Autores

Difusión

Informa­ción de concursos, lanzamientos y presenta­ciones lo encuentras acá

Entrevistas

Un espacio de conversa­ción cultural, que permite conocer a los que están tras las letras

Reseñas

Home » Reseñas

LA FÁBULA DEL TIEMPO DE JOSÉ EMILIO PACHECO. Por Sergio Rodríguez Saavedra

Editada en nuestro país por LOM, a raíz del Premio Poesía Iberoamericana Pablo Neruda que el gobierno de Chile entregara a José Emilio Pacheco en el 2004[1], la selección de textos rea­lizada por Jorge Fernández Grana­dos, se constituye en una obra crucial de la poesía escrita en lengua española desde que España depositara su primera tinta en las playas aún tibias del nuevo continente.

Reconocimiento al hombre que nacido en el Distrito Federal, lleva la voz de México, la literatura de México, los libros mexicanos ¡vaya peso! a través de la tierra como quien carga la voz de todos nosotros, con una poesía y narrativa que nos dice aquí está­ba­mos, esta­re­mos, cuidado entonces con el hoy.

Poseedor de una variedad temática que va desde lo histórico a lo político, y de lo religioso a lo profano, la obra de Pacheco se hermana a sí misma sólo por el soporte de la aguda inteligencia. El la sumatoria de poemas lacóni­cos y poemas iróni­cos, poemas rima­dos y ritma­dos, versos de historia y de histeria, de luga­res propios y despedidas de lo para siempre ajeno, queda un algo más flotando a nivel de pensamiento. No se traga los discursos impe­rantes leyendo entre líneas la fugacidad de las prome­sas en cualquier habla, la gigantesca dificultad de resolver en unas cuantas palabras aquello que el gesto simple­mente derrumbó: “En lo alto del día eres el que regresa / a borrar de la arena la oquedad de su paso” (Éxodo).

De ahí que una lectura no arbitraria puede contener perfecta­mente el tiempo como un hilo causal de sus escritos. Así, el Manuscrito de Tlatelolco (No me preguntes cómo pasa el tiempo, 1976) y A las Puertas del Metro (Desde entonces, 1980), separa­das por siglos de evolución –palabrita desvirgada en este tenor– se unen a la misma lectura del poder que absorbe a las sociedades en cualquier lugar y momento de mundo.

Si tuviese que reemplazar la aguda metáfora del título, opondría sin duda alguna el péndulo, pues a pesar de la inquietud intelectual de sus poemas más ana­líti­cos y la contenida emoción de los siempre nostálgi­cos recuerdos, hay en Pacheco un movimiento pendular que va del yo al ello, de la reserva a la ironía, a la manera de una marea que sube y baja con las horas, pero también se expresa en la alegría del juego crea­dor en cada texto, midiendo la sorpresa de un lado a otro, para final­mente des­articularse con el sorprendente final. En este sentido, tácita­mente descompone el tiempo, altera el calenda­rio que nos hace suponer el avance, haciéndonos caminar de espaldas para que vea­mos si esta­mos igual que ante­ayer, cuando la boca discutía el mal que somos hoy, cierta indignidad que asumimos cuando se deja de mirar –oír en este caso– con recelo:

“Sobre tu rostro

crecerá otra cara

de cada surco en que la edad

madura

y luego se consume

y te enmascara

y hace que brote

tu caricatura.”

(Envejecer)

Burla, claro, como dice el acertado pró­logo, que le acerca al fabulista, pero cuyos giros, hacia nos o hacia él, tienen la gracia que en Chile asumen los giros chuscos de un Nicanor Parra.

El otro Pacheco, moviéndose hacia los libros, deja la misma jugada –nostalgia y humorada el paso del tiempo‐, ejercicio vano cuando se determina con la vanidad, ejercicio en la humildad más humilde cuando se escribe para dialogar con quienes uno dejó pasar a su lado, claro, otra vez enseñanza, moraleja:

“En la poesía no hay final feliz.

Los poetas aca­ban

viviendo su locura.

Y son descuartiza­dos como reses

(sucedió con Darío).

O bien los apedrean y terminan

arrojándose al mar o con cris­ta­les

de cianuro en la boca.

O muertos de alcoholismo, drogadicción, miseria.

O lo que es peor: poetas oficiales,

amargos pobla­dores de un sarcófago

llamado Obras completas.”

(Vidas de los poetas)

Parece hermano de los eternos metapoemas que Enrique Lihn necesitaba en cada publica­ción como una forma de asumir con el decoro de lo indecoroso este oficio que no sirve para nada, a menos que desee servir.

Pero también la tonalidad contenida, el masticar de cada verso –ya de fama su habitual costumbre de trabajar el texto, aún después de publicado– la pausa que dejan sus silencios, el sonido que tañe cuando encabalga, nos recuerda las Noticias del Extranjero de Pedro Lastra. Así es, hay una medida donde la poesía de José Emilio Pacheco se nutre de la nuestra, y otra donde nosotros, poetas de los diversos oficios, abreva­mos de él.

No está demás decir, que este manifiesto vaivén en lo coloquial, cobra absoluta singularidad cuando constata­mos su dominio narrativo (léase Las batallas en el desierto, ese relato giratorio, pieza clave también en nuestra contemporaneidad, que aún pode­mos encontrar en los ya célebres Libros del Ciudadano), narratividad que pone al servicio de los hechos, aunque cierta­mente, asidos por la costura sugerente del discurso lírico.

La Fábula del Tiempo, es además de un gran libro de poesía, el dia­rio de vida de un autor prolífico, cuyas evoluciones, o más bien, cuyos cambios de piel, se corresponden con la necesidad final de albergar la esperanza sobre todos los desengaños del mundo. Canto al fin de cuentas, desde y sobre la humanidad, aprendizaje último de que el tiempo puede moverse rápido, pero necesita nuestro movimiento.

Deje­mos que el péndulo oscile entre la vida y la muerte, entre silencio y palabra, mientras bajo el límite que sólo conoce el aire que vuela a ras de la arena, lee­mos un poema apuntado por José Emilio Pacheco en las orillas del alma.


[1] LOM Ediciones ha editado todos los autores gana­dores del Premio Iberoamericano Pablo Neruda, incluido el Premio 2009, Ernesto cardenal.

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • E-mail this story to a friend!
  • Meneame
  • Netvibes
  • Turn this article into a PDF!
  • Twitter
  • Yahoo! Bookmarks