica</em>. Santiago: Editorial Universitaria, 1969.</p>
<p>Juarroz, Roberto. <em>Poes&iacute;a y creaci&oacute;n. Di&aacute;logos con Guillermo Boido</em>. Buenos Aires: Ediciones Carlos Lohl&eacute;, 1980.</p>
<p>Paz, Octavio. <em>La casa de la presencia. Poes&iacute;a e historia</em>. Vol. 1. C&iacute;rculo de lectores. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1995.</p>
<p>. &ldquo;Contar y cantar (Sobre el poema extenso)&rdquo;. <em>La otra voz</em>. Poes&iacute;a e historia.</p>
<p>Barcelona: Seix Barral, 1990.</p>
<p>. <em>Obras completas</em>. Vol. II. 2&ordf; ed. Barcelona: Galaxia Gutemberg/C&iacute;rculo de lectores, 2001, 972‑1031.</p>
<p>Shelley, P.B. <em>A Defense of Poetry and other Essays</em>. London: Kessinger Publishing, 2004.</p>
<p>Simpson, Louis. &ldquo;Refl ections on Narrative Poetry&rdquo;. <em>Written in the Water. Written in Stone.</em></p>
<p><em>Twenty Years of Poets on Poetry</em>. Michigan: Ed. Martin Lammon. The University of Michigan Press, 1996, 102–7.</p>
<p>Stevens, Wallace. <em>Los adagios</em>. Trad. Mois&eacute;s Ladr&oacute;n de Guevara. M&eacute;xico: Verdehalago, 1997.</p>
<p>Sucre, Guillermo. <em>La m&aacute;scara, la transparencia. Ensayos sobre poes&iacute;a hispanoamericana</em>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2001.</p>
<p>Warnken, Cristi&aacute;n. &ldquo;Eduardo Anguita en la Generaci&oacute;n del 38&rdquo;. <em>Centro de Estudios P&uacute;blicos </em>52 (1993).</p>
<p>Wright, Charles. &ldquo;Improvisations on Form and Measure&rdquo;. <em>Written in the Water. Written in Stone. Twenty Years of Poets on Poetry</em>. Ed. Martin Lammon. Michigan: The University of Michigan Press, 1996, 27–9.</p>
</td></tr></table>]]></content:encoded>
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